El Mozarteum inicia la temporada de abono y conciertos del mediodía



Este artículo tiene tres partes: el primer concierto del abono del Mozarteum Argentino en el Colón, el primero de los Conciertos de Mediodía y la programación 2019 de estos últimos. 

 

Por Pablo Bardin.

 

PRIMER CONCIERTO DE ABONO

            Se presentó la Venice Baroque Orchestra y me quedé pensando porqué no se llama Orchestra Barocca di Venezia; a qué viene el inglés en un conjunto donde todos son italianos salvo uno, y en buena parte venecianos. (I Musici no se llamaba The Musicians). Y si no, ya que vienen aquí, Orquesta Barroca de Venecia. Tal como nos llegaron fue un conjunto de cuerdas: cuatro primeros violines (concertino Gianpiero Zanocco), tres segundos, dos violas, dos violoncelos, un contrabajo, un laúd (raro, generalmente se agrega archilaúd, también llamado tiorba, ya que tiene más volumen) y clave.

            Fundada en 1997 por el investigador y clavecinista Andrea Marcon, la Venice Baroque Orchestra (lo dejo así ya que supongo motivos comerciales; en inglés vende mejor…) tiene un currículum formidable de reestrenos: p.ej., las óperas “L´Orione” de Cavalli, “Atenaide” y “Andromeda Liberata” de Vivaldi, “La morte d´Adone” de Benedetto Marcello y “La Clementina” de Boccherini (ya en el clasicismo). En La Fenice de Venecia “Siroe” de Händel y dos “L´Olimpiade” de Galuppi y de Cimarosa. En tiempos recientes acompañaron a nuestro contratenor Franco Fagioli en conciertos desde Londres al Japón o a la mezzosoprano Magdalena Kozena en los Festivales Enesco o al mandolinista Avi Avital en el Festival de Schleswig-Holstein. Y por supuesto han realizado grabaciones importantes, como arias de Porpora con Philippe Jaroussky, o “L´Olimpiade” de Metastasio  (fragmentos de las diversas versiones de este libreto famoso) o el estreno mundial de la mencionada “Andromeda Liberata” vivaldiana. Y conciertos para violín  y “Las cuatro estaciones” de Vivaldi con el solista que los acompañó en esta visita porteña: Giuliano Carmignola.

            Este artista fue discípulo de nada menos que Nathan Milstein, Franco Gulli y Henryk Szeryng; se especializó en el siglo XVIII  y fue solista con grandes directores, no historicistas (Abbado, Inbal, Maag y Sinopoli) e historicistas (Pinnock, Marcon, Hogwood, Brüggen, Bolton, Antonini). Ya desde los Setenta trabajó con I Virtuosi di Roma, Sonatori della gioiosa Marca, Il  Giardino Armonico, Concerto Köln, Academy of Ancient Music, Accademia Bizantina. Últimamente también ha sido director invitado de la Academy of Ancient Music, la Orchestre de Chambre de Paris y la Orchester der KlangVerwaltung. Últimamente graba en exclusividad para Deutsche Grammophon, incluso las Sonatas y partitas de Bach.

            En la Primera Parte las tres obras iniciales fueron tocadas por el conjunto sin Carmignola. Vivaldi de entrada: la Sinfonía en Do para cuerdas y bajo continuo de “L´Olimpiade”, RV 725 (RV es catálogo Ryom  y Sinfonía equivale a Obertura); espléndida pieza de inconfundible autor, da ganas de escuchar la ópera entera y fue ejecutada con prestancia, ajuste y brillantez. En tres breves movimientos, fue solista el concertino en el andante y el “concertado” final; demostró su solvencia Gianpiero Zanocco. Luego, el Concierto a cuatro Nº 3 en Re para cuerdas y bajo continuo de Baldassare Galuppi (1706-85), muy fecundo autor más conocido por sus óperas, pero nada manco en la música instrumental. Gran creador del “dramma giocoso” goldoniano, también fue Maestro de Coro de San Marco y escribió unas 200 obras sacras; y como clavecinista produjo 130 sonatas. Había estudiado la tradición contrapuntística veneciana con Antonio Lotti; allí abrevó Galuppi para sus “Siete conciertos a cuatro voces”; en efecto, aquí son cuatro los solistas que dialogan con el “ripieno”(miembros no solistas del conjunto), o sea que se trata de un “concerto grosso”. Es música muy bella y tengo la impresión de que invirtieron el segundo y el tercer movimientos, ya que el final fue brillante, no un Andantino; si fue así, no me parece una buena práctica, pero ello no quita que la ejecución fuera de alto nivel. Benedetto Marcello criticó el exceso de ornamentación en las óperas y se distinguió por sus salmos y cantatas de puro estilo y magistral contrapunto. La Sinfonía en Sol mayor para cuerdas y continuo, C 779, fue la página de inicio en tres movimientos breves de la cantata profana “Clori e Tirsi” y nuevamente el conjunto demostró estilo y profesionalismo. (Para los datos me baso en las excelentes notas de programa de Claudia Guzmán).

