Pepe Romero: “Todo el que toca la guitarra con amor es mi hermano”



 

Pepe Romero es uno de los guitarristas más grande de todos los tiempos. Su modo único de tocar se debe, entre otras cosas, a que prácticamente nació con una guitarra en la mano. Viene de una familia de músicos. Su padre, Celedonio, fue un gran guitarrista. Al igual que sus dos hermanos: Celín y Ángel. Entre ellos han fundado el cuarteto “Los Romeros”. Cuando Ángel abandonó el grupo fue reemplazado por Celino, hijo de Celín y cuando Celedonio murió su lugar fue ocupado por Lito, hijo de Ángel. Por lo cual podemos afirmar que los Romero son sinónimo de Guitarra.

 

Pepe tocó y grabó de todo. Trabajó con compositores de la talla de Joaquín Rodrigo y Federico Moreno Torroba y con directores de prestigio internacional. Sin embargo, su sencillez y calidez, su amor apasionado por la música y su instrumento, su forma de hablar tranquila y amable, lo hacen sentir a uno realmente como un hermano, como él mismo llama a los que comparten sus sentimiento. Recién llegado a Buenos Aires para brindar un concierto en el Teatro Colón, lo visitamos en su hotel para conocer un poco más acerca de su arte y de su vida.



Usted dice que prácticamente no recuerda cuándo tomó la guitarra por primera vez, que siempre estuvo presente y eso se nota en su manera fluida y única de tocar…

La guitarra es algo que ha sido parte de mí, parte de mi cuerpo, parte de mi espíritu. Mis primeros recuerdos son de escuchar a mi padre tocar, que era maravilloso. Él me recibió con la guitarra y yo lo despedí con la guitarra.

La manera en que mi padre transmitió a mis hermanos y a mí, y a todos los que estudiaron con él, los que lo rodearon, el amor que tenía por la música y lo que la música le hacía a él, lo que le hacía sentir. Transmitir esa pasión es lo importante. Una vez que el músico siente verdadero amor por la música y por el instrumento que toca ya todo va solo, ya todo rueda. Y mantenerlo vivo a través del tiempo, de la trayectoria profesional, no dejar que los viajes, la presión de tener que hacer hoy aquí un concierto, mañana allí otro, y todo lo que va con los altos y bajos de un profesional. No dejar que eso dañe ni eclipse en ningún momento ese amor, esa pasión y esa relación que tiene el músico con su instrumento privadamente.

Cuando está el músico, en mi caso el guitarrista, solo con su instrumento, ahí es donde hay que poner toda el alma, porque eso es lo que uno luego lleva al escenario, lo que uno lleva al micrófono cuando está haciendo una grabación. Es importante sentirlo en todo momento, renovarlo todo los días y sentir la relación entre los sentimientos personales y como todo se relaciona y se convierte en música. Como decía Joaquín Rodrigo: “Al final cuando morimos hasta nosotros mismos nos convertimos en música”.


A los siete años de edad tocó por primera vez en una sala de conciertos: el Teatro Lope de Vega de Sevilla. ¿Qué recuerdo tiene de ese primer concierto?

La felicidad de estar tocando con mi padre. Para mí era lo mismo tocar en un teatro que tocar en la casa para un amigo que llegaba. Me acuerdo que toqué la Gavotta de la 4ta suite de Bach y Sevilla de Albéniz, pero sé que toqué varias cosas más. Fue una sensación feliz. El tocar conciertos siempre ha sido para mí una sensación de felicidad.


¿A esta altura ya no siente presión?

Siempre hay presión, pero la que se pone uno mismo. Y la presión es de no estropear la música. Yo no siento presión de tener que demostrar si toco mejor o peor. Siento la presión de que quiero que la música salga lo más cerca posible de lo que escribió el compositor, que lleve parte de mi alma y de mi cariño, y que le dé de gozar a los que la escuchan. Que sientan y compartan conmigo el sentimiento que yo tengo por la música.

Creo que la música en realidad es para glorificar a Dios, dar alegría al que la escucha y que pasen un buen tiempo que los alivie un poquito de la dureza que tiene la vida que cada día es más dura. Que nos aleje de eso y estemos un tiempo en unión con nuestra propia alma, con nuestro propio sentir.


