Pilobolus: contacto físico, videos y experimentación



Hace unos meses Momix deslumbró al público del Coliseo (yo incluido) con una mezcla de imaginación desbordante de danza moderna con elementos técnicos asombrosos, al extremo de hacernos las mismas preguntas que en un espectáculo de magia de categoría: ¿cómo lo logran?  Ahora Pilobolus (también en el Coliseo) nos retornó después de más de 30 años (Momix ya nos había visitado bastantes años atrás). Tengo un recuerdo imborrable de esas presentaciones de Pilobolus en el Teatro San Martín (y la borrosa impresión de que quizás vinieron aún más atrás en el tiempo). Hay un común denominador en ambas compañías y es la creatividad del coreógrafo y artista sui generis Moses Pendleton. 

            Me interesó esta nueva visita de Pilobolus tras tanto tiempo, pero menos que en la anterior, a mi parecer mucho más comunicativa y humorística que la actual. Fue auspiciada por Grupo Ars, la empresa que en años recientes nos ha traído valiosas galas de ballet.  Dio cuatro funciones en días seguidos entre el 7 y el 10 de junio; ví la primera.

            Coincido con la afirmación inicial del programa de mano: “Durante 45 años, Pilobolus ha desafiado las leyes físicas del movimiento humano con el fin de explorar la belleza y el poder que generan  los cuerpos entrelazados”. Y con la intención de “capitalizar al máximo la creatividad grupal, resolver problemas y generar sorpresa y alegría utilizando el poder de la comunicación no verbal”. “Pilobolus ha creado más de 120 piezas de repertorio”. El equipo directivo de gira incluye cargos no habituales en compañías de danza: Shane Mongar, Director de Producción; Yannick Godts, Supervisor de Luces; Shelby Sonnenberg, Ops de escena (confieso no saber qué es “ops”, salvo que sea corto para operaciones); Jaechelle Johnson, Técnica en video; y Robby Barnett, Director Artístico de caracterización (está con Pilobolus desde 1971, dice el programa, pero eso es más que los 45 años de la compañía…). El programa también consigna datos sobre el Staff en New York: Itamar Kubovy, Productor Ejecutivo; Directores Artísticos, Renée Jaworski y Matt Kent; Director Creativo, Mark Fucik; Jefe de Escenario, Michael Depp-Hutchinson; Directora de Programación de Iniciativas, Lily Binns; Gerente General/CFO, Daniel Ordower; y seis cargos más. Bailarines principales: Heather Jeane Favretto y Jacob Michael Warren (los dos vinieron). Definen así el “Partnering o Weight Sharing”: “Para Pilobolus es importante el proceso físico de conectar a uno o más bailarines tomando y recibiendo peso” (añado: hombre o mujer); “Al realizar esto, nuevas siluetas son creadas y pueden moverse o no como una unidad”; es esencial entender esto para juzgar a Pilobolus como espectador. Pilobolus: “ese pequeñísimo hongo era capaz de lanzar sus esporas a varios metros de distancia”; la compañía construyó su estilo “abrazando esa curiosa ley de la naturaleza”. “Si en los 70 apenas utilizaban vestuario en sus coreografías, con los años han incorporado elementos provenientes del teatro de sombras, el cómic y el videoarte”. “En Pilobolus la diversidad es clave. Hay piezas narrativas o abstractas, esencialmente físicas. Las hay con diferentes atmósferas, rápidas y lentas, luminosas y oscuras, con música clásica o contemporánea, con un bailarín o toda la compañía sobre el escenario”.

            Lástima que no den datos sobre la(s) visita(s) anterior(es) de Pilobolus, irritante falencia de prácticamente todas las “biografías” de estos últimos años, que claramente dan  poca o ninguna bolilla a la Argentina, al extremo de imponer condiciones como que no se les puede agregar nada aquí (me refiero no sólo al ballet, también a los conciertos y las óperas).