            A partir de la cuarta obra fue solista Carmignola. Y todo fue Vivaldi. Dentro de su enorme producción instrumental priman los conciertos para violín en cantidad asombrosa, prueba evidente del talento de las huérfanas del Ospedale della Pietà, con las que trabajó  muy largos años. El escrito en Fa “Per la solennità di San Lorenzo”, RV 286, es raramente ejecutado; es la segunda versión la que se oyó. El primer movimiento no es el típico Allegro, sino que se inicia “Largo e spiccato” (“Lento y resaltado”) para luego pasar a un tempo rápido; difícil y original. Sigue un expresivo Largo y termina con un Allegro non molto  intenso. Carmignola, que tiene una muy larga carrera, con seguridad pasa ampliamente de los 60 años pero no se le notan: su concentración y habilidad técnica fue evidente tras unos pocos minutos de escucharlo, así como su conocimiento del repertorio barroco. También se notó la mutua empatía entre solista y orquesta, ya que han tocado mucho juntos. Pero…patea; sí, patea; ¿se da cuenta y no lo puede evitar por su tensión nerviosa? No lo sé, pero ciertamente molesta. Siguió el Concierto en mi menor para violín, cuerdas y continuo, RV 281, en los habituales Allegro-Largo-Allegro, pero teñido por la tonalidad menor y la originalidad armónica. También raramente escuchado (son tantos que pocos se tocan con frecuencia), vuelve a demostrar cuánto hay que descubrir y que la boutade de Stravinsky sobre Vivaldi (“escribió 600 veces el mismo concierto”) es falsa.  Misma calidad de ejecución y mismas patadas.

            Y en la Segunda Parte, “Las Cuatro Estaciones” vivaldianas, ciertamente la obra instrumental más grabada del Barroco italiano. No niego que sea una maravilla, ¿pero no podrían haber evitado repetirla, cuando la escuchamos varias veces cada año? Si bien el Mozarteum no la dio en el ciclo de abono en años recientes, no hay melómano que no la haya escuchado en vivo muchas veces en una década y que no tenga varias grabaciones. Por mi parte, la conocí de modo inolvidable, dos veces en una semana por rara casualidad con los mismos intérpretes, los mejores del mundo en ese momento: Félix Ayo con I Musici. Fue en febrero 1956, en New York y en Middlebury, Vermont; yo estaba en transición, justo antes de empezar estudios en EEUU; cuando volví a Buenos Aires a principios de 1958 compré la caja de “Il cimento dell´armonia e dell´invenzione”; “Las cuatro estaciones” inician la serie de doce conciertos; y los intérpretes fueron los mismos. Entonces y ahora, la creo la mejor grabación de esta obra, pese a haber escuchado otras valiosas a partir de los Solistas de Zagreb de Janigro. Y cuanto el Mozarteum trajo a I Musici en 1964, ellos incluyeron la obra, siempre con Ayo. Luego hubo muchas visitas más con distintos solistas cuando Ayo pasó a formar parte del notable Cuarteto Beethoven de piano y cuerdas, también huésped frecuente del Mozarteum. Y bien, pasaron las décadas y apareció el historicismo, que ciertamente es interesante y permite fraseos distintos y gran virtuosismo de otro tipo; Manfred Kraemer es nuestra gran figura y ha realizado notables conciertos vivaldianos. Pero se puede ser historicista sin extravagancia, como Kraemer; en cambio Carmignola fue francamente extraño en sus fraseos, sus retrasos de tempo, y en particular su versión propia y casi “recompuesta” de los movimientos lentos, hasta hacerlos a veces casi irreconocibles; y una velocidad en los presto admirable como acrobacia (también del conjunto, que obviamente lo siguió) pero excesiva. En suma, lleno de sorpresas y a veces de hallazgos pero muy discutible. Las patadas disminuyeron bastante (¿le habrán avisado en el intervalo?).

            Hubo tres piezas fuera de programa. Las primeras dos, 1º y 3º movimientos del Concierto en Do, RV 180, “Il Piacere”, muy atrayente, y donde el violinista pareció aquietarse y evitó exabruptos  (es verdad que no conozco los conciertos que tocó en la Primera parte pero no sentí en ellos el afán de ser diferente que me pareció flagrante en “Las Cuatro Estaciones”). Me gustó el genuino cantabile que el violinista le supo dar al bello Largo del Concierto para violín en La, D.96, de Giuseppe Tartini, ya de otra generación yendo al clasicismo y un compositor de primera agua mal conocido más allá de la  trillada Sonata “El trino del diablo”, tantas veces escuchada en versión romantizada. Fue un buen final.