¿Cómo ha sido su relación con el compositor Joaquín Rodrigo?

Mi familia entera tuvo una relación muy, muy cercana a Rodrigo. También a Torroba y a muchos otros. Pero Rodrigo fue como un miembro más de la familia, fue como si fuera un tío. Pasé mucho tiempo con él, en vacaciones, él en nuestra casa con su esposa, con su hija y con su yerno, nosotros con él. Lo vi componer, trabajé  mucho con él en muchas de sus obras, estrené tres de sus cinco conciertos para Guitarra y Orquesta. El Concierto de Aranjuez lo estrenó Regino Sainz de la Maza; la Fantasía para un gentilhombre la estrenó Andrés Segovia; Concierto Madrigal de 2 guitarras, mi hermano Ángel y yo; Concierto Andaluz para 4 guitarras mi familia y yo; y Concierto para una Fiesta, yo.

Trabajar todas esas obras y luego también el Aranjuez, la Fantasía y muchas otras para guitarra solista: “Invocación y danza”, “3 piezas españolas”, todas esas piezas las fui consultando con Joaquín Rodrigo y muchas están editadas con mis digitaciones. Porque él era muy particular en el sonido que quería escuchar y la digitación -que como bien sabrán- forma parte de la interpretación. Joaquín quería que sonara lo más libre posible pero que tuviera un cierto timbre, así que trabajé bastante con él en eso. Era un maravilloso pianista, todo lo que escribía aunque fuera para guitarra tenía cierta visión pianística y, muchas veces, yo le decía: “Maestro, si lo hago así; si pongo este acorde de esta manera”, pero él respondía: “No, toca lo que yo he puesto” y yo volvía a insistir: “Y si lo hago de esta otra manera...”. “Ah, así sí”, decía Joaquín. Es decir, sabía muy bien lo que quería y lo escribía todo en su mente. De hecho cuando él componía improvisaba mucho en el piano, luego se sentaba con una maquinita con la que sólo ponía el nombre de las notas y ahí escribía un guión, un recordatorio. La realización de la obra en si la hacía mentalmente, solo. Una vez lo ví mientras estaba en completo silencio sentado en su sofá y uno no sabía si estaba meditando, durmiendo la siesta o componiendo. De vez en cuando hacía algunos ruidos “eeee...” y cuando ya la tenía en su mente entonces venía el copista -que en sus años de juventud era su esposa Victoria-, y él le dictaba. En las orquestaciones dictaba instrumento por instrumento, de principio a fin. Así que tenía perfectamente escrito en su memoria las obras y luego se acordaba de todas.


Como Mozart...

Sí, era impresionante. Cuando yo participé en un documental que se hizo “Shadows and light” (Luz y sombra): Rodrigo a los 90, para celebrar su cumpleaños 90 -todo se hizo en España excepto la actuación del concierto de Aranjuez que fue en Londres con la Academia- pues ahí, entre una toma y otra, tocó para divertirse “El arte de la fuga” de Bach, con 90 años. Era muy vital.

Fue un privilegio escuchar de su propia boca qué le había inspirado a escribir determinada obra. También fue muy importante trabajar con él en muchas de sus canciones, porque todo el mundo lo conoce por sus obras para guitarra y sobre todo por el Aranjuez. Pero era muy importante en su vida interna las canciones que escribió tanto para voz y piano como para voz y guitarra. Era un gran enamorado de la literatura y trabajar juntos en canciones como “Coplas del pastor enamorado” fue muy bonito. Muy emotivo.

 

¿Le vienen recuerdos cuando interpreta obras suyas?

Sí, hay veces que vienen. Pero principalmente la música te lleva por donde ella quiere y eso es lo bonito que tiene. Aunque se toque mil veces lo mismo, porque yo he tocado el Aranjuez un montón de veces, cada vez me lleva por un camino que es nuevo, que es fresco.


Justamente eso queríamos saber. ¿Cómo se renueva el entusiasmo ante una obra que  ha tocado infinidad de veces?

