Juan Diego Flórez y una noche inolvidable en el Teatro Colón



 

PH: Arnaldo Colombaroli/Prensa Teatro Colón

La voz humana es el instrumento más expresivo que existe, con una variedad infinita de matices, timbres y colores, es capaz de conmovernos de maneras difíciles de expresar. Si se utiliza al servicio de música y textos de calidad, y si el intérprete es un artista como Juan Diego Flórez, el resultado es inigualable.

 

El tenor peruano brindó un concierto magnífico en el Teatro Colón de Buenos Aires cumpliendo ampliamente las expectativas del público que ansiaba verlo desde hace 13 años y de aquellos que lo conocíamos por los videos o por la radio y teníamos la oportunidad de disfrutarlo en vivo por primera vez.

No vale la pena extenderse demasiado en comentar el programa, ampliamente conocido por los amantes de la ópera; tampoco en cuestiones técnicas o interpretativas ya que por suerte el concierto pudo ser disfrutado en todo el mundo gracias a la acertada política de Streaming que viene llevando a cabo el Teatro Colón, y cada uno habrá sacado sus propias conclusiones. Desde luego, nunca es lo mismo la música a través de una computadora o un celular que la experiencia única que permite un concierto en vivo.

Flórez es inobjetable técnicamente, su voz fluye y su interpretación convence en cada momento. Más allá de que uno no conozca el argumento de alguna ópera, o no entienda el texto (algo que fácilmente se podría haber solucionado con el uso de subtítulos) su interpretación es tan expresiva, actoralmente demostrativa y despliega una cantidad de emociones y sutilezas tales, que es capaz de llevarnos a la atmósfera puntual de cada Aria elegida sin necesidad de entender cada palabra. Como comentó el mismo, se trata de ir cambiando de “máscara” de un momento a otro para poder expresar lo que cada texto pide, algo que no es nada sencillo.

La noche tuvo algunos puntos muy altos como la interpretación de “Una furtiva lagrima” de L´Elisir D´Amore, “La mia Letizia infondere” de I Lombardi , en la primera parte,  o “Pourquoi me réveiller” de Werther y “Che gelida manina” de la Boheme, en la segunda.

El programa, relativamente corto, fue compensado con una extensa sección dedicada a los bises. Mucho más distendido y descontracturado, revoleando el moño a la platea como una estrella de Rock y guitarra en mano, nos brindó una selección de canciones populares y hasta invitó a alguien del público a acompañarlo al piano o en la guitarra con su versión del tango “Volver” de Gardel y Lepera, ya que comentó que se había roto el dedo meñique de la mano izquierda (lo vimos en la entrevista que le realizamos hace unos días con un venda en la mano producto de una lesión de Fútbol) lo que complicaba su interpretación en el instrumento. Por suerte se encontraba en la platea el guitarrista argentino Arturo Zeballos (una eminencia en la obra de Yupanqui) quien lo acompañó con maestría y conocimiento del género, en una versión, que más allá de cuestiones estilísticas, fue muy lograda y sentida.

Una párrafo aparte merece el pianista Vincenzo Scalera, a cargo de la siempre difícil tarea de acompañar al solista. No solo demostró su oficio artesanal de manera impecable, segura y totalmente al servicio de la voz, sino que luego también nos regaló una hermosa versión de “Meditación” de la ópera Thais de Jules Massenet, en la que si cerrábamos los ojos podíamos percibir toda una  verdadera paleta orquestal en el piano.

 

PH: Arnaldo Colombaroli/Prensa Teatro Colón

 

Para finalizar el concierto Juan Diego brindó una gran interpretación de “Nessun Dorma” de la ópera Turandot de Puccini, en la que invitó al público a cantar el coro, en lo que fue, sin dudas, un final realmente emotivo y apoteósico para una velada perfecta.

Cada interpretación de la noche fue acompañada de ovaciones y “Bravos” interminables, como hace rato no veía, para un artista que se brindó por entero desde el primero hasta el último minuto. Entre el público se podía ver a todo su equipo de “Sinfonía del Perú” (organización fundada por él basada en “El sitema” de Venezuela, que busca ayudar a los niños y niñas en situación de riesgo a través de la música) y a su madre con los ojos llenos de emoción y orgullo como si todavía estuviera ante su pequeño niño en Lima, sorprendiéndose con cada logro obtenido.

Es difícil encontrar algún punto flojo, aunque ¿Vale la pena buscarlo?. He leído en algunos comentarios al pasar que abusó de los “chistes” y las “humoradas”, los guiños al público, las salidas entre las obras, que lo hizo porque quizás no le daba la garganta o que estuvo lejos de la solemnidad que “merece” un concierto en el Teatro Colón.  Para nosotros Juan Diego Flórez es una clara muestra de que en un concierto de música clásica, se puede conmover, deslumbrar y emocionar, pero también divertir, compartir, distender, descontracturar y ayudar a olvidar por un momento de las preocupaciones diarias, y todo esto sin dejar ni por un momento de lado la calidad artística que el género se merece.

 

Por Maxi Luna.

 


 

Programa

I WOLFGANG AMADEUS MOZART (1756 – 1791)

“DIES BILDNIS IST BEZAUBERND SCHÖN”, DE LA FLAUTA MÁGICA

“SI SPANDE AL SOLE IN FACCIA”, DE EL REY PASTOR

 

GAETANO DONIZETTI (1797 – 1848)

VALS EN DO MAYOR (PIANO SOLO)

“UNA FURTIVA LAGRIMA”, DE L’ELISIR D’AMORE

“TOMBE DEGLI AVI MIEI… FRA POCO A ME RICOVERO”, DE LUCIA DI LAMMERMOOR

 

GIUSEPPE VERDI (1813 – 1901)

“LA MIA LETIZIA INFONDERE”, DE I LOMBARDI

“LUNGE DA LEI… DE’ MIEI BOLLENTI SPIRITI… O MIO RIMORSO”, DE LA TRAVIATA

 

II JULES MASSENET (1842 – 1912)

“OUVRE TES YEUX BLEUS”

“EN FERMANT LES YEUX”, DE MANON

“AH, FUYEZ DOUCE IMAGE”, DE MANON

“MEDITACIÓN” DE THAIS (PIANO SOLO)

 

CHARLES GOUNOD (1818 – 1893)

“SALUT! DEMEURE CHASTE ET PURE”, DE FAUSTO

 

JULES MASSENET (1842 – 1912)

“POURQUOI ME RÉVEILLER”, DE WERTHER

 

GIACOMO PUCCINI (1858 – 1924)

“CHE GELIDA MANINA”, DE LA BOHÈME

 

Bises

“A mes amis” (Donizetti)

“Cucurrucucú paloma” (Tomás Méndez)

“José Antonio” (Chabuca Granda)

“La flor de la canela” (Chabuca Granda)

“Volver” (Gardel y Lepera)

“Granada” (Agustín Lara)

“Nessun dorma” (Puccini)


 



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