La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires a la altura de la gran obra de Mahler



 

Una conmovedora versión de la Sinfonía Nº 3 se pudo escuchar el jueves 25 de abril en la cuarta función de abono de la Orquesta Filarmónica en el Teatro Colón.



Por Sabrina Abalo

PH.: Prensa Teatro Colón /Arnaldo Colombaroli.



Que decir de este verdadero genio creador: Gustav Mahler, quien conoce, leyó, investigó sobre su vida podrá entender su obra. Me animo a pensar que la Sinfonía Nº 3 es la  más instalada dentro del cuerpo y la mente de toda la audiencia en general.

Nació en el año 1860, en Kališt, Imperio Austríaco hoy República Checa, proviene de una familia muy humilde y prolifera. Desde pequeño tuvo contacto con distintos tipos de música: bandas militares, música callejera, de café, canciones populares, etc sin dudas un bagaje inspirador para sus futuras composiciones sinfónicas. Comenzó a tocar un piano familiar a los 4 años, instrumento que lo acompañó durante mucho tiempo,  más tarde entró al Conservatorio de Viena donde además estudió composición, luego asistió de oyente a la universidad en la misma ciudad, recibiendo clases que aumentaron su interés por la literatura y la filosofía.

En el verano de 1895 Mahler comienza a desarrollar esta obra de extensión inusual donde a través de los 6 movimientos que la componen logra expresar  los pensamientos que lo acompañaron a lo largo de su existencia sobre el origen y el sentido de la vida. Cada una de las partes de esta obra tiene una línea narrativa que la acompaña: “Avanza el verano”, “lo que me dicen las flores de los prados”, “lo que me dicen los animales del bosque”, “lo que me dice el hombre” (en la voz de una contralto), “lo que me dicen los ángeles” (cantado por un coro de niños, voces femeninas y contralto) y por último lo “que me dice el amor”.

Tras unas pocas palabras previas del Director de la Orquesta, Enrique Arturo Diemecke, sin batuta y sin partitura pero con sus manos completamente decididas se escucharon los primeros compases de esta alabanza a la vida.

1º Movimiento: Kräftig. Entschieden (Fuerte. Decidido). Un comienzo impetuoso y elegante, con buen “tempo”, el trombón encargado de tocar  una melodía sentida y sostenida que acompaña todo el extenso movimiento (algo más de 30 minutos) tuvo una muy buena performance, ataques limpios, sonido puro, un fiato generoso en poder del solista Matías Bisulca.

2º Movimiento: Tempo di Menuetto. Sehr mäßig (Muy moderado). Se escuchó una orquesta amalgamada, todos los músicos tocando este movimiento en particular con consciencia estética, un menuetto gentil,  un director de orquesta que se presenta como experimentado en la obra de Mahler y así parece.

3º Movimiento: Comodo. Scherzando fue el más sublime  sin dudas, la exigente intervención de la trompeta interna o corneta de posta (posthorn) a cargo del suplente solista  Daniel Marcel Crespo fue muy notable, mantuvo la línea melódica constante, un sonido blando, elástico que llegaba holgadamente a la sala, un sonido muy amable al oído. Contrastando con esta sutileza melódica un final estridente y voraz puso fin al movimiento.

4º Movimiento: Sehr langsam (Muy lento). Misterioso. Texto Friedrich Nietzsche: Also sprach Zarathustra.

Aquí se suma la intervención de la mezzosoprano Adriana Mastrángelo, que   tuvo un desempeño prolijo con buen fraseo y una línea vocal pareja. Posee  una voz limpia, expresiva hasta angelical por momentos. El diálogo de melodías que se logra con el corno en primer lugar, el violín, las flautas y la participación del oboe completó correctamente un momento  muy importante de la obra aunque Mahler pensó en una voz de contralto para este movimiento, una voz oscura, con cuerpo, acaudalada, aterciopelada, precisamente para lograr la atmosfera de incertidumbre y misterio que lamentablemente en esta oportunidad no estuvo presente.

