Alexandra Sostmann y Hyo-Joo Lee, jóvenes talentos pianísticos



 

Vivimos en una época en la que abundan los muy buenos pianistas. Recientes conciertos me permitieron conocer a dos de notable nivel. Alexandra Sostmann, artista alemana, dio su recital en un día de la semana raro para el Salón Dorado del Colón: un Martes a las 17 horas, el 23 de Abril. Hyo-Joo Lee, coreana del Sur a su vez intervino en el 5º Festival Konex de Música Clásica, “Chopin y el Romanticismo”, en la Sala Grande de la Ciudad Cultural Konex, el Viernes 26 de Abril a las 20 horas.

 

Por Pablo Bardin.

 

 

 

ALEXANDRA SOSTMANN

    Como su recital no estaba previsto en el plan anual del Dorado, pienso que darle el martes fue una solución de emergencia; pero un día hábil en horario vespertino implica que la gente que trabaja difícilmente pueda ir. Sin embargo, no había alternativa; ello explicó que hubiera poca gente y lo lamenté, porque Sostmann es una ejecutante de calidad y valía. Su programa fue breve pero arduo  e interesante. Vale la pena mencionar que dieron puerta bastante tarde, y mientras entrábamos a la sala nos cruzábamos con el grupo de una visita guiada (hay varias por día y sus integrantes no ven más que lo que puede apreciar cualquiera que compra una entrada para un espectáculo y usa el intervalo para conocer los corredores y el Dorado; dinero fácil para el Colón, los que las toman quizá no sepan que 15 o 20 años atrás se visitaban muchos más lugares, que ahora no conviene que se vean…). Además un afinador estuvo 15 minutos haciendo su trabajo antes de que la pianista pudiera empezar su recital. Quizá todo esto explique porqué  se la viera bastante tensa, aunque no afectó la técnica.

    Sostmann tiene una amplia formación realizada en Hamburgo, el Royal College of Music de Londres, el Mozarteum de Salzburgo y la École Normale de Musique Alfred Cortot en París. Aparte de sus recitales, conciertos con orquesta o de cámara, durante más de diez años en el Dúo Villarceaux  tocó el repertorio de dos pianos y de piano a cuatro manos. Además grabó buena cantidad de discos.

    Su programa apenas duró 50 minutos y fue sui generis. Lo inició con “For Alina”, apenas 90 segundos contemplativos y lentos del  minimalista Arvo Pärt. Luego, el Preludio y fuga en re menor, BWV 851, de Johann Sebastian Bach; es el Nº6 del Primer Libro de “El clave bien temperado”, tocado bastante rápido pero con mucha claridad. Y decidió complementarlo con el Preludio y fuga en la misma tonalidad, Nº24 del op.87 de Shostakovich, admirable, lento y explayado, música de gran inspiración y conocimiento que fue muy bien entendida por Sostmann. El compositor fue como miembro de la delegación soviética al Festival Bach de Leipzig en 1950; allí analizó a fondo los dos libros de “El clave bien  temperado” y tal fue su admiración y entusiasmo que decidió escribir él también 24 preludios y fugas, pero con una diferencia: no sigue el orden cromático de Bach sino que las tonalidades elegidas lo fueron según el círculo de quintas (los primeros dos de Do mayor a la menor, los últimos dos de Fa mayor a re menor); y por eso escuchamos el Nº6 de Bach y el Nº24 de Shostakovich en la misma tonalidad (re menor). Fue una idea inteligente e ilustrativa.

    Siguió con partitura las tres primeras obras pero de allí en más tocó de memoria. Tiene evidente afinidad con el repertorio ruso, no tan común en una alemana. Es enorme el repertorio pianístico de Scriabin, muy grabado pero aquí mal conocido. Si bien escribió diez sonatas, varias de ellas de estilo muy avanzado, produjo sobre todo piezas cortas  pianísticas (dejo aparte sus sinfonías y poemas sinfónicos, muy importantes). El género preludio lo fascinó y escribió nada menos que 86: 79 en 14 series y 7 como parte de obras con otros títulos. Su primera serie de preludios es la más larga: op.11, 24 piezas; Sostmann tocó la mitad y me quedé con ganas de escuchar la otra mitad, tanto por la calidad de la música como por las interpretaciones maduras y expresivas, con gran seguridad técnica. Es obra de juventud; nació  Scriabin en 1872, el op.11 es probablemente de 1895, cuando tenía 23 años, y ya hay mucho del espíritu romántico pero también trasgresor y buscador de nuevos estilos hasta llegar a extremos de frenesí y su contraparte, languidez mórbida, en sus últimos años. Desde el op.11 y hasta el op.75 se va llegando a ese último estilo. Pero ya en el op.11 pasamos de preludios lentos y melódicos a otros rápidos y tormentosos, siempre escritos con gran maestría y dominio de las posibilidades del teclado. En mi catálogo del año 2000 de CDs figuran seis versiones completas; una, la de Deyanova, tiene un acople muy bien buscado: los Preludios juveniles de Shostakovich. Hay grabaciones de algunos de ellos no sólo por grandes como Horowitz, Richter, Rachmaninov y Sofronitsky, pero también, en 1910, por el compositor, que era un pianista virtuoso.

