LA DANZA EN CUARENTENA (Parte I)



 

Pros y contras del “efecto pandemia” para la Danza ¿Podemos encontrarle algo positivo a la situación de cuarentena y aislamiento obligatorio para la disciplina? ¿Han podido adaptarse, modificarse, reinventarse, los mecanismos de enseñanza, difusión, creación de obras, ensayos, implicados en un mundo en donde “el cuerpo” lo es todo? Creadorxs, coreógrafxs, maestrxs, bailarinxs, artistas de la danza de nuestro país: de todas las edades, diferentes estilos, con enfoques muy diversos, y con contextos laborales más o menos inciertos, cada cual con su versión. Desde artistas dependientes de organismos estables, como el Teatro Colón, hasta quienes subsisten (o subsistían) exclusivamente como artistas independientes; bailarinxs que nos representan en el extranjero, como Herman Cornejo, residente en New York, el sitio más golpeado por los efectos del COVID-19, Marianela Nuñez, que pudo tomarse el último vuelo desde Londres, para pasar la cuarentena en su país de origen; Ludmila Pagliero, con quien tuvimos la suerte de compartir su última Giselle antes del cierre  de la Opéra National de Paris, aunque prefirió esta vez no hablar de la situación. La opinión también desde el deporte, Vanina Lorefice, entrenadora de la Selección Nacional de nuestra disciplina hermana, la Gimnasia Rítmica, de cara a los postergados Juegos Olímpicos.  Todas las voces de lxs trabajadorxs de la Danza, en este hito histórico mundial.


Por Carolina Lázzaro y  Luz Lassalle realizada para nuestra revista digital: Música Clásica 3.0 #12
 

OSCAR ARAIZ

Coreógrafo. Referente de la danza contemporánea en la Argentina. Fue director del Ballet Estable del Teatro Colón, del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín y del Teatro Argentino de La Plata. Dirige la carrera de Danza contemporánea de ARTE XXI, y el Área de Danza de la Universidad de San Martín.

“Mis múltiples experiencias en cuarentena no dejan de sorprenderme y cambiar sus lecturas. Una situación de enfermedad y muerte a nivel planetario es más trascendente que las experiencias personales. Sin embargo, apartando ese desgarramiento, y a pesar de mi escepticismo en lo referente al comportamiento humano, espero que este “retiro forzoso“ represente una oportunidad de aprendizaje y cambio. Ya circunscripto a la actividad me pregunto (y quizás no valga la pena) sobre el destino de los proyectos interrumpidos. ¿Volverán a reactivarse cómo si aquí no hubiera pasado nada? Prefiero creer que serán diferentes, alterados y readaptados a circunstancias -espero- nuevas.  Con referencia al actual montaje de Boquitas Pintadas con el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, fue revelador usar como herramienta una plataforma digital y explorar tanto beneficios como limitaciones. 

El beneficio mayor estuvo en evitar la interrupción del proceso de montaje, que estaba muy avanzado. Luego, en sucesivas prácticas, hubo aprendizajes con la herramienta. Comenzando desde lo más simple -escenas ya montadas con un sólo intérprete-, fuimos complicando, aumentando su número y experimentando; y poniendo escenas nuevas. Algunas dificultades de sonido no fueron aún bien resueltas. Pero hasta ahora me referí a la experiencia técnica y quisiera hablar de un aspecto relacionado con lo que significa ver/ser visto en el mundo privado. Un cierto “voyerismo” se impone. Invadís el mundo íntimo y a la vez revelás el tuyo. Aparece tu marco familiar y doméstico. La atención de hijos, bebés, mascotas atravesando el cuadro, ladridos; comentamos el empapelado de paredes, cuadros y objetos, muebles que limitan los espacios, fuentes de luz, un universo que en condiciones “normales” desconocemos y ni siquiera es motivo de preocupación, viene a modificar (o a completar) los retratos de colaboradores y participantes. A veces representan riesgos de dispersión que exigen mayor concentración, pero simultáneamente y con satisfacción creo que todos descubrimos una confianza, una permisión de vernos como somos, un compartir esos rasgos o huellas de la intimidad sin sentirnos afectados, abriendo nuestros compartimientos habituales defensivos. Todo esto lo siento como enriquecimiento de lazos afectivos que tienen pocas oportunidades para profundizarse. Y en esta actividad los equipos crean acuerdos, a veces, de larguísima duración. Las compañías que me ha tocado formar o dirigir, tienen un promedio de diez años durante los que convivís cada día en una sala de ensayo, un vestuario, un camarín o escenario. No sé si es saludable creer que los grupos y compañías de teatro o danza se parecen a familias. Para mí, fue así. Pero esta vez aparece algo diferente. El “convivio” - elemento esencial del fenómeno escénico- se asoma enmascarado (no lo es tal a través de una computadora, una tablet o celular) pero mientras así, enmascarado de refuerzo afectivo sirva para avanzar en los procesos de trabajo también nutre nuestras relaciones. Son el backstage. Y en el momento en que ponemos el pie en un escenario, sin pantalla de por medio, se encarna”.