Yo digo que es dejándote llevar por ella. Cuando empiezas, el guitarrista crea el espacio, el silencio y entonces la música viene y te lleva por dónde quiere y cómo quiere. Y seguro que con una obra con la que uno tiene ya una relación tan larga y profunda, tiene sus ideas formadas, pero es como sentarte a hablar con un amigo de años o como un matrimonio que lleva 50 años de casados que todavía están enamorados, que se queden solos y aún hablan. Eso es lo que siento con este concierto y el día que no lo sienta lo dejaré de tocar. Yo espero que eso nunca pase.


¿Se acuerda en qué año lo interpretó por primera vez?

Yo tenía 24 o 25 años. No lo toqué antes porque mi padre tenía una especie de mandato familiar en el que si un hermano tocaba una obra no podía hacerlo el otro para que no hubiera rivalidad y con mi hermano Ángel echamos a cara o cruz el Aranjuez y el Giuliani op. 30 en La mayor. A mí me tocó el Giuliani. Fue maravilloso porque continúa siendo muy particular para mí, fue la primera obra que toqué con mi queridísimo amigo Neville Mariner y de ahí salió la relación de más de 30 conciertos que tengo grabados con Phillips con Neville. Luego cuando comenzamos a grabar fuerte, yo con Philips y mi hermano con EMI, ya todos teníamos que tocar todo.


Ahí el mandato venía de otro lado...

Ahí venía por otro lado… Pero siempre hemos mantenido esa relación entre nosotros de no rivalidad, de sacar lo bonito que el otro hace, de disfrutarlo. Eso fue un fruto de la gran inteligencia que tuvo mi padre, como maestro también.

 



 

En la Argentina hay una tradición muy fuerte de la guitarra en la música popular y también en la guitarra de concierto, conoce o tiene alguna referencia de la música argentina.

La música argentina a mí me entusiasma. Tengo uno de mis mejores amigos que es un gran guitarrista argentino, Jorge Morel. Nos conocemos desde que éramos jovencitos. Teníamos 19 o 20 años cuando nos conocimos. En Argentina han tenido a verdaderos genios de la música. El género popular del Tango a mí me encanta y muchas mañanas cuando estamos mi esposa y yo lo pongo para escuchar. Me encantan los tangos antiguos y también los de Astor Piazzolla. En lo que es la guitarra clásica han tenido a la discípula de Miguel Llobet, María Luisa Anido. Y tienen una gran tradición de guitarra a la que yo admiro y quiero.


¿Hay algún compositor reciente o más actual de obras para guitarra que lo entusiasme?

Últimamente he realizado varios estrenos del compositor andaluz, Lorenzo Palomo: Concierto Nocturno de Andalucía, está grabado con el maestro Rafael Frühbeck y la Orquesta de Sevilla; el Concierto de Cienfuegos para cuatro guitarras, también está grabado. Y canciones. Ciclos de canciones bellísimos hechos con poesía de mi padre que se llama Mi jardín solitario que lo grabé con la cantante María Bayo. Hay grandes obras que no son conocidas, por ejemplo el concierto de Monsalvatge. Últimamente toqué un concierto también de Palomo para violín y Guitarra que se llama Fulgores, muy bonito.


Aquí estamos un poco alejados, no llegan lamentablemente muchos discos y muchas de las obras que está nombrando...

En Europa no se conocen tanto tampoco...


¿Y con algún compositor norteamericano tuvo algún acercamiento? (Pepe Romero vive en San Diego desde los años 50’ cuando toda su familia emigró de España por su animadversión al Franquismo).

Sí. Uno de mis conciertos favoritos, una de las grandes obras de la música americana del siglo XX es “Música de los trovadores”, del ya fallecido Morton Gould. También una obra del compositor japonés-americano Poul Chihara, que también la tengo grabada con Neville Mariner y con la Sinfónica de Londres. Una obra bellísima de un compositor de Los Ángeles.


Han circulado por internet ya desde hace varios años, algunos consejos suyos para los guitarristas y la preparación antes de un concierto. Teniendo en cuenta que esta pareciera ser la época donde más guitarristas hay. ¿Qué consejo se le puede dar a un joven que está estudiando y queriendo hacer carrera?