 

 

            El programa empezó con la obra más cercana en el tiempo (2014) y terminó con la más lejana (1980). Todas tienen un video  que es parte de ella y que puede ser previo o verse en paralelo a la danza. Ninguna está coreografiada por una sola persona, son trabajos de equipo; y los bailarines rechazan todo divismo: más allá de los valores individuales vale la unidad. Puede ocurrir que el video sea tan innovador y atrayente que guste más que la danza misma, y eso me pasó con la primera obra, “On the nature of things” (“Sobre la naturaleza de las cosas”), creada por Barnett, Jaworski, Kent y Kubovy en colaboración con otras nueve personas, siendo una de ellas Nile Russell, uno de los intérpretes en esta ocasión. La música en todos los casos está grabada. En este caso hubo una ventaja, ya que fue la mejor de la noche: casi todo lo escuchado lo compuso Vivaldi, con agregados que no molestaron de Michelle DiBucci y Edward Bilous, y espléndidamente cantada por la mezzosoprano Clare McNamara, con buenos solos de violín por Krystof Witek.  Luces y puesta en escena de Neil Peter Jampolis, que logra un clima muy variado. Russell, un negro alto de espléndida musculatura, se entrelazó de múltiples maneras con  Krystal Butler (también negra), ágil y poderosa, y con Nathaniel Buchsbaum, blanco de estatura media y fortaleza evidente. Los tres con escasa ropa, sólo tapando los genitales, y pese al constante contacto, el efecto fue abstracto, no erótico. Como escribió una colega, “cuerpos tallados, marmóreos”.

            Para mí la obra más breve fue la que más me atrajo y me recordó la impresión que me hizo Pilobous más de tres décadas atrás: humorismo del mejor, auténtica gracia por parte de los seis bailarines, encaramados a una mesa de vidrio y divididos en dos grupos que se interrelacionan. Y la acción paralela, donde me voy a permitir citar la exacta descripción de Constanza Bertolini en La Nación: “las coreografías, retransmitidas en pantalla por una cámara que desde el suelo captura la imagen, quiebran la noción de gravedad y lógica; pueden nadar como peces o volar como pájaros”.  Se trata de “All is not lost” (“Todo no se ha perdido”), creado por Pilobolus, OK GO y Trish Sie con la colaboración de ocho bailarines (nuevamente incluyendo a Russell). OK Go, definida como Compositores y Colaboradores Creativos, llamada “la primera banda post-Internet”, fue nominada para un Grammy con el video de esta canción, colaborando Trish Sie, de talentos múltiples. En esta obra se añadieron los otros tres artistas: los Bailarines Principales Heather Jeane Favretto, esbelta, flexible como un junco, y Jacob Michael Warren, de gran personalidad, y el altísimo Zachary Eisenstat, un cuerpo de gimnasta poco común en un bailarín. Vestuario menos extremo que en la obra anterior, diseñado por Phoebe Katzin, y luces muy imaginativas de Michael Dostal y Shane Monger.

            “Gnomen” (1997) tiene coreografía de Barnett y Jonathan Wolken, y cuatro más colaboraron. La extraña música de Paul Sullivan  hasta incluye una cita de “Voces de Primavera” de Johann Strauss II y tramos de “throat singing” (“canto de garganta”) por Matt Kent. Aquí el entrelazamiento de cuatro cuerpos de hombre es continuo y algo cansador; son Buchsbaum, Einsenstat, Russell y Warren; admiré la resistencia y seguridad de los artistas pero no encontré belleza.

            Después del intervalo, la obra más extensa (media hora), “Day Two” (“Día Dos”), de 1980, dirigida por Pendleton poco antes de irse de Pilobolus y fundar Momix. Pero él fue sólo uno de los ocho coreógrafos. Mi relativa decepción provino de la música muy cercana al ruidismo (cosa que detesto) de Brian Eno, David Byrne y The Talking Heads; si bien va mejorando, el daño está hecho en un primer cuarto de hora para mí insufrible. En cuanto a la coreografía, es verdad lo que dice Bertolini: “semejanza entre esos cuerpos y sus formas de moverse con la energía primaria de las especies”. Cuando la mezcla de los seis bailarines llega a un punto de saturación, sobreviene una división en parejas, y más tarde tríos mediante una vara donde los caballeros acompañan a la dama que se mece; y luego una gran lona aparece con protuberancias que, por supuesto, son los bailarines; y para el final se libran de ella y se llega a imágenes más contenidas y sutiles. Luces de Jampolis sobre un concepto de David Chapman.

            Y luego de caído el telón, éste se abre…y todos saludan como lo hacían treinta años atrás: deslizándose sobre agua de un extremo al otro del escenario. Pero igual sentí que, si las obras elegidas reflejan cabalmente al Pilobolus actual, hay demasiado de lo mismo y la constante fricción de los cuerpos, por hábiles que sean los balanceos “tomando y recibiendo peso”, implica que falta variedad y sorpresa. Profesionales de primera, sin duda, pero no siempre creación de primera. Me quedo con Momix.

Pablo Bardin

           

 




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