Canal de Youtube: https://bit.ly/3cRkSDR
Link para ver el ensayo #EnCasa de Boquitas Pintadas: https://bit.ly/3dYHGBC



ALEJANDRO CERVERA

Coreógrafo. Regisseur. Músico. Docente en el Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín.

“Vivo en un departamento antiguo, que por suerte tiene un balcón que da a la calle, por donde entra mucho sol. Es un piso bajo; puedo escuchar a veces algunas voces, pero sobre todo lo que escucho es mucho silencio. Tengo plantas e hice algunas germinaciones con semillas de limón que prendieron y están creciendo. Me gusta mirarlas en su proceso, cuidarlas, entrarlas en la noche para que no pasen el frío, sacarlas para que tomen sol. La que me acompaña es mi perra Catrina, me acompaña cuando toco el piano. Toco sobre todo Bach, que es el compositor que estudié siempre. Y algunas piezas fáciles de Chopin, que también es un compositor que me encanta y me conmueve; cada vez que he visitado su tumba en Père Lachaise, he visto alguna bandera polaca. Ahí uno ve la fuerza de sus raíces, la fuerza de su tierra, entonces uno explica esa melancolía, esa nostalgia que hay en la música de Chopin.   

Esa melancolía y esa nostalgia también la estoy viviendo ahora, por todos los espacios que tienen que ver con mi trabajo: los escenarios, las salas de ensayo, las personas, los talleres. En este momento yo tendría que estar en Mendoza, haciendo un Pinocho para el Ballet de la universidad de Mendoza.  Tengo la música seleccionada, pero me cuesta concentrarme en el trabajo, porque al no estar las personas, al no estar el espacio, todo se vuelve muy improbable, y pienso en estos momentos en qué probabilidades uno tiene de volver a esa especie de “normalidad” que es el trabajo de los artistas en la Argentina. Lo que me ocupa también ahora es pensar cómo colaborar en estas nuevas formas virtuales, y si yo voy a poder sobrevivir en estas formas virtuales. Tengo 68 años, vengo de ese teatro real de carne, de huesos, de músculos, de espacios, de transpiraciones, de emociones, de peleas, de alegrías, de ponernos de acuerdo, de decepcionarnos, de estar felices, de llorar, de volver a ver lo que ya vimos mil y una vez. Pienso en eso, en cómo va a ser el futuro, si yo voy a tener algún futuro en ésto, o si, definitivamente estamos como en un tránsito, y yo quizá luego esté más feliz viendo crecer los limones. No me quiero poner poético, ni mucho menos, pero a veces siento eso. No sé cómo van a ser, ni cuáles van a ser, los nuevos espacios para los artistas de la post-pandemia”.

Canal de Youtube: https://bit.ly/2Xl6Y6C



ELEONORA COMELLI

Coreógrafa. Dramaturga. Directora de escena. Licenciada en Composición Coreográfica UNA. Artista independiente. 

“La verdad, no veo mucho positivo, en este aislamiento que seguramente será todo el año. Sí en lo personal, y lo que hace a los vínculos familiares, al estar juntxs, todos los días en casa. Lo que considero positivo, por llamarlo de algún modo, es que es un parate para tomar distancia y poder observar y analizar esta tendencia de realidad virtual, y cómo generar en nosotrxs, los trabajadores/artistas escénicos, trabajo ante esta emergencia sanitaria. Esta tendencia de aislamiento y alienación ya estaba sucediendo antes, y creía que nuestro trabajo era de resistencia... Ahora sería una irresponsabilidad ejercerlo, así que es un sacudón que me tiene reflexiva más que productiva. Pensando formas paliativas para poder subsistir y no estar ociosa tantos meses. 

