Sinfónica Nacional en el CCK, Jane Coop en la Usina



 

CCK

            El CCK inició su temporada manteniendo las pautas generales de la temporada anterior: una cantidad descomunal de eventos muy variados y en diversos ámbitos. Su director sigue siendo Gustavo Mozzi y el Titular (no Ministro, como suelen llamarlo) del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos es como antes Hernán Lombardi; a su vez tiene cierto grado de injerencia (poco determinada ante la opinión pública) la Secretaria de Contenidos Públicos Gabriela Ricardes. A diferencia de años pasados, donde actos en La Cúpula presentaron la programación anual con gran presencia de figuras importantes, este año se sabe poco qué ocurrirá durante los próximos meses; quizás estén afectados por la directiva del Gobierno Nacional de recortar el presupuesto ante la necesidad de bajar costos. Sea como fuere, resultó una odisea para mí obtener a fines de febrero que me pasaran por Internet la programación de Marzo. Y ante las críticas institucionales que este periodista envía a Prensa, la respuesta es nula; ¿son ellos los que no quieren contestar o tienen directivas al respecto?

            El análisis de Marzo dio como resultado que los conciertos clásicos programados fueron pocos; quizá varios ciclos que están in mente de Mozzi todavía no pueden anunciarse. Me consta que algunos artistas amigos han mantenido conversaciones con él pero faltan detalles para poder concretar un anuncio. Veremos si Abril y el resto de la temporada son   más abundantes. Anoto a titulo informativo algunas fechas a las que no asistí o no asistiré por diversas razones pero que tienen nivel artístico. Febrero 25: Gala de las Orquestas Infantiles y Juveniles, con Gorelik, Vieu y Atela. Marzo 10: Recital de Sebastián Achenbach (órgano). Marzo 15: Organista croata Mario Penzar. Marzo 27: Misa de Santa Cecilia de Gounod. Marzo 28: Coro Polifónico Nacional en Misa de Cherubini y Salmo 42 de Mendelssohn. Sí fui, pero no lo comentaré por considerarme poco informado al respecto, a la presentación el 2 de Marzo del teatro sánscrito Kutiyattan Kendra del Estado de Kerala (India) en el Salón de Honor. Y asistí a lo que motiva este artículo, el comienzo de la temporada de la Orquesta Sinfónica Nacional el 14 de marzo con repetición el 16: nada menos que la Sinfonía Nº2, “Resurrección”, de Mahler.

            Veamos primero los aspectos negativos. La Ballena Azul, como prefiero llamar a la denominada desde el año pasado Sala Sinfónica (título degradado por múltiples actividades allí que nada tienen de sinfónico), a pesar de que sé que hay un juego terrible ruso con ese nombre; pero en efecto el casco que contiene a la sala parece una ballena y es azul; además sigue siendo la sala natural de la Sinfónica Nacional, involucrada desde los planos originales en el diseño del escenario (y de la sala de ensayo subterránea), que ha demostrado ser perfecto en su forma y en los émbolos que permiten subir o bajar las gradas según las necesidades. Pero Lombardi no accede a darle a la Sinfónica el lugar o la importancia que merece y les mezquina comodidades que necesitan para funcionar bien (baste mencionar que el Programador Ciro Ciliberto no tiene oficina y debe trabajar en otro edificio). Y las lacras en la Ballena son las mismas año a año: a) Si bien mejorada, la acústica sigue siendo estridente en fortissimi; b) los programas de mano son miserables: no dan lugar para comentarios sobre las obras, sólo biografías y nóminas de intérpretes, y en un color oscuro que dificulta la lectura e impide hacer anotaciones; c) una aberración extraordinaria: carece del equipo fundamental para proyectar los textos de las obras vocales (que no están en el programa de mano), de modo que salvo los conocedores aficionados o profesionales el gran público se queda en ayunas cuando presencia una obra como esta sinfonía mahleriana; d) el lamentable proceso de conseguir las entradas, ya que tras ser reservadas por Internet hay que   llegar dos horas antes para retirarlas en Planta Baja y las entradas no son numeradas; e) la absurda gratuidad (que sólo el mago Barenboim logrará quebrar para sus conciertos con la Staastkapelle de Berlín); f) la no menos absurda presencia de bebes, g) y en el caso de los periodistas, no reservarles lugares, cosa tan fácil de hacer; sólo nos dan un acceso sin trámite previo excepto avisar que uno va. Todo esto no se arregló, a lo que agrego que este año el calendario, como mencioné, está disponible tardíamente. No hay dónde estacionar, pero allí culpo a la Casa Rosada que se adueñó de la playa subterránea enfrente del ex Correo.  Y el nombre real, que no acepto, no hay señal de cambiarlo. Claro que hay un amplio público que llega por colectivo o por subte y que apoya con entusiasmo  a la Sinfónica; me pregunto qué pasaría si tuvieran que pagar algo bien bajo como el valor de una entrada de cine: la Sinfónica es tan buena como la Filarmónica de Buenos Aires, pero para ver a esta última hay que pagar y muy caro en las mejores entradas. En suma, voy a ese ámbito por que no me quiero perder eventos musicales que considero valiosos y aunque aprecio la belleza y existencia de la sala lamento que la acústica no se haya logrado plenamente. Pero tanto allí como en el caso de la Usina del Arte sé de muchos melómanos que por las dificultades de acceso o por inseguridad no quieren ir. Y no deja de alarmarme que en una larga entrevista de Pablo Gianera a Mozzi en La Nación ni se mencione a la Sinfónica; ¿Mozzi no quiso o Gianera no le preguntó? No trataron un tema crucial.

