"Norma": En el Colón, ganaron las damas.



 

Ph: Arnaldo Colombaroli

La “Norma” de Bellini es por supuesto su obra maestra, en esta versión presentada en el Teatro Colón, con dirección musical de Renato Palumbo y dirección escénica de Mario Pontiggia, sin dudas las damas ganaron y justificaron la presentación. 

 

Por Pablo Bardin.

 

Cuando escribí sobre “La italiana en Argel” de Rossini expresé que con tan misérrima programación dedicar dos de seis óperas al bel canto era una mala idea, ya que descarté “Tres hermanas” de Ötvös, contemporáneo que debió estrenarse el año pasado y nos dejó este año sin otro contemporáneo o siglo XX, y además eliminé “Las estaciones” de Haydn porque es un oratorio. La “Norma” de Bellini es por supuesto su obra maestra pero desde la última en el Colón se la ha visto en años recientes en Juventus Lyrica y en Buenos Aires Lírica; incluso admitiendo otro bel canto, hubiera sido tanto mejor ver, p.ej., “Anna Bolena” de Donizetti. Además en el folleto anual estaba anunciada Barbara Frittoli, y si bien esta artista tuvo una importante carrera (notable Desdemona para el último Otello de Domingo, cuando él tenía 60 años) la información sobre el estado actual de su voz no era positiva, sobre todo para un personaje tan demandante. Se habló durante bastante tiempo sin confirmación de Anna Pirozzi, de quien se tenían muy buenas referencias, y eventualmente se confirmó.  Pero sucedió algo grave: la determinación de usar el Colón para la gala del G-20 echó por tierra el calendario de “Norma”;  y así, las seis funciones (cuatro de abono y dos extraordinarias) se redujeron a las cuatro de abono y el Gran Abono fue tercera función en vez de ser primera, al quedar eliminadas las funciones del viernes 30 de Noviembre y 1 de Diciembre.  Las fechas del folleto quedaron válidas a partir de entonces: 2, 4, 5 y 7 de Diciembre. El folleto no aclaraba quién sería Oroveso; se obtuvo al mejor bajo nuestro, Fernando Radó. Hubo otros cambios: las funciones extraordinarias iban a tener elenco local, con Carla Filipcic Holm, Alejandra Malvino y Fermín Prieto, pero al haber sólo cuatro funciones se eliminaron. No sé si ganamos o perdimos pero Pollione iba a ser el uruguayo Gastón Rivero y fue reemplazado por el mejicano Héctor Sandoval. Originalmente la Norma de los abonos cantaba las cuatro funciones, pero al cambiar las fechas Pirozzi no podía cantar Norma dos días seguidos; en cambio Adalgisa y Pollione debieron hacerlo, ardua tarea también para ellos, aunque no tanto como las exigencias de Norma. Hubieran podido dar a Filipcic Holm la Norma del 4, pero si Pollione y Adalgisa estaban cantados por extranjeros no hubiera sido justo para Prieto y Malvino. De modo que se contrató a la estadounidense Christina Major para la función del 4; no pude verla. El folleto daba como Director de escena (Régisseur) a Stefano Viziolli pero no aclaraba escenógrafo; quizá molesto por la pérdida de ensayos, ya que el ensayo general tuvo lugar el domingo anterior al domingo de la “première” (caso insólito por cierto y causado por las obligaciones del show del G-20) colijo que Viziolli renunció; Mario Pontiggia lo reemplazó y se atuvo a la reducción de ensayos, trayendo al equipo de Enrique Dartiguepeyrou y Claudia Bottazzini para la escenografía. Quedaron en cambio dos “de la casa”: Aníbal Lápiz en vestuario y Rubén Conde en iluminación. Me pregunto si al director Renato Palumbo le compensaron las dos funciones que no pudo dirigir. ¿Hubo alguna compensación para el elenco argentino principal, o para las dos funciones que no cantaron los intérpretes de Clotilde y Flavio? Debería haberla.