No creo que el arte escénico desaparezca, pero creo que estas formas virtuales vinieron para quedarse, y serán una opción más de oferta cultural. Yo seguramente seguiré por fuera del mundo streaming, y cuando empiecen a habilitar los trabajos y podamos ejercer nuestra profesión, atraer público a un lugar cerrado por su propia voluntad va a ser difícil, será como empezar de nuevo. El miedo y el ver al “otro" como una amenaza, es una huella que no va a ser fácil de borrar. Aparte de mi trabajo de creaciones escénicas, también doy clases de tango, ¡imaginate eso! Es el enemigo número uno para combatir esta pandemia; pasará un tiempo largo para volver. Igual no soy tan pesimista y no creo que desaparezca. Será una necesidad volver a abrazarnos. El sentido del tacto es muy poderoso y necesario para nosotros. Por ahí vuelva de manera clandestina… hasta que por decantación se vuelva a naturalizar”.

Canal de Youtube:  https://bit.ly/36g4NVP



HERMAN CORNEJO 

Primer bailarín del American Ballet Theatre, New York. Galardonado internacionalmente con el Premio Benois de la Danza. 

“Primero que nada, agradecerles por contactarme, es muy lindo saber que de mi país se interesan por los argentinos que estamos en el exterior, que de alguna forma hemos representado a la Argentina. Y bueno, ahora nos vemos todos en un mismo panorama, con altos y bajos, ¿no? Con energías para hacer cosas nuevas, pero por momentos con desgano, con desmotivación, por la incertidumbre que hay… Cuando empezó todo esto fue un shock, saber que todos los planes del año se tenían que cancelar - se empezaron a cancelar todos, uno a uno-, donde el coordinar cosas para el futuro empezó a ser un poco problemático porque nadie sabía adie s -ni nabe-, cuándo las cosas pueden llegar a cambiar, y a mejorar, sobre todo para la danza, para volver al escenario. Así que fue un momento de estrés, de no saber cómo afrontar la situación. Yo seguí en esas primeras semanas tomando clases; un compañero nuestro, ensayista de la compañía, Carlos López, tuvo la iniciativa de hacer clases por zoom -que es tan popular hoy en día-, y gracias a Carlos se mantuvo la compañía bastante unida en estas circunstancias. Tomábamos nuestra clase diaria para seguir físicamente en training y motivados. La temporada más importante para nosotros se canceló a las dos semanas de estar tomando nuestras clases por zoom. Era obvio, pero de alguna forma, el pensar que se iba a cancelar no era tan dramático como el momento cuando se canceló. Ahí sí, era ya entrenarse y mantenerse en forma simplemente porque es algo bueno y sin tener en mente que uno iba a volver al escenario. Para mí fue un momento difícil, en el que me desmoroné un poco y me tomó dos semanas más o menos volver a estar con buena onda y energizado… no digo haciendo proyectos, porque es muy difícil realmente pensar en proyectos, pero por lo menos estar motivado de levantarme todos los días y entrenar un poco, mantener el cuerpo.

Esta situación nos lleva a pensar en un futuro diferente para las artes, en estas circunstancias se está poniendo en campaña mostrar toda nuestra danza a través de las redes sociales. De aquí en adelante también habría que pensar cómo crear con esta nueva tecnología. Y cómo podría funcionar este nuevo enfoque, si podría dar resultado para que el público, para que nuestro arte, se amplíe, con este tipo de recepción, que sería a través de una pantalla. Yo por mi parte he creado un canal de YouTube  para empezar a investigar este tipo de ideas, mostrar un poco lo que es la vida de la danza detrás del espectáculo, y todo ese proceso que nos lleva a nosotros a poder montar algo en escena; es  un trabajo muy exquisito en información que nunca se da al público: cómo uno se entrena diariamente y cómo se crea una obra, día tras día. Todo ese tipo de detalles llegan a formar, después de un tiempo, una obra completa en sí.