            Y ahora vamos a la actualidad de la Sinfónica. Se recordará que en los últimos meses del año anterior, como consecuencia de múltiples vicisitudes inaceptables, una instrumentista se dirigía al público y les contaba los reclamos básicos de la Orquesta al Ministerio de Cultura y la falta de reacción tras meses de espera. La Orquesta había resuelto dar los conciertos por consideración al público (y creo yo también porque una huelga larga podría ser contraproducente) y en consecuencia como protesta tocaban en ropa de calle. Esta vez las cosas cambiaron: no hubo mensaje al público y los músicos estaban vestidos en sus atuendos negros normales de concierto. Los miembros del público supongo que interpretaron que las cosas andan mejor, pero no se les dijo nada. Por mi parte averigüé que hay una programación anual tentativa y la conozco pero no estoy autorizado a divulgarla y yo respeto a mis fuentes. Pero sí puedo y debo decir que uno de los reclamos básicos finalmente se concreta: habrá concursos para cubrir un número considerable de vacantes que habían sido cubiertas por contratados…a  los que no se les pagaba. Y bien, se cubrirán cargos vacantes desde Marzo 19 a Abril 9; luego la Orquesta viaja a Bariloche para un concierto dirigido por Günter Neuhold, y desde el 18 al 25 de Abril siguen los concursos. Recién volverían el 4 de Mayo a la Ballena. Si hubo novedades en otros rubros no lo sé (pagos pendientes, mejoras de sueldos). Sí puedo agregar que cuando se repitió la Segunda de Mahler el 16, previamente se homenajeó a un  alto número de jubilados de la Orquesta, lo cual es no sólo plausible y justo sino que expresa un espíritu de camaradería y comunidad esencial en una orquesta.

            La Segunda de Mahler me es muy cercana desde 1952, cuando yo tenía 13 años y entusiasmado por haber escuchado la Primera en concierto y por la grabación de Mitropoulos/Minneapolis pedí a mi abuela que me trajera la Segunda (ella iba a New York y en esa época muy pocos vinilos llegaban aquí); me la trajo junto con muchas otras obras que le puse en una lista sin esperanza de que me las trajera todas, y sí, todas vinieron… Era la primera grabación en vinilo de la Segunda: Klemperer con la Sinfónica de Viena en Vox; la escuché una infinidad de veces y ya joven adulto conseguí la partitura Universal y también conseguí otras memorables grabaciones. Gradualmente la Segunda fue abriéndose paso aquí después de su estreno no muy feliz dirigido por Aristóbulo Carlos Paita con la Orquesta de LRA Radio del Estado en 1965 (Paita lamentablemente intrigó luego para lograr el cierre de esta orquesta en el gobierno de Illia, despechado porque no lo nombraron Director Estable de la misma). Para comparar, yo escuché en  concierto siete versiones de la Primera entre 1953 y 1963; ya era obra de repertorio. Ahora se han estrenado todas, incluso la Décima completada por Cooke.  Y hubo grandes versiones de la Segunda, como las de Decker con la Filarmónica y de Diemecke con la Sinfónica, e incluso una memorable de la Filarmónica de Israel con Mehta (es raro que una orquesta extranjera la haga aquí debido a las dos solistas vocales y al coro).

