“El arte tiene que ver con lo trascendente”: Entrevista Annie Dutoit.



Es una mujer a la que le gusta transitar distintos caminos. Alejándose del mundo musical que representan sus padres, el director Charles Dutoit y la pianista Martha Argerich, se trasladó a Nueva York en donde realizó una exitosa carrera académica. Vivió en la India, luego en Arizona y ahora planea hacerlo un tiempo en Buenos Aires. Pero no se trata tan sólo de caminos geográficos. Tal como lo realiza el principito en el clásico de Saint-Exupéry volviendo a su asteroide luego de peregrinar por la tierra, ahora ella retorna al mundo del arte del que partió, convertida en actriz y compartiendo el escenario con su madre.

Juntas interpretarán, en Entre Ríos, Córdoba y Tucumán, el melodrama “Lenore escrito por Franz Liszt sobre un texto gótico, que trata también sobre un misterioso viaje, la muerte y la pérdida de la fe. Sobre todo esto y mucho más conversamos con Annie Dutoit en esta entrevista.

 

Por Maxi Luna.

 

¿Contanos un poco acerca de tu vida en Estados Unidos y cómo terminaste siendo actriz?

Desde hace dos años que estoy viajando sin casa propia. Viví en Nueva York muchos años porque hice mis estudios y di clases ahí. Luego viví dos años en la India, cerca de Bombay. Más tarde volví a Estados Unidos para ocupar un cargo en la Universidad de Arizona durante siete años. Llegó un momento en que no quise continuar con la carrera académica. Ya había empezado a hacer teatro y no me daba el tiempo para hacer las dos cosas, además tengo dos hijos y estaba haciendo muchas cosas. Y ya no tenía la pasión. Así que tuve que elegir. Al final estoy contenta, no me gustaba mucho el ambiente académico. Sí dar clases y espero poder volver a hacerlo, porque eso sí me apasiona, pero no me gusta tanto todo lo que es investigación.

 

Pero evidentemente te gusta comunicar, ya que pasaste de dar clases a expresarte arriba de un escenario…

Sí, absolutamente. Me dí cuenta de que me gustaba comunicar dando clases. Siempre digo que para ser un buen profesor hay que tener algo de actor también. Cuando era chica tomaba clases de teatro pero después lo dejé por completo y hace solamente unos años que empecé otra vez. Solo tenemos una vida…

 

No es la primera vez que estás en Argentina ¿Pudiste conocer algo?

Esta gira para mí es muy interesante porque voy a poder conocer un poco más de Argentina y no sólo Buenos Aires. De hecho, me quedaré unos meses en el país porque quiero conocer un poco el ambiente de teatro...

 

¿Vas a tomar clases acá?

Estoy tratando de entrar en un grupo teatral porque quiero explorar la escena local que me parece muy interesante, y además en castellano para mí es un desafío. Me interesa mucho todo lo que tenga que ver con Argentina en este momento. Me gustaría hacer cosas acá, por más que tenga un acento francés.

 

Te van a dar los papeles de extranjera, al menos por un tiempo… (risas).

Sí. Además estoy ahora trabajando con Mariano Nante (Director de “La Calle de los Pianistas”) y estamos produciendo una película que él quiere filmar en el Teatro Colón y en la que yo también voy a tener un pequeño papel. Es una ciudad muy interesante, ¡Buenos Aires es fantástica!

 

Aprovecho para preguntarte sobre la obra de Alex Nante que estuviste haciendo y que fue dedicada para vos

En realidad la música ya estaba escrita pero no había texto. Nosotros hablamos de hacer proyectos juntos y él me dijo que le parecía interesante poner un texto en esta obra escrita para trío de cuerdas. Entonces Bernardo Nante, que es su padre y filósofo, junto a Mariano, escribieron un texto hermoso. De hecho me dicen que la obra funciona mejor con texto que sin. La hice una vez en francés en Japón y ahora la hicimos en castellano acá en un concierto privado y funcionó muy bien.

 

¿Cómo es el texto?

Es una oración, medio poética. Trata de una madre que pierde una hija. De una situación límite, se encuentra frente al silencio de Dios. Es filosófico porque habla del problema que tenemos ahora, de un mundo sin espiritualidad. ¿Dónde está Dios? La cuestión de qué hacer en ese momento. Es una obra muy fuerte, pero al final habla del misterio, de que el silencio de Dios quizás es una manera también de encontrar un tipo de espiritualidad dentro de uno mismo y no buscarla afuera.