Me imagino que para el año que viene la vacuna existirá para este virus, y podremos estar todos tranquilos, de vuelta en los teatros. Pero sí creo que esto es un punto y aparte en la vida de todos, en la vida cotidiana, en la vida de trabajo artística. Creo que esto va abrir puertas para interpretar el arte de otras formas también. Y bueno, ahí estoy yo para ser otro investigador de cómo podría la danza, y el arte en general, tomar otros rumbos. Mañana (15 de mayo) sería el último día de cuarentena aquí en New York, lo cual me parece demasiado precipitado. Mi familia y yo permaneceremos en casa un tiempo más, no solamente por nosotros sino por los demás, por no contagiar a nadie, ni tampoco recibir el contagio. New York, al haber sido el epicentro de este virus en Estados Unidos, creo que merece una atención mayor.  Pero bueno, veremos qué pasa... Nosotros estamos desde el 18 de marzo sin salir, hemos salido dos veces simplemente para ir a comprar comida, pero la mayoría de las veces hemos pedido por delivery. Lo bueno que puedo sacar es haber estado junto al chiquitín, a Nicolás, que nació el 29 de enero, y haber presenciado cada segundo de su crecimiento. De otra forma, yo estaría viajando por el mundo, trabajando, y me hubiera perdido estos meses tan valiosos, así que lo tomo como una bendición, de poder estar presenciando todo este momento tan lindo con mi familia”.

Canal de Youtube: https://bit.ly/2WKWzlk


 


 

MIGUEL ÁNGEL ELÍAS

Bailarín. Coreógrafo. Co-director del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. Docente en el Taller del Teatro San Martín y del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. 

“Creo que este aislamiento en el que nos vimos inmersos casi sorpresivamente, nos enfrentó tanto en lo personal, como en lo colectivo como sociedad, a una situación que, en mi caso, sólo podía imaginar en historias futuristas y al mismo tiempo poco probables que pudieran suceder en lo inmediato. Fue como quedarnos suspendidos o atrapados en una red elástica, esa fue mi sensación. Esto nos impactó en nuestros hábitos, en nuestra rutina diaria, en la forma de relacionarnos y claramente, este nuevo orden que fuimos armando, nos propuso una manera nueva de abordar nuestra actividad. Llevo más de 35 años trabajando continua e incesantemente en el ballet contemporáneo, y la verdad no recuerdo enfrentarme a un cambio tan abrumador en el hacer que nos propuso este confinamiento. De alguna manera, también creo que fue una invitación a soltar lo conocido y a empezar a imaginar y a continuar el trabajo con un ritmo muy lejano al habitual. Tuvimos que abrirnos a un panorama bastante incierto, y sospechando también que todo lo que habíamos proyectado para este año se estaba trastocando y transformando; el rumbo claramente había cambiado. Aunque también tengo que decir que fuimos adaptándonos casi con naturalidad a esta nueva realidad. Se produjo algo así como un tiempo suspendido en dónde continuamos con las clases, con los ensayos. Lo primero que seguimos ensayando fue el montaje de lo que iba a ser nuestro próximo estreno, Boquitas Pintadas, de Oscar Araiz, pero en condiciones y con una estructura muy alejada de los carriles que teníamos usualmente. Era muy atípico al comienzo este tipo de montajes. Obviamente la ausencia del contacto físico con el otro, eso esencial que caracteriza a la danza, que es lo tangible, los cuerpos, ¿no? En el reconocernos, en las respiraciones, en las miradas, en la temperatura y en la energía de estos bailarines en movimiento,  toda esa emoción y corporalidad que generamos en un ensayo, o  en la sala de clase, todo eso se tradujo en corporalidades digitales que se enlazaron a través de las plataformas virtuales, en ediciones de video,  y  bailarines, maestros,  ensayistas coreógrafos, teniendo que acomodarse a los sonidos de las voces o de la música que llegaban con velocidades diferentes a cada dispositivo. Sin embargo, yo creo que prevaleció el empeño, el deseo de seguir haciendo, dando lo mejor de cada bailarín, de cada maestro, de cada ensayista. Y este contexto de distanciamiento también nos predispuso a encuentros con una sensibilidad diferente, agudizar nuestros sentidos para percibir, escuchar, también desde otro lugar, y llegar al otro de nuestra mejor manera. Creo que  cambiamos el ir a un lugar de trabajo por una invitación a abrir nuestros lugares, nuestros hogares, y recibirnos mutuamente, y participar de nuestro quehacer con otra intimidad. En este sentido, volvimos a reconocernos y a reafirmar esa voluntad de seguir construyendo, de realizar, de explorar, siendo creativos, imaginando, sí, pero reorganizándonos principalmente. 