            La página de programa anuncia “Norma”, de Vincenzo Bellini, tragedia lírica en dos actos (1831), libreto de Felice Romani basado en la tragedia “Norma, ossia l´infanticidio” de Alexandre Soumet. Creo que la obra de Soumet fue originalmente en francés; y al decir que  se basa en esa pìeza hay que tener en cuenta un útil dato de Luciano Marra de la Fuente en su  comentario: el libreto “quita el quinto acto final de Soumet, donde la protagonista mata a uno de sus hijos, se vuelve loca y se ahoga en un lago con su otro hijo”, o sea similar a Medea. Los cinco actos son reducidos a dos, cada uno con dos cuadros. En el libreto de Romani se opta “por una solución propia del Romanticismo: se sacrifica por sus hijos y por el bien de su comunidad”. Romani era el libretista favorito de Bellini; sus textos lo inspiraban, pese a que hay aspectos de dudosa lógica: a) ¿es verosímil que siendo la suprema sacerdotisa haya podido mantener el secreto de su relación con Pollione produciendo dos hijos, incluso contando con la total lealtad de su acompañante Clotilde? ; b) jamás he visto una puesta que logre integrar de modo racional a los niños en cada escena en la que participan; c) cómo puede ser que Adalgisa pretenda que Norma perdonará el amor por un Romano, y en particular, si se trata del procónsul (más allá de que Norma está enamorada de Pollione); d) aunque la música es sublime, resulta arduo imaginar que un erotizado Pollione ante el gesto de Norma de repente se olvide de Adalgisa y se re-enamore en segundos de Norma y que estén felices de ir al fuego juntos. Pero lo importante es que Bellini lo creía y con su música nos convence; no en vano fue admirado por Wagner, tan opuesto, o por Chopin, claramente influenciado por Bellini en sus nocturnos (fueron muy amigos). Y sus melodías son únicas; “Casta diva” es de las más largas pero tuvo ocho versiones antes de llegar a la que conocemos, sencillamente perfecta. Y los dúos y el trío son magníficos. Hay un aspecto convencional en los cantos de los druídas, pero muy raramente se logró en la historia de la ópera que lo sacro sea dramático y emotivo; paradójicamente, nadie lo consiguió mejor que Wagner en “Parsifal”. Y si Bellini permite que la voz domine a la orquesta, también depende de quien lo dirige: su orquestación no es para nada tan mediocre como muchos dicen, y fue probado aquí cuando Muti dirigió la Obertura con la Orquesta de La Scala; y Palumbo logró dar intensidad, contraste y grosor a la orquesta. El hecho es que “Norma” conmueve y su canto florido está siempre en función de las emociones; por eso es una obra esencial del bel canto y su rol titular ha sido siempre una meta de los grandes cantantes.

            En pleno Romanticismo Norma fue un personaje esencial de divas fundamentales como Giuditta Pasta y Maria Malibran. En el siglo XX en el período entreguerras fue la gran voz de Gina Cigna la que dominó y su grabación en 78 rpm fue mi primer contacto cuando tenía 13 años; mi amigo y cofundador de Tribuna Musical, Juan Manuel García Fernández, fue quien me la reveló. Pero en 1955 aparecieron los vinilos de Maria Callas (entonces Maria Meneghini Callas, por su primer matrimonio y antes de la “cura dimagrante”) y ella hizo de Norma uno de sus personajes esenciales: cada frase tuvo su exacta correspondencia dramática y sin verla uno la imaginaba y no tenía dudas: había allí una gran trágica del canto lírico. Por cierto, en el Colón ella lo había cantado en 1949 pero yo era demasiado chico y no la vi (aunque sí escuché uno de los dúos con Adalgisa, Fedora Barbieri, en un CD que compiló escenas de diversas obras tal como fueron cantadas en el Colón; lástima que el fragmento de “Norma” está mal grabado, pero la maestría de la Callas se percibe claramente). Nuestro teatro tuvo varias Norma interesantes antes de 1949, y una en particular fue descollante: Claudia Muzio en tres temporadas; pero por cierto Rosa Raisa (dos temporadas), Gina Cigna, Zinka Milanov y Maria Caniglia fueron grandes nombres antes de Callas;  luego el nivel fue desparejo: las mejores fueron Leyla Gencer (aunque tuvo funciones mejores que otras), Joan Sutherland y June Anderson (2001). Adalgisas destacadas: Besanzoni, Stignani (1927 y 1954) y Cossotto. Polliones: Lauri-Volpi, Merli, Grigorian. Directores: Marinuzzi, Serafin, Panizza, Bartoletti.

