Gala de Ballet Homenaje a Nureyev y Rossini - Teatro di San Carlo



PH: Carlos Villamayor

El teatro vigente más antiguo de Europa, Teatro di San Carlo manifiesta encarnar un homenaje a Nureyev (en el 25 aniversario de su fallecimiento y 80 de su nacimiento) en conjunto con el 150 aniversario del fallecimiento de Gioachino Rossini quien fuese un excelentísimo músico de gran importancia para el Teatro; sin embargo solo quedará para él un número interpretado por el mismo Giuseppe Piccone (actual director del ballet del Teatro) por supuesto con música de Rossini.

El homenaje al gran bailarín quedará reducido a una larga, pero emotiva referencia a su vida, al comienzo de la gala, y a un pasaje por los Grand pas de deux de su repertorio, dejando a fuera algo fundamental si hablamos de homenaje: su impronta.

 

Por Luz Lassalle.

 

La gala comenzó con un video sobre la vida y obra de éste ícono mundial de la danza clásica. Acontecen las imágenes, mientras se escucha un relato en italiano en primera persona, contando lo que significó la danza en su vida; relata cómo a sentir la música penetrar en su cuerpo, ya le era imposible no seguir el ritmo; el movimiento emergía desde lo más profundo de sí, para salir transformado en danza. Cuenta lo difícil que fue, y todos los obstáculos que tuvo que atravesar (Segunda Guerra Mundial de por medio) para cumplir su sueño. Agradece haber sido dueño de ese cuerpo bailarín y haber podido llegar donde llegó. La voz que se escucha es una voz dolida, habla desde sus últimos días, donde ya se encuentra postrado en una silla de ruedas, con este otro cuerpo que no le permite volar como antes. Así mismo manifiesta todas esas sensaciones vivas que le fue dejando la danza y proclama casi como un deseo, como un consejo, que todo ser humano debería bailar, aunque su propósito no sea el de ser un Nureyev.

Inmediatamente, con la sensibilidad a flor de piel después de haber visto el resplandor de un grande, se hace presente El príncipe Sigfrido buscando a Odette: estamos ante el Cisne Blanco (Pas de deux), variación que pertenece al acto blanco de El lago de los cisnes (música Tchaikowsky, coreografía Petipa) con excelentísima técnica y espectacular interpretación de Luisa Leluzzi y su partenaire Stanislao Cappisi. No faltaron los movimientos suaves, etéreos, que son característicos de esta obra emblemática del romanticismo; así mismo es difícil, tratándose de un homenaje, no remontarse al mismísimo Nureyev y no entrar en comparaciones. A continuación se presentan Giovanna Sorrentino, Carlo de Martino y Luana Damiano, para bailar el Pas de Trois de Paquita (música Minkus, coreografía Petipa) Correctos en su técnica, prolijos pero no exactos como lo requiere un pas de este tipo; a pesar de las imperfecciones ninguno de los tres bailarines dejó de demostrar plenitud y gracia durante la variación.

Siguiendo con la programación, se hace presente en Volver Edmundo Tucci, con una muy buena puesta de luces y una interpretación muy sentida de la letra en italiano (A. Mallardo) de nuestro famoso tango, propio de Gardel y Le Pera. Un claro manejo del cuerpo puesto a disposición de un interesante lenguaje de movimiento, adecuado a la tónica de la letra.

El Adagio de Scheherazade (música Korsakov, coreografía M.Fokine) sí resultó digno de un homenaje (a pesar de no ser famoso en el repertorio de Nureyev) con una excelente técnica y precisión. El rol masculino tuvo una magnífica interpretación de Alessandro Staiano, con una presencia escénica impecable, y una muy buena conexión con la partenaire femenina, sumada la sensualidad propia de rol de Zobeida interpretado por Ana Chiara Amirante; ambos bailarines, se entrelazaron con un sin fin de arabesques, attitudes, poses y pasos entretejiendo una variación cargada de pasión y sensualidad, sin descuidar en lo más mínimo los detalles que requiere la técnica.

Sin embargo, para el momento de Tchaikowski Classique (música Tchaikowski, coreografía G. Picone) no quedó reflejado el mismo cuidado escénico ya que éste se pareció más a una ensalada de pasos clásicos tratando llenar tanta música, con variedad de repeticiones, unísonos, dúos, cánones y diagonales, con buena técnica, pero con una falta interpretativa notoria y algunos desajustes evidentes entre los bailarines que se encontraban más cerca de sufrir la coreografía que de disfrutarla.

 

 

La segunda parte de esta Gala, si bien, a diferencia de lo esperado, no se escucha ni mención referida a la obra de Rossini, nos deleita con La muerte del cisne (música C.S.Saens, coreografía M.Fokine) una deliciosa representación nuevamente de Anna Chiara Amirante. Ella logra llenar el escenario con su magnífica técnica e interpretación, acompañada de esta excelentísima pieza musical creada para la mencionada miniatura coreográfica, que tiene la particularidad de que su trama se reduce a los últimos instantes de la vida de esta emblemática ave adoptada por el ballet.

Sigue en el repertorio elegido el Grand pas de deux del segundo acto de La Bella Durmiente (música Tchaikowski, coreografía G. Picone), muy correctos en interpretación y técnica.

Llega el momento de Elegie (música Rachmaninoff, coreografía G. Picone) con mínimos y camuflados trajes que dejan ver el trabajo físico que requiere la entrega de cualquier bailarín de este nivel, un correcto trabajo de líneas neoclásicas en aliados movimientos de los dos intérpretes muy afinados a la música envolvente.

Y es el momento entonces del tan esperado Homenaje a Rossini con música del mismo compositor  y una variación coreográfica presentada como estreno mundial del coreógrafo Francesco Annarumma, interpretada en este caso por el director del ballet Giuseppe Picone. Mostrando un abanico de habilidades motoras, dignas de un buen entrenamiento y una evidente experiencia escénica, con posiciones altas y movimientos precisos, no faltaron los grand battements, bien clásicos, dejando en claro las posibilidades que le brinda su gran elongación, combinando movimientos mecánicos más propios de la danza moderna, sin una clara relación entre los dos lenguajes de movimiento presentes en esta coreografía.

Acercándonos al final se presentan Claudia D´Antonio y Salvatore Manzo para interpretar el Grand Pas de Deux de Don Quijote (música Minkus, coreografía Petipa). Ambos bailarines lograron el carácter que requiere la interpretación de una obra de ésta índole: alegre, chispeante, con gracia y excelente técnica; no faltaron los grandes saltos del rol masculino y famosos Rond de Jambe fouettés en la variación femenina.

El cierre es con Raymonda Gran Final  (música Glazunov, coreografia Petipa) haciéndose presente en escena gran parte del cuerpo de baile del Teatro, Valentina Vitale, Natalia Mele, Annalisa Casillio, Adriana Pappalardo, Martina Affaticato, Luana Damiano, Fabio Gison, Marco Spizzica, Marcello Pepe, Massimo Sorrentino, Gian Luca Nunziata, Ferdinando De Riso, Francesco Lorusso, Giuseppe Ciccarelli.

Fueron pocos los momentos en que se puede hablar de Homenaje propiamente dicho, queda claro que estar a la altura de semejantes figuras del arte, tanto Nureyev como Rossini, no es tarea sencilla, su trayectoria y su trascendencia superan cualquier expectativa. Igualmente no podemos dejar de mencionar la gran calidad escénica de muchas (aunque no de todas) de las variaciones que presentó El Teatro di San Carlo para esta oportunidad. 

 




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