Me encantaría volver al teatro y al escenario, a los salones de clases, recuperando esos espacios y los rituales que yo particularmente añoro, pero no obstante también capitalizar este proceso de distanciamiento que estamos viviendo, como un crecimiento y un desarrollo que no lo teníamos previsto, y que seguramente nos va a enriquecer, o ese es mi deseo. Confío en que hay un nuevo lazo que empieza a instaurarse en esta historia, nuestra historia, tanto de la compañía como también en el taller del San Martín dando clases, o en la escuela del Colón. Cada uno empezó a tener una particularidad, que no la registraba anteriormente Y la verdad me gusta, me gusta porque hay un compromiso compartido que también nos fortalece. Y tengo la fantasía que cuando recuperemos esa normalidad que conocíamos, y nos reencontremos con lo vital de esos espacios de creación, de compartir, de estar en comunión artística, vamos a estar fortalecidos. Indefectiblemente estamos adoptando nuevas distinciones, nuevas miradas sobre nuestro trabajo, sobre nosotros durante este confinamiento inédito. Espero que aprendamos de esto y que volvamos al teatro pronto y felices.

En el Ballet Contemporáneo seguimos con nuestras clases diarias de martes a sábado, siempre en el formato virtual. Durante el período de ensayos con Oscar Araiz y Renata Schussheim surgió un material que se está editando, y va a subirse a la plataforma de Cultura de Ciudad.  También hicimos un video de concientización de los barbijos, con idea de Andrea Chinetti. Y estamos en un proyecto junto a Mulata Films, UNICEF y Canal Encuentro en donde el Ballet va a participar en un programa que va a tener como temática el grooming”.


 

MARGARITA FERNANDEZ 

Bailarina. Coreógrafa. Directora de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea. Docente en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.

“Algo pasó que modificó sustancialmente la vida de todas las personas que integramos este planeta, y ese algo, tan ínfimo, nos hizo detener, resguardarnos, y quedarnos dentro de nuestras casas. Los que somos artistas, sobre todos los bailarines, nos vemos en este momento vulnerados en nuestra actividad diaria; nuestros espacios están cerrados, nuestras aproximaciones físicas prohibidas. Tenemos que aprender, tenemos que llegar al otro a través de las redes, a través de nuestra presencia virtual. Eso es lo que venimos haciendo desde la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, prácticamente todas las semanas.  Si me preguntan qué es lo positivo, lo positivo es que todo el mundo está poniendo lo mejor de sí; nuestras herramientas son absolutamente artesanales.  En esta situación, las crisis se notan, y salen a la luz todas las necesidades: de tecnología, de redes, de implementar este tipo de trabajo desde nuestras casas, y se hace desde una artesanalidad total: los técnicos, no contando con las herramientas, trabajan hasta altas horas de la noche y se levantan muy temprano para poder editar, para poder rescatar material, para que éste llegue a las casas de la mejor forma. Esto hizo que la compañía se uniese mucho, y que muchos ofrecieran otros trabajos, para con los demás, para ayudarnos entre nosotros, entonces la solidaridad aparece como bandera y eso nos hace sentir, aún separados físicamente, que estamos unidos en un propósito, que es el llevar la danza y nuestra presencia a todas las casas. 

Estamos deseosos de volver a encontrarnos, de poder trabajar todos juntos en un espacio. Hoy nuestros maestros, los que tienen sus contratos, siguen dando las clases en forma virtual; y a los otros, los estamos extrañando, esperando que puedan ser contratados para poder brindar las clases como lo venían haciendo día a día. Nuestros ámbitos están tristes, están esperándonos; no hay música, hay un absoluto silencio. Pero es un silencio que tiene cuerpo, que se sostiene, que está esperando el mejor momento para recibirnos, y poder reiniciar nuestras funciones. Y allí estaremos, todas y todos, volviendo a armar el círculo, volviendo a abrazarnos, volviendo a levantar los brazos, y volviendo a bailar y danzar. Todo es cuestión de esperar, la danza también sabe hacerlo”.

Canal de Youtube: https://bit.ly/3bShE1A


 

FEDERICO FERNANDEZ

Primer bailarín del Ballet Estable del Teatro Colón. Creador y director de la compañía de danza independiente “Buenos Aires Ballet”.

