Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín



 

El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín -con dirección de Andrea Chinetti y Miguel Ángel Elías-, inauguró su temporada con dos propuestas coreográficas tan heterogéneas y contrastantes como sus compositores: Alejandra Servera y Leonardo Cuello; dejando en claro el buen manejo de la versatilidad  que pueden alcanzar los intérpretes, si de lenguaje de movimiento hablamos. Una puesta en escena impecable, acompañada de un diseño de luces que proveyó los matices adecuados para cada momento, logrando encontrar el clima apropiado en cada ambientación, y con un trasfondo común: el acercamiento de las fronteras del arte contemporáneo con la cultura popular.

 

1 de Junio de 2019 - TEATRO SAN MARTÍN - Sala Martín Coronado

Por Luz Lassalle - Carolina Lázzaro

PH: Carlos Furman



"EL Carbonero” (Leonardo Cuello), merecido homenaje al pintor argentino Benito Quinquela Martín,  es una obra con una narrativa concreta, que no deja duda alguna en su relato sobre las diferentes escenas que van aconteciendo. La historia de vida del artista se describe con una poética que atrapa a cualquier espectador; amigable, prolija, estética; solo le falta la voz para ser un musical. Un tango nos va susurrando al oído los sueños de un Quinquela Martín que deberá sobreponerse a su legado familiar de carbonero para emprender su deseo; sus aventuras y desventuras  en un Buenos Aires portuario de 1900, donde ser hombre es, sin duda, aquel que suda su trabajo, donde no hay lugar para la sensibilidad de un artista. Una ambientación dotada de realismo escénico, en perfecta coordinación con el diseño de luces (Nora Churquina y Magalí Perel); el recurso de la imagen de diferentes obra del pintor continuamente en escena, sumado al diseño musical de Martín Jurado -sonidos ambientales típicos de una zona portuaria, más esos tanguitos, milongas y candombes, característicos de un Buenos Aires embriagado de esta nueva cultura que se va gestando, autóctona e  inmigrante-, hacen de esta obra un deleite para quien se deje llevar por la danza metafórica descriptiva. Con una excelente manejo técnico, en especial los roles protagónicos -Rodrigo Etelechea, Daniela López y Boris Pereyra-, que destaca la amplia formación en el lenguaje del tango del coreógrafo.
 

 

Por otro lado "Mírame, estoy dejando de ser yo" (Andrea Servera) es una obra que se de-construye y se vuelve construir con otra piel, con una identidad distinta, dejando de lado la tonalidad solemne; con una monotonía singular jugando casi con la apatía, tocando los bordes de una inapetencia artística de parte de los concurrentes, quienes se encuentran en un primer momento a una distancia descomunal de la obra: se establece un abismo entre el intérprete y el observador. Los diferentes movimientos de estos seres en escena van formando lenguajes propios de cada uno de los bailarines, con un entrenamiento corporal indiscutible. Cuerpos que se doblan y desdoblan, saltan, caen, golpean, generan motores de movimientos específicos llevando al espectador a establecer ciertas asociaciones con ambiguas imágenes brindadas por las secuencias de movimiento. Un vestuario (Vicki Otero) que hace ruido a la mirada, pensado para embrutecer, para estorbar, para cortar las “líneas” tan buscadas en el estereotipo del vestuario  del bailarín. Sin embargo, es este mismo vestuario el que toma una significación propia, acompañado por supuesto de la transformación, paulatina pero visible, de la composición coreográfica; los intérpretes vuelven a sus cuerpos, la brecha con el público se acorta, la solemnidad se desploma, el disfrute por el movimiento es inminente y contagioso a la vez. Un mini recital en vivo sorprende (Ivi Colonna Olsen y Javi Fantin) detrás de un cortinado insulso, con una letra que esclarece el contenido de la obra y el título en sí mismo. La brecha se rompe, los bailarines se fusionan con el público: el ambiente solemne del principio quedó teñido de un momento festivo, de la celebración de la vida, ellas son ellos, ellos son ellas, y un hálito de frescura genuina, inclusiva y disfrutable nos envuelve a todes.
 

 



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