Vibrante y emotivo debut de Javier Camarena en el Colón



Por Pablo A. Lucioni

PH: Arnaldo Colombaroli

Teatro Colón, Abono Verde, 28/7/2017.

 

 

Con un presente brillante y un futuro más que promisorio, el tenor mexicano Javier Camarena llegó por primera vez para cantar en Buenos Aires, en un recital con orquesta junto a la Filarmónica de Buenos Aires. Fue un concierto muy atractivo, donde se pudieron apreciar varias de las razones que lo hacen ser hoy uno de los tenores líricos más solicitados en todo el mundo.

 

Camarena correspondió la efusividad con la que lo recibió el público con unas palabras sencillas en las cuales agradeció a todos, con soltura y simpatía, favorecido por poder comunicarse en castellano con la audiencia. Terminó desplazando al Maestro Diemecke, quien está tan acostumbrado a prologar los conciertos.

Más allá del carisma, la actitud sencilla y amena desde que comenzó, la voz de este tenor nacido en Xalapa, que apenas pasó los cuarenta años, cautivó al público desde que hizo la primer aria de la noche: “Ah lève toi, soleil” del Roméo et Juliette de Gounod. Al terminar recibió una notable ovación, que se repetiría una y otra vez a lo largo de la noche.

Su voz se mostró generosa en la amplitud de la sala del Colón, y aquello que en grabaciones y videos impacta, que son sus agudos timbrados, naturales y atípicamente cómodos, relucieron con igual presencia, intensidad y magia en vivo.

Siguió con la melancólica “Je crois entendre encore” de Les Pêcheurs de Perles de Bizet, una muy brillante “Sì, ritrovarla io giuro” de La Cenerentola de Rossini, también sumamente aplaudida.

Antes del intervalo, terminó con la extrema “Ah! mes amis!... Pour mom âme” de la no tan frecuente La fille du régiment de Donizetti, que se ha vuelto un caballito de batalla para él. Esta aria de Tonio, el protagonista, tiene en la partitura nueve dos sobreagudos escritos, y por su impacto ha sabido destacar a varios tenores, como Luciano Pavarotti por ejemplo. Camarena, en la ópera completa, ya ha debido visarla a pedido del público en varios teatros del mundo.

 

 

Para la segunda parte, después del intervalo, continuando el bloque Donizetti hizo una excelente “Tombe degli avi miei… Fra poco a me ricovero” de Lucia, con un recitativo magistral donde quedó más que confirmada otra de las cualidades que tiene este cantante mexicano, que es un muy buen decir, ya que aun en las alturas vocales y con las coloraturas de las cuales es capaz, no pierde nunca sentido del texto, el cual es siempre con intención y con conciencia del valor de las palabras. Este bloque terminó con “Povero Ernesto… Cercherò lontana terra” de Don Pasquale.

Para cerrar el programa hubo un bloque Verdi en que empezó con un deslumbrante “Lunge da lei… De’miei bollenti spiriti” de La Traviata. Su voz es indudablemente lírica, pero tan amplia y fluida, y además, como decíamos antes, tan consciente del decir, que es muy efectivo para situaciones dramáticas en esta tesitura. Completó esto con la cabaletta de Alfredo, que tuvo una intensidad y slancio notables. La última aria fue “La donna è mobile” de Rigoletto, que por musicalidad y por la claridad con que Camarena termina en notas agudas sostenidas todo este tipo de piezas para lucimiento vocal, hizo que el público estallara en un estruendoso aplauso.

La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, dirigida por Enrique Arturo Diemecke, estuvo muy al servicio de lo vocal, con mucho entendimiento entre cantante y director, y en general con la comodidad de que la voz de Camarena es suficientemente caudalosa y sonora, que aun en momentos de acompañamiento orquestal denso, se sigue destacando. Hubo varias oberturas de ópera, la de Roméo et Juliette de Gounod, la de El Barbero de Sevilla de Rossini, una particular versión de La forza del destino de Verdi, con ralentizados excesivos y silencios de una extensión que no son así en la partitura. Faltó la Obertura de Don Pasquale, que había sido programada.

Hubo tres bises en español, un arreglo sinfónico denso del bolero Alma Mía de María Grever, una muy variada Granada, el clásico del mexicano Agustín Lara, y para cerrar, una versión de El día que me quieras, que con complicidad, y mientras sonaban los primeros acordes, Camarena dijo “A ver si se la saben…”. Tal vez esta última fue la más débil de todas las obras, la orquesta no la tenía muy fluida, y él mismo, aun cantándola con pronunciación argentina, no estuvo particularmente suelto.

Todo el público quedó satisfecho, el afecto que se desarrolló entre gran tenor y el Colón parece intenso, y por supuesto nos hacen pensar en la posibilidad de verlo cantar alguna ópera completa en el futuro.

 

© Pablo A. Lucioni




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