 


 

CONCIERTOS DE MEDIODÍA

            Sí, los Conciertos de Mediodía cumplen 60 años, desde que Jeannette Arata de Erize los fundó con la premisa de dar buena música gratis durante una hora para aquellos que no podían pagar el abono. Estaban previstos para los que trabajan en el Centro y pueden contar con una hora larga libre (hay que ir y volver) aunque el dilema de cuándo almorzar aparentemente no se planteó. Sea como sea, en sucesivos lugares fue un éxito y pasaron por ellos grandes artistas locales y extranjeros. Ya desde el año pasado dejaron el Gran Rex, abrumados por los frecuentes piquetes, y probaron el CCK, tanto en la Sala Sinfónica como en la Sala Argentina. Menos problemático que el Gran Rex, pero sin embargo está cerca de la Casa Rosada y a veces es difícil llegar.

            Nuestro notable Cuarteto Petrus tuvo el honor bien merecido de inaugurar el año

60, precedido por un sucinto discurso de Luis Alberto Erize, hijo de Jeannette y actual Presidente del Mozarteum, quien apoyado por la siempre vigente y admirable Directora Artística Gisela Timmermann, y él mismo brazo derecho de su madre durante largas décadas, siguen llevando adelante la tradición del Mozarteum contra viento y marea.

            La Ballena, como a mí me gusta seguir llamándola, tiene una acústica muy vívida que favorece a un cuarteto de cuerdas, así como resulta problemática para los bronces que se escuchan estridentes; en el Gran Rex era al revés. Los espléndidos integrantes del Cuarteto son Pablo Saraví, Hernán Briático (violines), Adrián Felizia (viola) y Gloria Pankáeva (violoncelo). Eligieron un programa de gran belleza y densidad, tributo a Viena. Si bien Mozart escribió 23 cuartetos y a partir del Nº 14 casi todos son importantes, por razones de tiempo y no sólo de calidad eligieron el Adagio y fuga en do menor, K.546, de 1788, donde el Adagio tiene una armonía adelantada a su tiempo y la magistral fuga revela el extraordinario dominio contrapuntístico que Mozart había logrado estudiando a Bach y que tuvo su coronación en el Finale de la Sinfonía “Júpiter”, del mismo año (qué grotesco que no se haya escuchado en vida del compositor…). Ya en esta obra reflejó el Petrus su gran nivel, tanto en el completo profesionalismo de cada miembro por su comprensión del estilo. Y luego, el Cuarteto Nº 14, “La muerte y la doncella”, en re menor, de Franz Schubert, el mejor y más famoso de los 15; data de 1824, cuando sólo tenía 27 años pero ya había alcanzado su total madurez como el más gran creador del pre-romanticismo, para mí mal llamado así aunque es lo generalmente aceptado, ya que  considero a esta obra romanticismo pleno. El fuerte dramatismo del primer movimiento, el Tema con variaciones que le sigue sobre el Lied “La muerte y la doncella” (“Der Tod und das Mädchen”), el incisivo Scherzo y el rápido Finale (sin embargo con episodios líricos) son todo un desafío para ese perfecto diálogo que es (o debería ser) un cuarteto; por cierto los Petrus lo entienden cabalmente y sin perder un segundo su concentración nos dieron casi 40 minutos de música intensa y emocionante expresada noblemente.

            Y luego una grata sorpresa: Saraví tomó la palabra y tras felicitar al Mozarteum y agradecer que los hayan elegido, confesó que ellos cumplen su primera década; y decidieron ofrecer a la institución un regalo especial: “Happy birthday to you” en el estilo de grandes compositores: Bach, Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Brahms, Dvorák y Johann Strauss II. No aclaró si alguien lo preparó para ellos o si fue el Petrus el “autor”, pero me pareció muy logrado y divertido, con citas de famosas obras y muchos toques personales armónicos y melódicos. Por supuesto, tocado admirablemente. Y hubo en este concierto algo valioso que resaltar: como ningún cuarteto está en el abono y es un género fundamental, la presencia del Petrus fue una buena demostración de lo importante que resulta escuchar  la textura esencial de la música de cámara y por cierto la de mayor gran repertorio.  

 


 

CONCIERTOS DE MEDIODÍA: TEMPORADA 2019

 

Al I me acabo de referir.

