Ginastera, Guastavino y otros compositores, con la mezzosoprano argentina Bernarda Fink en Madrid



Bernarda Fink, de voz melodiosa, buena entonación y afinación, cuidada expresividad y con una dicción admirable (aunque al principio de las canciones argentinas dudó un segundo, de forma casi imperceptible, sobre las pronunciaciones al uso en los compositores españoles y argentinos, diferentes. Sonó como terciopelo fino. Contenida y reservada, modesta.

Por Alicia Perris.

 

Este recital fue presentado por el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) en coproducción con el Teatro de La Zarzuela en el XXV Ciclo de Lied con la mezzosoprano argentina Bernarda Fink junto al pianista Anthony Spiri.

El repertorio escogido para esta velada bucea en los orígenes familiares de la artista argentina de ascendencia eslovena, con obras de Bohuslav Martinu, Lucijan Marija Škerjanc y Antonin Dvorák, poniendo de manifiesto el acervo europeo de su cultura junto a obras de piezas de los españoles Joaquín Rodrigo y Manuel de Falla y los argentinos Carlos Guastavino y Alberto Ginastera, expresión musical de lo popular en español en  ambas orillas del Atlántico.

Se trata en todo caso de un repertorio difícil por lo desconocido para el público habitual, ya que rastrea las raíces del folklore popular nacionalista de Europa central, siempre rediseñada por las guerras, los tratados y los intereses de los imperios tradicionales que sucumbieron finalmente al término de la I Guerra Mundial. Pese a que muchas poblaciones habían sido sojuzgadas manu militari, sus tradiciones y cultura, también las musicales, sobreviven, se recuerdan y se homenajean por intérpretes que saben combinar propuestas diferentes, sin que chirrían las elecciones para un concierto de música de cámara como este.

Bernarda Fink, de voz melodiosa, buena entonación y afinación, cuidada expresividad y con una dicción admirable (aunque al principio de las canciones argentinas dudó un segundo, de forma casi imperceptible, sobre las pronunciaciones al uso en los compositores españoles y argentinos, diferentes. Sonó como terciopelo fino. Contenida y reservada, modesta.

Fink estudió en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, donde actuó con frecuencia y ha actuado con las mejores formaciones y directores del panorama internacional. Premiada por su labor musical y artística una y otra vez, posee una sensibilidad amplia que le permite aunar a través de su propia historia personal, tradiciones aparentemente muy diferentes pero con una temática recurrente. El amor, la religiosidad, el ancho territorio emocional del campo y lo rural, ya que en estas canciones no abunda el típico espíritu urbanita que se encuentra en otro tipo de propuestas.

Entre el mito, las leyendas y la cotidianeidad de las zonas rurales, transitan todos los compositores aquí recordados, unos más que otros. Una primera parte dulce y sencilla en apariencia pero con un rico desarrollo musical y una exigencia vocal importante, la segunda, fue más redonda y más asequible, pero igual de bien interpretada y dicha: Bernarda Fink camina de una lengua a otra con total facilidad y no se “pierde nada en la traducción”, como rezaba la famosa película de Sofía Coppola (Lost in translation).

Las Tres de Manuel de Falla en francés, con textos del atormentado Théophile Gautier (1811-1872) sorprenden por su frescura y su elegancia, lejos aquí del malditismo que acercaba al autor a otro conocido amante del simbolismo galo, Charles Baudelaire.  

Las canciones de Joaquín Rodrigo son un clásico, que Fink elaboró con marcado sentimiento, lejos de las efusiones exaltadas con la que a veces se aborda el cancionero tradicional hispano o una pieza como la seguidilla  de Falla.

“Yo no soy de estos pagos,

Pero es lo mismo

He robado la magia de los caminos…”

De Pampamapa (aire de huella) con texto de Hamlet Lima Quintana (1923-2002), una frase que esta cronista suscribe por razones obvias que se pueden encontrar abajo.

Carlos Guastavino, recordado maestro de Coro en el Conservatorio Nacional Carlos López Buchardo, que marcó mi infancia y adolescencia, con su estilo y su elegancia sin par y las fotocopias que nos traía a clase, en medio del barullo, para que las cantáramos- o lo intentáramos al menos- reproducirlas con torpeza de principiantes juguetones y descocados. Entre todas ellas, una universal, Se equivocó la paloma (1941), durante muchos años atribuida a otras manos. Guastavino solo para nosotros, estudiantes, ¡qué lujo! ¡Qué tiempos aquellos de bonanza total!

La velada terminó con las Cinco canciones populares argentinas de Alberto Ginastera, Chacarera, Triste, Zamba, Arrorró y Gato, varias de ellas danzas tradicional del campo en sí mismas, con mucho sabor amoroso, también maternal, como el Arrorró que todas cantamos alguna vez a los hijos.

Bernarda Fink estuvo acompañada por  el piano de Anthony Spiri, uno de los solistas de cámara más conocidos del presente. Nacido en Estados Unidos, tiene una buena técnica, sabía decir y contar y acompañar a la mezzosoprano, aunque a veces se le traspapelen un momento las partituras. Tiene una cantidad importante de grabaciones de diversos compositores y, entre otra mucha información que sería interminable reseñar aquí, fue asistente de Nikolaus Harnoncourt entre 1988 y 1993. Desde 2001 es profesor de Piano en música camerística en la musikhchshcule de Colonia e imparte clases magistrales y conferencias en todo el mundo.

Con un elegante conjunto azul con pañoleta estampada a juego dejando libre unos hombros bonitos, Fink agradeció los aplausos y ofreció como despedida con su pianista dos encore: otra composición de Falla y una canción gitana de Antonin Dvorák.

 

 




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