            El fascinante libro de Julio César “La guerra de las Galias” cita una cantidad enorme de tribus. Son de esa época los Romanos instalados en campamento cerca del Bosque Sagrado de los Druidas en “Norma”. “Druida” significa “conociendo el roble”, y eran miembros de la clase ilustrada entre los antiguos celtas. Justamente es Julio César quien más nos cuenta sobre ellos: los Druidas organizaban sacrificios públicos o privados, juzgaban las diferencias de opinión y decretaban penas. Un Druida era elegido jefe y quedaba en el cargo hasta su muerte. Estudiaban versos antiguos, filosofía natural, astronomía y los mitos de los Dioses. Hacían sacrificios humanos en hogueras. En efecto, como en “Norma”, conducían sus ritos en un claro de un bosque; pero según Julio César, no entraban en guerra (en “Norma” amagan hacerlo). Otro dato interesante es que estaban eximidos de pagar tributo a los romanos; sin embargo, en el libreto están “oprimidos” por ellos. Los druidas en Galia fueron sometidos por Tiberio (14-37).

            En “Norma”, ella es la sacerdotisa principal y el Jefe Oroveso es su padre.  Y en el rito ella corta el muérdago, asociado al rito de primavera del Dios Baldur; pero en este libreto el Dios que  ellos invocan se llama Irminsul. En cuanto a Pollione, él es Procónsul de Roma; o sea un cónsul cuyos poderes eran prorrogados después de un año por otro período determinado; ello era habitual en zonas colonizadas. Adalgisa es novicia del templo, paso previo a ser una de las sacerdotisas. El argumento es en realidad un triángulo de amores imposibles y de traiciones a la patria y a la religión.

 

Anna Pirozzi (Norma) y Annalisa Stroppa (Adalgisa)

 

            Yo presencié la función de Gran Abono del miércoles 5 de Diciembre; los amigos que fueron a la primera función, la del Domingo, me hablaron entusiasmados de Anna Pirozzi, considerándola una Norma de primera calidad. La suya es una carrera joven marcada por desafíos notables a partir de su exitosa Amelia de “Un ballo in maschera” de 2012; baste mencionar roles como Abigaille en “Nabucco”, Lady Macbeth, Odabella en “Attila”  o Leonora en “Il Trovatore”. Esos personajes verdianos necesitan amplio rango, volumen, canto florido y fuerte temperamento. “Norma” añade a esas características las dificultades del bel canto más puro. Bien puede ser que el Domingo 2 la cantante haya tenido un día especialmente bueno, pero cuando terminó el Primer Cuadro del Primer Acto yo tuve una opinión positiva, sí, pero sin entusiasmo:  una “Casta diva” musical y de buen gusto aunque sin esa sensación particular de las grandes divas y una cabaletta correcta pero algo tensa en los agudos.  Sin embargo, el Segundo Cuadro, con el gran dúo con Adalgisa y luego la confrontación con Pollione, tuvo el dramatismo y la presencia de una Norma importante; si bien el timbre como tal no tiene una belleza o un color memorable, su canto fue cada vez más firme e intenso, aunque algún agudo fue ácido. Y la musicalidad con la que tanto Pirozzi como Annalisa Stroppa resolvieron el dúo  revela en ambas mucho estudio serio; claro está que la garra de Callas no es imitable y en muchas frases sentí que se podía expresar mejor dramáticamente, aunque sin bajar de un nivel convincente. Y todo el Segundo Acto estuvo muy bien, con la “voce cupa” necesaria en la secuencia del fallido asesinato de sus hijos, y un canto cada vez más desplegado en el Primer Cuadro, también gracias al admirable trabajo de Stroppa, partenaire de categoría en todo momento. Y en el Segundo, la ira desatada que la lleva a llamar a la guerra, el dúo con Pollione donde ella lució su registro grave, y la confesión que llevará a ambos a la hoguera en ese inefable concertante de enorme impacto me convenció que Pirozzi es sin duda una de las principales voces dramáticas de la actualidad.

            Habíamos conocido a Stroppa cuando Riccardo Muti nos trajo “I due Figaro” de Mercadante, con orquesta y elenco traídos desde Italia (única vez que Muti dirigió ópera en el Colón); era una opera buffa simpática sin mayor peso, y Stroppa fue entonces una fina cantante. Su Adalgisa demostró que su técnica es muy buena  y que tiene una perfecta afinación; su voz no es muy grande pero sí clara y bien proyectada y Pirozzi no la tapó. Además actuó con destreza y naturalidad. Otro talento de ambas: articulan el lenguaje con precisión, se les entiende.

            Me pareció que mis amigos atacaron en demasía al tenor mejicano Héctor Sandoval, ya que canta afinado y su voz es grata; pero sin exagerar (varios me dijeron “no se lo oye”), le falta volumen y timbre de Pollione, que necesita un tenor spinto y Sandoval es un lírico. Sin embargo ha cantado muchos roles spinto; pasa que cantar en el Colón no es hacerlo en Zürich, p.ej., un lindo teatro pero mucho más chico que el nuestro.  Tiene buen aspecto y actúa correctamente.