            No deja de asombrarme que el director Günter Neuhold, tan vapuleado por el Ministerio, quiera volver; la única explicación teniendo en cuenta su indudable jerarquía es que siente afecto y respeto por la Sinfónica y que ésta sabe que tiene al frente a un maestro muy capaz  que se solidariza con ellos. En efecto, no sólo no le pagaron varios conciertos sino que la gira de la Sinfónica que hubiera debido tener lugar a China y Corea del Sur fue compaginada por Neuhold y a sólo tres meses de viajar allá fue cancelada por el Ministerio de Cultura y la Cancillería; un bochorno insultante para el país, la orquesta y el Director y un fracaso diplomático.

            Pero aquí lo tuvimos nuevamente, esta vez al frente de esta muy difícil obra, junto al Coro Polifónico Nacional y a dos notables solistas que forman parte del Coro: la soprano Carla Filipcic Holm y la mezzosoprano Florencia Machado. Se inicia la enorme partitura con un terrible movimiento basado sobre una versión alternativa denominada “Totenfeier” (“Funerales”); en él se alternan la marcha fúnebre con melodías de punzante belleza. No cabe duda: la Muerte domina a todos los seres humanos. Pero en los dos siguientes movimientos se evocan momentos tiernos de esas vidas con otros satíricos o angustiosos, alternando con ciencia orquestal superlativa y con la más absoluta minucia la esencia melódica centroeuropea con salvajes incursiones contrastantes, mezcla que sigue fascinando tras docenas de  veces que uno la escucha. Mahler decía que cada sinfonía suya era un universo; y aquí innova en las huellas del Beethoven de la Sinfonía Coral aunque con algo que no se había hecho: una canción triste y metafísica a cargo de la mezzosoprano, “Urlicht” (“Luz Primigenia”) de esa recopilación de poemas populares, “Des Knaben Wunderhorn”, a la que volverá Mahler una y otra vez en su carrera. Y luego, el gigantesco quinto movimiento en el cual tras un inicio tremendo se pasa por las más variadas instancias de los dramas de la vida y de los temores ante el Juicio Final antes de que misteriosas llamadas lejanas pianissimo nos lleven a la oda de Klopstock sobre la Resurrección (“Auferstehung”) con la entrada ultra pianissimo del coro mixto a capella. Gradualmente se añaden la soprano y la mezzo y la música se va haciendo más radiante y emotiva a medida de que los seres resucitan y cantan su trascendental alegría, hasta  esos minutos finales que se cuentan entre lo más impactante de la Historia de la Música.

            Neuhold, nacido en Graz (Austria) en 1947, es un artista de vasta experiencia y ha demostrado su valía en anteriores visitas. Su estilo de dirección es muy claro y preciso y cree en hacerle caso a las partituras, estudiadas a fondo. Con una orquesta atenta que tocó muy bien salvo minúsculas pifias de bronces (exigidos ferozmente por el autor) y un enfoque del director siempre coherente y controlado, hubo algunos momentos a los que les faltó más energía (en el Tercer movimiento, por ejemplo) o mayor vuelo poético como lo sabía infundir Decker, pero esta Segunda tuvo muy buen nivel. El Coro Polifónico Nacional fue dirigido esta vez por José María Sciutto, sólido maestro de buena actividad en Italia y Estados Unidos; figura cono Director a cargo del Polifónico, lo cual parece significar que ya Alonso, nombrado el año pasado como Director y de amplia actuación en Francia, no tiene relación con el Coro. Sin embargo, nada leí en el diario al respecto. Sciutto ha trabajado antes con el Polifónico, y la música coral se escuchó con calidad de timbre y buenos matices. Y como era de esperar, la luminosa voz de Filipcic Holm y el sensible fraseo de Machado fueron aportes positivos. La ovación final duró muchos minutos y la sala estaba repleta.  Si hubo estridencia hay que achacarlo a la acústica, no a los intérpretes.

 


 

 

USINA DEL ARTE

 

            Sin duda la conversión de la vieja usina a la actual, “del Arte”, ha sido un trabajo noblemente hecho: el edificio luce, las dos salas son buenas. Cuando se hizo fue parte de la idea del Pro de desarrollar el Sur de la Ciudad, en este caso en la Boca y sobre la Avenida Pedro de Mendoza (aunque den la dirección como en la calle Caffarena, se entra justo por la esquina). Hubo ese avieso disparate de anunciarla como sede definitiva de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires pero esa trama ridícula pudo desbaratarse. Como corresponde, la Filarmónica hace su temporada en el Colón como una de sus dos orquestas, aunque la Estable no aceptó que se le añada “del Colón” a la Filarmónica. Ahora la Filarmónica da conciertos también en la Usina pero como invitada.