“Esta pandemia nos obliga a reinventarnos a todos, y sin dudas la solidaridad no puede quedar en una palabra y debe convertirse en realidades concretas. En lo personal, soy uno de los privilegiados, ya que como bailarín del Colón dispongo de mi sueldo, pero me genera la responsabilidad de intentar mantener un estado físico y mental, para cuando llegue la hora de volver y comenzar con funciones. Sin duda, es muy difícil y los replanteos son muchos.  

Para los bailarines independientes, la cosa es más complicada; no sólo están coartadas las posibilidades de bailar en salas, también su entrada económica se vio afectada directamente. Sin posibilidad de dar clases y generar funciones, no tienen dinero para mantenerse, al igual que la gran cantidad de artistas callejeros. Desde Buenos Aires Ballet, la compañía que dirijo, estamos evaluando la posibilidad de generar funciones (cuando se abra la cuarentena) y que el dinero esté destinado a grupos independientes de danza, y a las salas de teatro que esta cerradas desde marzo. La cultura y las artes deben ser cuidadas desde el Estado. Y hoy podemos apreciar lo que se puede generar desde el ámbito cultural, y la necesidad de cada persona para entretenerse, conocer, aprender y emocionarse. Son cosas que sólo se transmiten desde la cultura y el arte”.


 

NADIA MUZYCA

Primera bailarina del Ballet Estable del Teatro Colón. Dirige y dicta clases en su Escuela de Ballet, en Quilmes.

“En esta cuarentena me tuve que adaptar y reinventar, como todos. Tengo mi estudio de danzas en Quilmes, con la carrera de danzas (estábamos inclusive preparando un espectáculo porque el estudio cumple 5 años…) bueno, todo quedó en stand by de un día para el otro. Y yo “¿Ahora qué hacemos”; así que al ver que esto va para largo empecé a dar clases por plataforma, que es lo mejor que puedo hacer en este momento, para que las chicas sigan entrenando y poder verlas, porque son chicas; inclusive los adultos necesitan una disciplina ¿no? saber que el maestro te está mirando, aunque sea a través de un dispositivo. Al principio era muy raro, pero ahora ya me acostumbré, y la verdad que me manejo sin problemas. Doy clases todos los días, una a las cuatro y otra a las seis y media. Algo positivo es que al ser por internet puede hacer la clase gente de otras provincias, o de donde sea. Tengo varias alumnas del interior, y eso es re lindo porque nada de eso hubiese pasado, no las hubiese conocido, si esto no hubiese sucedido. ¡Ya las quiero! Las siento como alumnas sin haberlas conocido personalmente; es muy loco ¿no?

Los domingos doy clases gratis por mi Instagram personal, porque ese día no hay clases en plataformas ni de otros estudios, es una clase abierta para los que tengan ganas de entrenar y de conocerme, de conocer el trabajo de una bailarina del Colón: así que todos los domingos a las cinco de la tarde doy clase abierta, y lo sigue mucha gente, súper agradecidos. Y lo que hice también para sumar: armo sorteos, por ejemplo voy a regalar una clase para 25 personas por su zoom, estuve regalando clases individuales, ellos suben fotos, y yo voy eligiendo, y las chicas re contentas; es una oportunidad también para conocerlas y que ellas me conozcan. Es algo lindo que se armó dentro de estos momentos tan inciertos que estamos viviendo. Hay que seguir adelante poniéndole mucha onda y mucha energía. La verdad es que desgasta hacer y dar clases por zoom, porque uno tiene que poner mucha energía para que les llegue a los otros, desde la casa. Trato de incentivarlos, que terminen contentos y con ganas de seguir, porque en estos momentos, lo necesitamos. Es un cansancio, pero un cansancio lindo. A mí también me ayuda a entrenar: doy una clase toda con la pierna derecha, en puntas, y la otra clase la marco toda con la pierna izquierda, para no quedar renga. Y cuando termina la clase, hago unos giros, o alguna variación, algún grand vals, que no puedo poner en la clase porque los chicos no pueden hacer esos pasos en la casa (yo tengo la suerte que tengo mi estudio acá), para tratar de mantenerme”.

 

VER PARTE II:
 
https://musicaclasicaba.com.ar/blog/ver/1247/LA_DANZA_EN_CUARENTENA_Parte_II




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