 

II) Mayo 15. Carla Filipcic Holm (soprano), María Cecilia Muñoz (flauta) y Fernando Pérez (piano). “Enchanté”. Programa francés, con obras de Caplet, Saint-Saëns, Debussy, Enesco, Roussel, Fauré y la « Shéhérazade » de Ravel (que prefiero en la versión orquestal).  Música refinada y bella por artistas de primer orden.

III) Mayo 22. Ensamble Ecléctico (Lucía Zicos), Florencia Machado (mezzosoprano), Natalia González Figueroa (piano). Respighi: Siciliana; Il tramonto; Claudia Montero: Ausencias; Concierto en blanco y negro para piano y cuerdas. Interesantes intérpretes y obras de Montero, compositora argentina más conocida en Europa que aquí.

  IV) Junio 12.  Knabenchor Collegium Iuvenum Stuttgart (Michael Chulo). Si bien la información es escasa, sólo citan dos compositores, supongo que será un programa muy similar al que darán para la Academia Bach, donde no sólo los dos mencionados para los conciertos de Mediodía, Schütz y Mendelssohn, sino también varios más figuran (aunque quizá eliminen algunos en este caso por razones de tiempo: no pasarse de la hora): Bruckner, Duruflé, Distler, Hassler, Di Lasso y contemporáneos. Es muy buena la tradición de los coros de niños alemanes, debería ser un concierto atrayente.

IV) Junio 19. Indiana University Violin Virtuosi (Mimi Zweig). Indiana University Jacobs School of Music; String Academy Virtuosi. Programa muy largo que excede la hora; supongo que deberán eliminar algunos autores. Corelli, Sarasate, Hummel, Bazzini, Bloch, Freund, Brahms, Arad, Bartók (Rapsodia Nº1), Ravel (“Tzigane”). Waxman, Kreisler, Cortés Álvarez. Notable agrupación que nos visitó no hace mucho en la Usina del Arte.

V) Julio 3. Ezequiel Castro, piano. Beethoven: Sonata “Appassionata”; Alex Nante: Otras iluminaciones (estreno); Scriabin: Sonata Nº 10; Debussy; Imágenes, 2º Cuaderno. Posibilidad de conocer a un pianista argentino que está haciendo carrera en el exterior en un programa variado, aunque hubiera sido mejor una sonata beethoveniana menos trillada.

VI) Julio 10. Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional José de San Martin, directores Mario Benzecry y María Claro Marco Fernández. Tchaikovsky: Marcha eslava; Sinfonía Nº4. La Juvenil está tocando muy bien y probablemente se luzca en este programa.

VII) Agosto 8. Leonardo Jaffé, violín (ganador Concurso Tucumán 2018-Festival Mintz), Paula Peluso (piano). Beethoven: Sonata Nº7; Paganini: La Campanella; Dvorak/Kreisler:  Canciones que me enseñó mi madre; Ysaÿe: Sonata Nº4 (“Fritz Kreisler”).  Un programa que permite apreciar cabalmente tanto la técnica como el estilo de los artistas.

VIII) Agosto 14. Julia Botchovskaia, pianista ucraniana. Händel: Suite en mi menor; Lili Boulanger: Tres piezas; Debussy: L´ísle joyeuse; Schubert-Liszt: Cinco Lieder. Programa variado e inteligente.

IX) Agosto 21. Musica Quantica Voces de Cámara (Camilo Santostefano). Brahms: Un Requiem alemán. No se especifican los dos pianistas ni los solistas vocales. La duración excede la hora.

X) Septiembre 4. Antonio Formaro, piano. Weber: Rondó brillante; Mendelssohn: 6 Preludios y fugas; Fauré: Barcarola Nº4; Impromptu Nº3; Saint-Saëns: África, Fantasía. Fascinante programa por el mejor pianista argentino de su generación.

XI) Septiembre 11. Ensemble Alma Viva (violín, flauta, clarinete, violoncelo, piano); Ezequiel Spucches. Obras de Menotti, Villalobos, Guastavino, Debussy, Márquez y Beytelman. Programa variado y novedades por un grupo de cámara sui generis.

XII) Septiembre 18. Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación (Sebastiano de Filippi), Coro Nacional de Jóvenes (Pablo Banchi), Jaquelina Livieri (soprano), Carlos Ullán (piano), Gustavo Gibert (barítono), María Inés Natalucci (piano).  Magnífico programa dedicado a Gustav Holst: Suite St.Paul; Himno de los viajeros (del Rig Veda); y “Savitri”, ópera de cámara, estreno (episodio del Mahabharata).

XIII) Octubre 10. Benjamin Baker, violín; Daniel Lebhart, piano. Programa a confirmar.

            En suma, otro año valioso para Conciertos de Mediodía.




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