    Conocí la Sonata Nº7, op.83, de Prokofiev, muy temprano, en un fantástico disco de Horowitz cuyo acople es la muy bella Sonata Nº3 de Kabalevsky, y años después agregué la de Pollini. Me pareció y lo sigo creyendo la mejor de las nueve que creó su autor, también él gran pianista. Es una Sonata “de guerra”, como  la Sexta; los movimientos extremos son abruptos y poderosos, pero hay uno lento y de gran dulzura. Error de programa: no consignaba los movimientos, y un público no muy informado aplaudió a destiempo. Uno diría que esta sonata requiere el vigor masculino, pero de más en más hay mujeres de tremenda intensidad y amplio sonido, desde la veterana Argerich a la joven Yuja Wang. Acometerla requiere concentración, espíritu fuerte y dominio; Sostmann tuvo esas cualidades y la tocó con exactitud y garra. Me extrañó la injusta parquedad del aplauso después del último compás; sin embargo, cuando nadie lo requería ella volvió y tocó una pieza extra que anunció pero no capté: también breve, lenta y similar a la de Pärt: “In memory of …” de un compositor inglés. Me gustaría que vuelva en mejores circunstancias y otro ámbito, con un programa más largo o tocando algún concierto no trillado (hay tantos…) con orquesta.  Mujer bella y de firme carácter, me alegró escucharla.

 


 

 

HYO-JOO LEE

     Sarmiento 3131 había sido una fábrica; Luis Ovsejevich, de la Fundación Konex, la convirtió en la Ciudad Cultural Konex, un lugar esencialmente dedicado a la música popular, especialmente rockera, y de su programación se encarga su hijo. Tiene una sala grande de correcta acústica aunque desangelada de aspecto, y una de cámara. Una vez por año realiza en Abril un Festival dedicado a la música clásica y que dura una semana. El de esta  temporada tomó como centro a Chopin como adalid del romanticismo pero también hubo otros compositores.

    Por razones de agenda y de interés en apreciar su talento, elegí el recital de Hyo-Jung Lee. Hubo otros dos de piano por figuras argentinas de larga trayectoria: Bruno Gelber y Horacio Lavandera. No fui al de Gelber porque estuve en el de Sostmann (el 23) y lamenté no ir al de Kowalski con el Cuarteto Petrus el día siguiente porque fui a la Ballena para un concierto de la Orquesta Filiberto; ni el 25 al excelente Trio Ginastera porque Diemecke daba la Tercera de Mahler en el Colón. Al día siguiente deseché un  concierto de la Sinfónica Nacional dirigido por Ávila Arzuza con música latinoamericana que me pareció mal elegida, y decidí conocer a Hyo-Joo Lee. El 27 preferí ver “Il trovatore” en el Auditorio de Belgrano (era el día de Lavandera) y el 28 fui a escuchar cantatas de Bach en San Benito pero igual no hubiera ido porque me pareció una mala idea la de terminar el Festival con una Gala de Ballet. Como se ve la actividad es múltiple en la CABA y hay que elegir , sobre todo si siendo crítico se trata de ser equitativo.

    Hyo-Jung Lee ganó  el Gran Premio de la Competencia Internacional Chopin en Japón y el Premio del Concurso Chopin para Jóvenes en Moscú. Estudió en París tanto con Jacques Rouvier e Itamar Golan en el Conservatoire National  Supérieur de Musique como con la admirable Françoise Thinat (que nos visitó hace unos años) en la École de Musique, y con un docente coreano, Mi Kyung Kim, en la Hochschule für Musik de Hannover. Además de recitales y conciertos con orquesta integró el Trío Jade. Supongo que la Orquesta “de Romand” es la Suisse Romande; en ese caso, es la de mayor jerarquía entre las que menciona la biografía. Su actuación estuvo auspiciada por la Embajada de Corea del Sur y el Centro Cultural Coreano.

    Joven y de grata presencia, presentó un programa difícil aunque sin sorpresas de programación. “El valle de Obermann” es la pieza más extensa (unos 15 minutos) del Primer Año: Suiza de los Años de Peregrinaje de Liszt. Durante unos dos tercios de ese transcurso la música es lenta, meditativa y triste, sin virtuosismos, pero  los últimos cinco minutos son intensos, majestuosos y arduos. El piano que le dieron a la pianista era de mediana calidad y un verdadero fortissimo con todos sus armónicos no se pudo escuchar ni aquí ni en el resto del programa, pero no cupo duda de la sólida formación de la artista y del conocimiento de la estética lisztiana. Basado en una novela de Ëtienne Pivert de Senancour, “Obermann”, la música describe a una persona deprimida y solitaria que vaga por un valle imponente y siente la fuerza de la Naturaleza.

    La Fantasía “Wanderer” (“El viajero”) es la obra más virtuosística de Schubert; extensa y variada, su tema principal es rítmico y rotundo pero luego se añaden melodías que sólo pueden ser de este creador por su belleza y sensibilidad romántica. Sobre el final un fugato poderoso lleva a una coda brillante. La pianista la acometió concentradamente, con buen rendimiento y grato resultado, aunque extrañé ese fraseo tan vienés de Badura-Skoda, por citar una gran versión escuchada varias décadas atrás.

    Los 24 Preludios op.28 de Chopin significan un desafío porque exploran los más diversos sentimientos y van de piezas lentas y dramáticas con recursos armónicos avanzados a vertiginosos recorridos en semicorcheas por todo el teclado a complejos problemas de combinación en ritmos irregulares o a un elegante y breve paso de danza (que está en “Las Sílfides”), para finalizar con ese famoso Preludio Nº24 donde sobre un bajo trágico la mano derecha cuenta un drama desesperado.  La artista supo plegarse a cada requisito con solvencia, cuidando la dinámica y los tempi. Una buena versión de una obra muy innovadora, entre las mejores de Chopin.

    Aunque hubo un fuerte aplauso, no tocó piezas fuera de programa.    

 

 

 




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