Todos los diablos el diablo.



PH: Prensa Teatro Colón /Máximo Parpagnoli.

En la semana homenaje al compositor Mauricio Kagel, el CETC estrena La traición oral. Una épica sobre el diablo. Un “oratorio ambulante” que explora el universo imaginario en torno a la figura retórica del mal.

 

Por Ivan Gordin.

 

Uno de los tantos quiebres que ha traído el arte del siglo pasado es la ruptura del binomio emisor-receptor. Es decir, el artista ya no es el propietario de la intencionalidad de su obra, sino que cede la escena (en ocasiones literalmente) al espectador para que este interceda y tome sus propias decisiones. Esta idea de construcción colaborativa y aleatoria puede aplicarse perfectamente a la puesta en escena que Antoine Gindt, director de arte francés, implementa para La traición oral. Una épica sobre el diablo (1981-1983); la obra de Mauricio Kagel que, a diez años de su muerte y luego de un primer intento fallido en 1992, se estrena por primera vez en Argentina.

Kagel y Gindt proponen una experiencia que empieza en los prolegómenos mismos de la obra. Es que, dentro del clásico programa que se entrega en la antesala, el espectador podrá encontrar un plano con la disposición espacial de la sala. Allí notará el primer engaño del diablo: si bien la orquesta se encuentra en el centro, la verdadera acción se encuentra en la periferia. El que decida ingresar al CETC, deberá rodear al aparente corazón musical, dirigido por Rut Schereiner, y observar las ominosas escenas ubicadas en tres alas diferentes: una capilla con un cristo torcido, un banquete con una cortina roja (que hasta el propio David Lynch envidiaría) y tres televisores con una señal intermitente. Como si fuera alguna “pequeña tiendita del horror”, el público atraviesa con fascinación cuasi turística el espacio hasta que se ve interpelado por aquellos que antes parecían sus propias pares: Iván García, Cristian Drut y Teresa Floriach recitan, cantan, gritan, bailan y guían a los visitantes en un recorrido sin enunciaciones obvios, ni acompañamientos redundantes de la orquesta.

El segundo engaño del diablo, al contrario de la famosa frase de una película, es aparentar que existe. Si bien la figura del mal por excelencia en el mundo occidental se presenta como el centro temático de la obra; esta es solo una excusa para tratar el verdadero núcleo conceptual: la trampa del lenguaje. Kagel despliega el infinito espectro semiótico y demuestra lo inabarcable e insatisfactorio del pensamiento. Toma como base la abyección arquitectónica y la rellena de tritonos, disonancias, representaciones pictóricas, líricas e incluso cinematográficas. El espectador recorre literal y figurativamente una sala de significados incompletos, deformados e inefables.

La traición oral. Una épica sobre el diablo es, como la música de Mauricio Kagel, una experiencia inclasificable que se escapa de las rígidas categorías de la cognición.

 

Ivan Gordin.


 

Ficha técnica

Antoine Gindt | director de escena

Rut Schereiner | directora musical

Teresa Floriach, Iván García, Cristian Drut | narradores

Noelia Svoboda | escenografía

Isabel Gual | vestuario

Sebastián Viola, Luis CasellaHorn | iluminación

ElodieBremaud | asistente de dirección

Orquesta Bruno Lobianco, Oscar Albrieu Roca, Gonzalo Pérez Terranova | percusión KatharinaDeisller | violín

JoëllePerdaens | viola

Hernán Martel | tuba

Silvia Dabul| piano

Carlos Vega | contrabajo

Walter Dantes, Iván Carmona, José Manuel Muñoz, Federico Uriarte, Nahuel Aguirre, Jazmín Beltramino, Paula Fernández, Facundo Aguilar, Carla Minteguia, Agustina Pesce  | Figurantes

 




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