En el Met "El Ángel Exterminador", Buñuel por Adés



 

Thomas Adès está considerado actualmente como el más interesante compositor operístico inglés. Antes de ir a ver “The Exterminating Angel” (“El ángel exterminador”) en el ciclo The Metropolitan Opera HD Live, transmitido por satélite al Teatro El Nacional y presentado por la Fundación Beethoven  el 18 de Noviembre, yo hace ya bastantes años recibí y comenté la versión en CD de “Powder my face”, comedia satírica anunciada para el año próximo por la Ópera de Cámara del Colón. Pero además en casa de amigos pude apreciar (y me interesó vivamente) su ópera “The Tempest” (sobre la pieza de Shakespeare) en un DVD del Covent Garden.

Por otra parte, es bien sabido que siendo el Met un teatro sin subsidio y con un público tradicional, pocas veces se arriesga a estrenos contemporáneos. Pero teniendo en cuenta el éxito que sus óperas anteriores habían logrado, el gran teatro lírico neoyorquino se animó, y además lo puso en esta serie HD que nos da una selección del repertorio de la temporada.

Luis Buñuel siempre fue un cineasta controversial, ya desde sus asombrosas películas mudas surrealistas como “El perro andaluz” y “La edad de oro” (que veremos en 2018 en el Colón con música de Martín Matalón). Desterrado a México por su antifranquismo, hizo allí numerosas películas de valor variable, pero al menos dos han quedado como importantes: “Nazarín” y “El ángel exterminador”; si la primera nos llevaba a la angustiante conclusión de que hasta la persona más buena y de mayor entrega social puede ser vencida por las circunstancias, la segunda nos lleva a una historia metafísica ominosa y terrible. Luego vendrán sus películas españolas  tremendas como esa ”Viridiana” en la que un grupo de vagabundos parodian La Última Cena, o las francesas como “Belle de Nuit” en la que una burguesa lleva una doble vida prostituyéndose de noche. El sexo y el cuestionamiento de la fe, lo real y lo irreal, la inmoralidad transgresora, son parte integral de la filmografía de Buñuel, algo así como la versión española de Pasolini pero más variada en estilo y países.

Fue una audacia por parte de Adés el haber tomado como tema para una película esa enigmática y tenebrosa historia buñuelesca de hace unas cuatro décadas. El libreto en inglés de Tom Cairns en colaboración con el compositor se basa en el guión de Buñuel y Luis Alcoriza de la película. La historia transcurre en España en los años 60 del siglo pasado, y teniendo en cuenta que la historia hubiera podido transcurrir en cualquier ciudad occidental de habla inglesa, porqué no adaptarla a Londres o Nueva York evitando la incomodidad de que artistas bien ingleses se llamen, p.ej., Silvia de Ávila en la ópera.

Se divide en tres actos muy contrastantes que en un 90% tienen lugar en el mismo ámbito, un salón de invitados en una mansión. En el Primer Acto uno tarda en entender adónde quiere llegar el libreto pero gradualmente se va haciendo más claro. Ya antes de que lleguen los invitados empiezan a pasar cosas raras. Tanto el criado Lucas (que logra escapar) como las criadas Meni y Camila (que lo intentan pero el Mayordomo lo impide) sienten que algo malo va a pasar pero no atinan a decir qué. Los anfitriones son Edmundo y Lucía De Nobile. Los invitados van llegando: son la cantante Leticia, Leonora Palma, Silvia y Francisco de Ávila, Blanca Delgado, Alberto Roc, Beatriz, Eduardo, Raúl Yebenes, el Coronel Álvaro Gómez, el Señor Russell y el Doctor Carlos Conde. Una docena. A medida que transcurre la acción los iremos conociendo.

Al parecer Lucía tenía preparados algunos “entretenimientos”, entre ellos que el camarero se caiga estrepitosamente con el primer plato, cosa que no cae nada bien; verdaderos corderos (supongo que una novedad para el Met) y un falso oso son trasladados al jardín. Los sirvientes restantes abandonan la casa y sólo queda Julio (el Mayordomo). Blanca toca el piano, Eduardo y Beatriz bailan, Leonora coquetea con el Dr. Conde y lo besa. Conde informa a Yebenes que ella está gravemente enferma y pronto morirá. En el guardarropa Lucía besa a su amante secreto, el Coronel Gómez. Pese a que es muy tarde, ningún invitado intenta marcharse. Se van durmiendo.

Salvo unos pocos minutos de penumbra, sigue el Acto Segundo. Estamos en la mañana siguiente. El viejo Russell está muy enfermo y va a morir pronto. Pronto queda en evidencia que hay una barrera invisible en el cuarto; varios intentan franquearla sin éxito; y desde afuera no pueden llegar las provisiones. Y en la casa no logran llegar a los baños para asearse y está escaseando el agua potable. Algunos se ponen agresivos hacia otros, Francisco se pone frenético. Antes de morir Russell expresa su alivio al no tener que vivir para experimentar la exterminación. Pronto fallece y lo llevan a un armario.