 

¿Y  “Lenore” de Liszt? Obra que vas a estar realizando con tu madre en esta gira…

Es un texto gótico que habla de la muerte y de la relación entre Eros y Tanatos. Trata de una mujer llamada Lenore, cuyo prometido se fue a la guerra y no vuelve. Ella está desesperada y se pone muy mal. Él en realidad está muerto. La madre le pregunta qué le pasa y ella le expresa su deseo de morir. La madre le reprocha su blasfemia, pero ella reniega de Dios. Uno no sabe muy bien lo que pasa, pero a la noche se le aparece el prometido, Guillermo, y le pide que parta con él a su lecho nupcial. Viajan por paisajes macabros durante toda la noche hasta llegar a un cementerio y terminan los dos en una tumba.   

 

¿Ya hiciste esta obra con tu mamá?

La hicimos en Israel una vez, en Alemania y en Japón. En realidad nos gustaría hacer en algún momento el ciclo completo: son tres melodramas. Y quizás también en castellano. En esta oportunidad lo vamos a hacer en francés pero con subtítulos o por lo menos brindándole el texto al público.

 

¿Fue la primera actuación juntas?

No, hicimos otra cosa. Es una historia muy linda, en un momento yo quería hacer con Sergio Tiempo (el pianista) “Gaspard de la nuit” de Ravel, él tocaría y yo leería los poemas que inspiraron al compositor. Finalmente Sergio no pudo ir a Japón porque tenía una gira con Gustavo Dudamel. Yo estaba hablando de eso con mi mamá y me dijo: “Bueno, quizás yo puedo hacerlo”. La miré sorprendida, pero finalmente lo hicimos en Japón. Ella hacía más de veinte o treinta años que no tocaba esa obra, después la hicimos otra vez en Lugano (Suiza). Pero esa fue la primera vez que hicimos algo juntas, un poco por casualidad.

Luego surgió la idea de hacer los melodramas de Liszt. Esta idea surgió porque nos invitó Elena Bashkírova, la mujer de Daniel Barenboim, a su festival en Jerusalem. Es una forma que ha sido bastante popular en Alemania durante el período Romántico, hay obras de Strauss y Schumann también.

Nos sorprendió bastante la obra. La música de Liszt es realmente fantástica, es muy cinemática. No hay que tomar la obra de manera muy seria, tiene algo de vampirismo incluso.

 

Me hace acordar a esos radioteatros del siglo pasado...

Bueno, también es algo que no existe más… pero en general si están bien hechos los melodramas a la gente le gustan, pero el repertorio es muy limitado.

 

¿Cómo fue hacer algo juntas a nivel profesional? Yo la ví en los ensayos y no parece para nada una persona rígida o dura en el trato, que intimide, sino más bien todo lo contrario…

Yo no siento nada de eso, está bien que no toco instrumentos, pero hay cosas que coordinar. La verdad es muy fácil, no necesitamos hablar tanto. Es todo muy intuitivo. A ella le gusta aprender mucho, así que yo vengo con mis cosas y ella con las suyas y compartimos. Por supuesto que para mí es increíble hacerlo con ella pero estoy contenta de no ser música (risas). Habría que hablar con Lida (su hermana y violista, hija de Martha y el violinista Robert Chen), que sí es música y toca con mamá, seguro que eso es un poco diferente.

Pero mi madre es un poco socialista en ese sentido…(risas). No viene y dice “Yo soy Martha Argerich” y empieza a dar órdenes. Ella tiene ideas muy claras, sí, pero no trata de imponer su visión a nadie. Todo lo contrario.

 

Además le debe gustar tu veta artística para poder compartir más ¿Cómo es tu relación en general con ella?

Sabés, mi mamá no es una persona que te hable de forma directa. Por supuesto que le gusta, y pienso que le gusta también aprender sobre cosas que ella no conoce. Por ejemplo, hablando de la obra de Liszt, el tema del texto, la poesía son cosas de las que ella no se ocupa, así que es un intercambio. Por supuesto que yo no tengo el nivel y la fama de ella. Para nada. Pero ella siempre se interesó en lo que yo hacía, también cuando yo era profesora. Es una persona que nunca tuvo la oportunidad de ir a la escuela, siempre estuvo en la casa con tutores. Es muy inteligente y lee mucho, así que respeta y le gusta mucho hablar de literatura, de todo. Es una manera de compartir también para ella.