En la época de mis padres y cuando yo era chico había muchos menos guitarristas, poquísimos.

Les aconsejaría pensar en lo que sienten, en el sentimiento de la música y alejarse del ego, que por supuesto es difícil hacerlo. Dejar de pensar que tú estás haciendo algo. Es ponerse al servicio de la música. Hacerse parte de la experiencia qué está pasando pero que no eres tú que la estás haciendo. Eres quien la está sintiendo, está pasando a través tuyo. Ponerse y sentir la hermandad. Para mí fue muy fácil porque tengo dos hermanos guitarristas, pero en realidad todo el que toca la guitarra con amor es mi hermano. Somos todos... mi padre decía que los guitarristas somos muchos pero hay un gran guitarrista que toca a través de todos nosotros. Y hay que sentir ese cariño por los colegas. Además para aprender a tocar en público hay que aprender a escucharlos y sentir esa unión cuando estás en un concierto de un colega. No estar pensando si hay una equivocación o si se le olvida a uno algo. Lo importante es la esencia de la música que se está haciendo y concentrarte en eso. Y antes de salir a tocar, dedicarlo. Hay que dedicarle el concierto o lo que estás haciendo a alguien o a algo. Salir ya con eso que te une a tu propia fuente de donde siente uno el amor. Porque la música sale del mismo sitio que se siente el amor y cuando estás en el acto de sentir amor es incompatible con sentir miedo. Y lo que estropea un concierto es el miedo. Pero si estás concentrado en el cariño, sabes que tienes el público lleno de gente que está ahí para sentir lo mismo que tú, entonces son tus amigos, los tienes que abrazar mentalmente. Es una preparación emocional. La tendencia antes del concierto de los guitarristas, de todos lo músicos, es concentrarse en la técnica, pensar los últimos repasos, las últimas cosas. La técnica la tienes que tener ya hecha y dejar que el cuerpo toque y uno concentrarse en lo emocional de la música.


¿Qué otras actividades disfruta además de la música?

Me encanta leer. La literatura me vuelve loco. Escuchar música de otros instrumentos. La ópera, la canciones, Schubert, Schumann, la zarzuela y la música como el tango, el flamenco, la música latinoamericana, me vuelve loco también. Y también pinto. Cuando tengo tiempo, pinto.


Lo vimos en unas de sus últimas fotos jugando al ajedrez...

Oh... eso fue en Alicante. Hace mucho tiempo yo era un fanático del ajedrez. Hacía 25 años que no jugaba.


Entonces esa partida parece que la perdió... ¿O la ganó?

Jaja..jugamos dos partidas. Y en la primera me quedé un peón detrás y entonces dije “para qué voy a quedarme aquí, si el otro sabe jugar bien ya está perdida”, así que me rendí. Entonces jugamos otra partida y esa la gané. Así que perdí una y gané otra.


Este viernes va a interpretar un concierto escrito por el director de la Orquesta Filarmónica, Arturo Diemecke, ¿qué nos puede comentar de esta obra que aún no conocemos?

Está dedicado a la memoria de mi padre, el concierto se llama “A Celedonio”. Pero también tiene un juego de palabras “A Celedonio” “Accellerando”.


¿Se viene movido entonces?

No empieza movido pero va en un crescendo y acellerando con una pausa en el centro de un movimiento bellísimo, de muchísimo sentimiento. Y pues les dará una sorpresa la cadencia del final.


Estamos expectantes.

Está grabada en actuaciones pero no sé si ha salido. Estaba planeado que saliera la versión del estreno que hicimos. Es un concierto muy bello y el final es bastante divertido.


Vamos a estar atentos...

Aunque no estén atentos, lo verán. Porque en la cadencia es una escala acelerada, larga, que va como en forma de rueda y cada vez rodando más rápida y hay una participación del Director. Su participación es esencial.


¿Qué expectativas tiene para el concierto del viernes?

Disfrutarlo, pasármelo de maravilla. Disfrutar de estar aquí y del increíble teatro que tienen.

 

Entrevista: Maxi Luna y Nicolás Gagliani

Ph: Pablo Mereu

Edición: Gabriela Levite

 



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