Tras el intervalo, el Acto Tercero, en donde se divide el escenario en una parte derecha, el cuarto de la mansión, y la izquierda, al exterior de ella. Han pasado días y la situación se hace desesperante. La policía hace retroceder a la gente porque nadie de los que lo han intentado logra traspasar la barrera. Adentro la sed  y el hambre corroe a todos y los vuelve irracionales. Se revela el incesto de los hermanos Francisco y Silvia. Leonora tiene visiones, con una daga hiere la mano de Blanca. Eduardo y Beatriz se suicidan. Los corderos se introducen en el salón. En el afuera el Ejército pone la mansión en cuarentena. El Padre Sansón aparece con Yoli, el niño hijo de Silvia, pero tampoco Yoli logra penetrar en la mansión. Los invitados han matado a los corderos y los cocinan. Piensan en un ritual con sangre inocente y quieren utilizar a los suicidados. Pero luego quieren un sacrificio: debe morir Edmundo, el anfitrión; y él está dispuesto a morir. Pero Lucía repentinamente se da cuenta de que todos (salvo los que murieron) están exactamente en el mismo lugar en donde estaban cuando empezó su extraño cautiverio. Y les pide que traten de reconstruir qué pasó entonces; con esfuerzo lo van consiguiendo. Y hay una palabra clave que uno de ellos dijo: Hades. Juntos se aproximan al umbral y cruzan la barrera; el hechizo terminó.  Se encuentran con la gente del exterior. Pero hay una frase final en la sinopsis del programa del Festival de Salzburgo, donde se dio la obra tiempo atrás: su libertad no durará mucho…

 

Una escena de la película de Buñuel

 

Una historia en la que interviene lo metafísico y el más allá, así como la lucha del bien y el mal y las múltiples histerias de los seres humanos ante una situación de emergencia, en las que ninguno de nosotros sabe a ciencia cierta cómo reaccionará. Todo un desafío para el compositor y un gasto muy considerable en material humano, ya que sumando a los doce  invitados los dos anfitriones, los siete sirvientes y el Padre Sansón y Yoli tenemos 23 solistas. Quince de ellos están en escena la mayor parte del tiempo. Y la obra dura dos horas diez minutos. Ello implica que el equipo de cantantes debe ser muy homogéneo (y además al menos en las partes principales presumiblemente hay covers). Y al menos en un caso Adès hace las cosas aún más difíciles, porque ya Ariel en “La Tempestad” estaba cantado por una soprano coloratura especialista en sobreagudos pero a Leticia se le piden notas estratosféricas (creo hasta un La sobreagudo) que sólo escuché en discos a Mado Robin. Creo entonces que los elencos habrán sido similares para Salzburgo, Londres y Nueva York, ya que lograr el punto justo de interacción es muy arduo.

La música tiene momentos serenos y bastante tonales, como lo que Blanca toca al piano, pero otros de total disonancia y fortissimo, así como pasajes de ritmo contundente repetido a la manera minimalista, y músicas vocales de distinto carácter adaptándose a las diferentes psicologías. Las Ondas Martenot ayudan a crear ese clima misterioso que el libreto necesita. Me interesaron más el Segundo y el Tercer Actos que el Primero, pero en total la obra atrapa y es una fuerte experiencia.

Quizá con algún ajuste a la amplia escena del Met (pero también es amplia la Festspielhaus salzburguesa), la puesta es de Cairns, el libretista; el diseño escenográfico y de vestuario, de Hildegard Bechtler; de luces, de Jon Clark; y de proyección, de Tal Yarden. La escasa coreografía es de Amir Hosseinpour y el Director del HD en vivo es Gary Halvorson. Sin pauta de comparación creo que es un trabajo bien hecho e integrado, donde quizá falte algo más ominoso y satánico.

El compositor dirigió la magnífica Orquesta del Met y me pareció muy eficaz; los pocos minutos donde se lo ve dirigiendo lo mostraron con pleno dominio de la situación.

Una voz increíble me impactó, la de Audrey Luna haciendo fiorituras en notas que van más allá de la Reina de la Noche con total naturalidad y belleza; ¿hay otra cantante que pueda hacerlo así? Es muy intensa y dramática, en tesitura bastante aguda sin llegar a ser estratosférica, otra gran voz, la de Amanda Echalaz como Lucía. Hay al menos tres artistas de relevante carrera. Uno es el veteranísimo (diría más de 70 años ) Sir John Tomlinson, ilustre Wotan hará unos 25 años, tratando de imponer orden como el Doctor Conde, pleno de autoridad pese a su voz gastada. Otra es la notable mezzo Alice Coote, muy sólida en Barroco y un buen Octavian, como Leonora. Y el tercero es el grato barítono Rod Gilfry, muy eficaz, p.ej., en roles rossinianos, como Roc.

No conocía a los restantes. Los hermanos incestuosos no me atrajeron, el débil contratenor (¿por qué este registro?) Iestyn Davies, y la descolorida Sally Matthews. La pareja de enamorados que se suicidan me pareció buena: Sophie Bevan, soprano, y David Portillo, tenor. El rol corto pero importante de Russell fue asumido con garra por el barítono Kevin Burdette. El anfitrión Edmundo fue interpretado con valiosos medios por el barítono Joseph Kaiser. Bien cantada Blanca por la bella voz de Christine Rice, y tenores de material interesante y actuación convincente  fueron Frédéric Antoun (Yebenes) y David Adam Moore (Coronel Gómez). Otros elementos positivos fueron el barítono Christian Van Horn como el Mayordomo y Jeö Mattsey como el Padre Sansón.

En suma, una tarde intensa de ópera moderna. Pero si el Colón pensara en otro Adès aparte del “Powder my face” de cámara, preferiría que se estrene “The Tempest”.

 

Pablo Bardin




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