 

La obra de Nante y la de Liszt tienen en común el tema de la muerte y la pérdida de fe ¿Son cuestiones que te interesan o es casualidad?

Bueno, el tema de la muerte por supuesto que me interesa, es un tema existencial. ¡Desde que nací me interesa! (risas). Yo tenía mucho miedo a la muerte cuando era chica, acabo de hablar de eso con mi mamá de hecho. No crecí en un casa con una idea religiosa, pero sÍ hay algo espiritual muy profundo en la familia. Pero el sentido de la vida y la muerte cuando uno no tiene una religión, algo que te da algún tipo de respuesta, es difícil. Mi abuelo se murió cuando yo tenía 10 años y eso me marcó mucho. A esa edad tenía amigos que iban a Catecismo y yo empecé a ir por mi cuenta también para ver si había una respuesta. Hablé con monjes, curas, pero sentí que no estaba ahí porque creyera sino por el miedo a morir. Hoy creo igualmente que hay algo más profundo que lo que vemos, pienso que tenemos una conexión mucho más grande con el universo.

Cuando mis hijos me preguntan por la muerte mi respuesta siempre es más bien poética, yo pienso en “El Principito”, en el hecho de que cuando se va de la tierra en realidad está volviendo a su lugar de origen, en su asteroide, con su rosa...

 

Junto a sus padres, Charles Dutoit y Martha Argerich

 

¿Hay más planes a futuro con tu mamá?

Sí, hay. Yo en un momento me alejé mucho del mundo de mis padres y de la música, pero desde hace un tiempo que estoy volviendo a acercarme a mi mamá y es algo muy lindo. Ahora estamos planeando algo muy emotivo para mí en China, será en mayo. Vamos a estar mi mamá, mi papá y yo, los tres juntos en el escenario. Haremos “El Carnaval de los animales” de Camille Saint-Saëns. Estar en el escenario compartiendo con mis dos padres es algo que me conmueve mucho.

 

En 2015, recitaste textos de sobrevivientes de los campamentos y de la bomba atómica en Hiroshima y Tokio frente al emperador de Japón por el 70 aniversario del final de la guerra, y también te presentaste en la UNESCO para el Día Internacional del Holocausto… Dos experiencias muy fuertes me imagino…

Sí, son temas que me interesan mucho. Todos mis estudios universitarios fueron acerca del Holocausto. Mi tesis fue sobre el antisemitismo en Francia durante los años 30´y la relación entre la estética y la política. Y aunque dejé la carrera académica es un tema que me conmueve mucho, estoy haciendo conciertos con ese tema también. Voy a hacer uno en Europa con música de Haydn y con testimonios de sobrevivientes.

Lo de Hiroshima lo trabajé con un escritor japonés, Hirano Keiishiro, bastante joven pero muy famoso allá y que ya ganó un premio muy prestigioso. Juntos realizamos una serie de conciertos con textos de un sobreviviente de la bomba y un texto de un poeta norteamericano sobre el Holocausto. Fue una experiencia muy fuerte, para hablar del absurdo del sufrimiento y la muerte.

 

De nuevo el tema de la muerte…

Sí, no sé de dónde viene. Mi mamá me dijo que cuando era muy pequeña un día ví un pajarito muerto y le dije: “Mamá, Dios no es bueno porque deja que todo el mundo se muera y él no muere. Eso no es justo”.

 

¿Y qué te dijo tu mamá?

Nada…

 

Te mandó a catequesis a preguntarle al cura…(risas).

Son preguntas que se hacen los niños. En realidad yo pienso que el hecho de que sabemos que vamos a morir da profundidad, de un cierta manera ¿cuál sería el sentido de todo sino? Y quizás la base del arte tiene que ver con eso también, con lo que no se ve, el misterio de las cosas, lo trascendente.

Por Maxi Luna.

 


 

Información completa de la gira argenitna de Martha Argerich: https://goo.gl/yQCe89




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