            Fernando Radó cantó Oroveso admirablemente, con un genuino timbre de basso cantante de bello color; con nobleza y línea, estuvo completamente en papel en lo musical. A mí como a tantos otros me extrañó que lo trajeran en un vehículo manejado por cuatro druidas y que se mantuviera sentado; supe después que había sufrido un accidente y no podía caminar por el escenario. Pero fue una presencia vocal valiosa.

            Clotilde, confidente de Norma, la única que sabe su secreto, no canta mucho, pero Guadalupe Barrientos, con su poderosa voz y timbre de mezzo dramática, le dio un relieve  asombroso.  Santiago Burghi hizo un Flavio (amigo de Pollione) adecuado, sin mayor brillo. De paso, creo que su apellido debería figurar como Bürgui; ¿será el propio artista que prefiere esa grafía?

            El currículum de Renato Palumbo es amplio; debutó como director a la tierna edad de 19 años con un “Trovatore” y también estudió piano, composición y dirección de coro. Ha grabado óperas de Meyerbeer, Marschner y Franchetti y dirigió en La Scala, Covent  Garden, Liceu de Barcelona, Ópera de París, Real de Madrid y el Kennedy Center en Washington. Me desconcertó que un gran amigo melómano con quien casi siempre estoy de acuerdo me haya dicho que su “Traviata” de Washington no fue convincente, con tempi muy rápidos. Como insinué más arriba, me gustó su dirección de “Norma” ya que su orquesta tuvo color, ajuste y buenos tempi, salvo el coro guerrero demasiado rápido. Aquí la orquesta acompañó cuando correspondía, pero también tuvo protagonismo en ciertos pasajes además de la Obertura, y dramatismo en fragmentos como la Introducción al Segundo Cuadro del Primer Acto.  El Coro respondió bien en todo momento, con la eficaz dirección de Miguel Martínez.

            Fue bastante atacada la puesta de Mario Pontiggia; sin pretender que haya sido innovadora en el buen sentido,  quiero decir que resultó obvio que tuvo menos ensayos a disposición debido al G-20. Y debo recordar que fue muy bien hecho el trabajo escénico de Pontiggia cuando se estrenó en 2006 la segunda versión de “Boris Godunov” de Mussorgsky sin Rimsky, con la que fue la última presentación  antes del cierre del Colón. Y realizó una buena “Elektra” en el Coliseo cuando el Colón hizo temporada. Muy activo en teatros italianos, españoles y japoneses, tiene un considerable currículum. A mí la palabra “tradicional” no sólo no me molesta sino que la celebro. Para mí significa atenerse al libreto y estoy a favor.  Hay muchas maneras de hacer bien o mal las cosas, pero prefiero una tradicional poco imaginativa a cualquier disparate modernoso, como varios que vimos de esta ópera en otras salas. Y está la cuestión de tener menos ensayos que los habituales. Por otra parte, dos sólidos veteranos ya estaban si el régisseur hubiera sido Vizzioli: Aníbal Lápiz y Rubén Conde. Como expresé antes, el folleto anual no especifica escenógrafo, de modo que ignoro qué hubiera traído Vizzioli. Pontiggia eligió un team conformado por Claudia Bottazzini (formada en Escenografía) y Enrique Dartiguepeyrou (Bellas Artes). Para el Colón hicieron poco: “Piedade” de Ripper, y no me queda claro si para el Colón o el Argentino, “I due timidi” de Rota. Visualmente lo que hicieron me pareció bastante grato en esta “Norma” en las dos escenas con los druidas, pero difiero en las ambientaciones de los otros dos cuadros: el Refugio Secreto de Norma en el Bosque” no puede ser amplio y al aire libre, y “En la habitación de Norma” carece de carácter; si hubo algo de clima dramático fue gracias a la habilidad de Conde para manejar claroscuros. Me parecieron correctos los movimientos de los druidas y sólo objeto dos cosas: a) el gong debe ser tañido por Norma, no por alguien en la orquesta; b) la sugerencia de la hoguera al final fue mediocre. La marcación de los solistas fue aceptable. Y el vestuario de Lápiz es el habitual para los druidas (baste ver  una foto de la puesta de La Scala de 1955) en atuendos blancos que los cubren totalmente. Y los romanos tienen  el no menos habitual de los guerreros.

            En suma, las damas ganaron y justificaron la presentación.

 




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