Salzburgo, una ciudad que late al ritmo de Mozart



 Indudablemente le sobran atributos para justificar su posición como punto turístico. Pero sin duda uno de sus mayores atractivos es el hecho de ser el lugar de nacimiento de uno de los más grandes músicos de todos los tiempos:

Wolfgang Amadeus Mozart.

 

Salzburgo es una hermosa ciudad ubicada en el centro-norte de Austria, rodeada por montes, atravesada por el río Salzach y con la vista de los Alpes con sus nieves eternas como telón de fondo. Fundada en el siglo VIII, posee un pintoresco centro histórico, de calles angostas y adoquinadas, pequeños pasajes, edificaciones coloridas, amplias plazas y jardines, una imponente fortaleza medieval vigilando desde lo alto de la montaña Mönchsberg y numerosas catedrales e iglesias. Indudablemente le sobran atributos para justificar su posición como punto turístico. Pero sin duda uno de sus mayores atractivos es el hecho de ser el lugar de nacimiento de uno de los más grandes músicos de todos los tiempos: Wolfgang Amadeus Mozart.

 

 

En la calle todo habla de Mozart, su estatua nos recibe al entrar por la Mozartplaz, más adelante encontramos una escultura de Papageno, el simpático personaje de “La Flauta Mágica”, cafés, bares y restaurantes llevan su nombre y en los negocios, supermercados y tiendas callejeras podemos encontrar los más diversos e inimaginables artículos dedicados a su figura: desde vinos, licores, chocolates y confituras varias; hasta pañuelos descartables, cajitas de música, tazas, bandejas, remeras y paraguas.

 

Es indispensable visitar la casa en la que nació Mozart y también aquella en la que vivió hasta radicarse definitivamente en Viena. La primera, ubicada en la Getreidegasse, es fácil de encontrar; sólo hay que buscar el lugar en el que se agolpan los turistas tratando de tomar fotografías. En la fachada, pintada de un color amarillo ocre, por si quedaba alguna duda, una placa nos indica: “En esta casa nació Wolfgang Amadeus Mozart el 27 de enero de 1756”. La vivienda de la familia Mozart, ocupaba el tercer piso del edificio, y sin ser demasiado lujosa, contaba con ciertas comodidades no tan comunes para la época: baño, calefacción y desde luego, una sala de música, en la que el padre, prestigioso violinista, compositor y pedagogo del principado de Salzburgo, inició a los hermanos en el oficio musical y se deslumbró con los precoces dones del niño. Hoy, en la casa, devenida en museo, se encuentran algunos pocos artículos originales, como una viola, correspondencia, el retrato más preciso que existe de Mozart, y hasta un mechón de su pelo. El resto son réplicas y facsímiles de partituras.

 

En el segundo museo, ubicado en la calle Makartplatz, un poco más interactivo y autoguiado, podemos sí ver más objetos originales: un pequeño piano forte del año 1780, atribuido al vienés Anton Walter y que Mozart utilizaba para sus conciertos en salas de cámara; un órgano; violines y algunas partituras manuscritas o primeras ediciones. También posee un sala acondicionada para sentarse a disfrutar algunas de sus piezas más famosas, un espacio para que jueguen niños y grandes, y desde luego la infaltable tienda de souvenirs alusivos.

 

La visita no puede terminar sin antes acercarnos a disfrutar alguno de los numerosos conciertos dedicados al genio de Salzburgo, como así también a otros clásicos del género, como Haydn, Schubert y Beethoven. La nutrida variedad de ofertas musicales va desde la posibilidad de disfrutar de grandes figuras de la actualidad como también de pequeños ensambles formados, en su mayoría por músicos locales. Entre estos últimos, abundan los egresados del Mozarteum, lugar en cuya biblioteca especializada, previa cita por mail, se puede revisar una interesante cantidad de ediciones antiguas de la obra de Mozart.

 

Además del Festival de Salzburgo, realizado entre julio y agosto y dedicado a la música clásica en general, la ciudad ofrece cada año, en enero, y desde el año 1956, una semana en honor a su hijo pródigo.

En definitiva, no hay lugar mejor que Salzburgo par conocer más, disfrutar de la música y sentirse un poco más cerca de su ciudadano más ilustre: Mozart.

 

Por Maxi Luna

 




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