5º Movimiento: Lustig im Tempo und keck im Ausdruck (Alegre en tempo y fresco en expresión) Texto Armin y Brentano: Des Knaben Wunderhorn.

Es el más breve de sus tiempos sinfónicos, la participación del coro femenino fue muy buena, se escuchó parejo, uniforme. En la parte central de este momento de la obra, debería haberse notado una afligida conversación entre la nueva intervención de la voz contralto (en este caso mezzo) y las voces femeninas, sin embargo aquí también faltó ese dramatismo.

Estupenda participación del coro de  niños, cantando con aplomo y seguridad. Un final del movimiento para nada simple, aunque parezca lo contrario, no obstante los niños lo hicieron muy bien.

6º Movimiento: Langsam. Ruhevoll. Empfunden (Lento. Tranquilo. Sentido).

Resulta increíble que luego de tremendo final, Gustav Mahler se haya puesto a escribir el comienzo de este monumental himno a la gloria eterna.  La orquesta y su director reflejaron un trabajo intenso y profundo como buscando la sonoridad perfecta para cada instante Mahleriano. El comienzo tímido, lento, frágil, lleva poco a poco a la intensidad sonora que crece y crece dando hasta miedo de pensar a donde nos podría llevar todo esto. La genialidad de la coda final que parece no terminar nunca y claro está que el corazón no quiere que termine, fue parte de un momento muy conmovedor,  toda la masa orquestal unida por una misma razón.

Oportunidad estelar atravesaron los timbales en los últimos compases de la obra, la ocasión exacta para dar la bocanada de aire final, sonó movilizador, formidable!

Se pudo ver un fenómeno visual y auditivo grandilocuente, los músicos tocando frenéticamente la mayor parte del tiempo, sacando y poniendo sordinas, cambiando de instrumento, estirando los brazos, corriendo hojas de los atriles, miradas cómplices, posturas atentas a los compañeros solistas en fin, toda la naturaleza puesta de manifiesto como así lo pensó el compositor.

Frente al escenario  y a semejante magnitud sonora, da la sensación de que los integrantes de la orquesta dejan todo ahí arriba, que luego no hay nada más. Es una sinfonía que esta viva, cada  instrumento le da aire, respiro, no solo que ninguno queda relegado sino que Mahler sumó refuerzos para esta gran puesta en marcha de la naturaleza, los animales, el hombre y el amor.

¡Mahler vive!

La obra: compuesta para voz contralto, coro de voces femeninas, coro de niños y una orquesta de cuatro flautas, 4 oboes, cinco clarinetes, cuatro fagotes, ocho trompas , cuatro trompetas, cuatro trombones, una tuba, timbales, percusión, glockenspiel, 2 arpas y la tradicional familia de la cuerda.
 


Ficha:

Abono Nº 4 OFBA

Director musical: Enrique A Diemecke

Mezzosoprano: Adriana Mastrángelo

Coro estable del Teatro Colón (voces femeninas)

Coro de Niños del Teatro Colón

Teatro Colón Jueves 25/4/2019

 


 

Algunos comentarios al pie:

  • Hay un público siempre dispuesto a aplaudir en los momentos menos oportunos, momentos prohibidos diría como sucedió sobre el final del 1º movimiento  aunque el director, de espaldas, levantó la mano.

  • Sería muy útil y hasta “sanador” respetar los silencios que le siguen al último compás de la sinfonía, el director decide que la música se terminó cuando relaja definitivamente sus brazos, son silencios necesarios para cerrar un ciclo en paz, lamentablemente esto sucede mucho menos que los aplausos fuera de lugar.

  • La acción del director de bajar sus brazos y ponerlos en reposo da lugar al público a expresar las emociones a través del aplauso,  es justamente en ese momento cuando también el conductor pide reconocimiento para los solistas, señalándolos, haciéndolos más visible y es precisamente ahí cuando la intervención del público cobra sentido, pero lamentablemente en ese momento la gente decide retirarse de la sala. ¡para reflexionar!





 




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