            En sus años iniciales Gustavo Mozzi la dirigió muy bien, con una adecuada selección de conciertos clásicos y populares, e incluso alguna ópera, y ciertas funciones eran pagas a precios razonables, aunque la mayoría eran gratuitas. Pero luego Mozzi pasó al CCK, y tras una mala transición la Usina pasó a las manos de Adrián Iaies, que como buen jazzman puso el acento en lo que más conoce, aunque también mezcló muchos conciertos de música popular de variable calidad y permitió grupos rockeros tocando en las alturas del patio de ingreso con los decibeles a todo trapo, o armar una exposición en el piso más alto con una música ambiental morosa y amarga que se escucha desde Planta Baja. Quedó poco espacio para la música clásica, no siempre bien elegida.

            Este año ya empezaron el 3 de febrero; yo comenté un concierto notable, el de la Orquesta del Teatro Argentino dirigida por Pablo Drukker el 25 de Febrero. Hay un ciclo de conciertos breves (no más de una hora sin  intervalo) en la Sala de Cámara los domingos a las 11 ya iniciado en Febrero. Otro ciclo se añadió en Marzo, Casi famosos, los sábados a las 12 en la Sala de Cámara. Y otro más a partir del 10 de Marzo, Música explicada, ciertos sábados a las 20 también en la Sala de Cámara. Y un par de conciertos sueltos en el Auditorio: la Agrupación Sinfónica de Morón en música clásica y popular el 11 a las 12; y la Academia Bach de Buenos Aires el 29 a las 20.

            A mí me atrajo el debut en nuestra ciudad de la pianista canadiense Jane Coop el domingo 4 a las 11 con un programa dedicado a Beethoven y Rachmaninov. (Ella también participó en Música Explicada el sábado 10). Ha tenido una distinguida carrera en su país pero además ha tocado  con orquestas del nivel de la Filarmónica Real de Londres y la de Radio Baviera. Además fue profesora durante treinta años en la Universidad de British Columbia en Vancouver.  

            Aparenta unos cincuenta años y ejecuta con fino toque y límpido fraseo. Su técnica es ágil y grata, con muy ocasionales errores, y comunica su afecto por la música elegida. Me gustó que empezara con las frescas y ocurrentes Siete Bagatelas op.33 de Beethoven, algunas llenas de sorpresas rítmicas y armónicas  y otras melódicas y bellas; estuvieron muy bien tocadas salvo la segunda, fraseada de modo algo excéntrico y con algún tropiezo. Luego, el complejo Étude-Tableau Op.39 Nº8 de Rachmaninov, ejecutado con autoridad y comprensión del estilo. Siguió una versión muy válida de la tan trillada Sonata Nº14, “Claro de Luna”, de Beethoven, con buenos tempi (velocidades) y sin caer en el exhibicionismo en el arduo Presto agitato, hábilmente controlado. Luego, el virtuosístico arreglo de Rachmaninov (suena muy bien) del Scherzo de “El Sueño de una Noche de Verano” de Mendelssohn, en versión brillante y exacta. Por último, el extenso y muy elaborado Preludio Op.32 Nº13 de Rachmaninov en una interpretación muy cabal. Jane Coop es una artista que valió la pena conocer.

            Un párrafo final sobre una realidad: no es fácil llegar a la Usina y con coche puede funcionar o no, según esté disponible todavía alguno de los lugares enfrente de la Usina donde se puede estacionar a 45º, o si está abierto el estacionamiento bastante amplio de la cuadra siguiente; ese día pude colocar el coche en la primera variante; menos mal, ya que el tramo de calle de acceso al estacionamiento estaba cerrado por obras.  Si se va por transporte público es complicado e inseguro de noche, y los taxis son raros. Policía: la hay en la zona de la Usina, pero si se debe caminar las cinco cuadras a Almirante Brown no tomar Caffarena, muy oscura, sino una cuadra más lejos el bulevar Ortega y Gasset, bastante iluminado. Eso sí, conseguir las entradas es más fácil que en el CCK; al menos no hay que ir dos horas antes.  Tampoco en la Usina se puede obtener una programación anual, de modo que hay que ir explorando por Internet ya que los diarios se ocupan poco de la Usina o del CCK.

 

Pablo Bardin




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