Resumen de Temporada.



Por Pablo A. Lucioni

 

Llegando nuevamente a un final de año, es un momento más que propicio para recordar y hacer un repaso de todo lo que nos ofreció la escena musical local en este activo 2016.

 

 

Año Ginastera

Sin duda este año que termina estuvo marcado, todo a lo largo, por el hecho de que en 1916 nació Alberto Ginastera. Así que hubo conciertos, homenajes, artículos periodísticos, libros, actividades múltiples…en relación a su centenario. Este músico argentino -que es polémico determinar cuán determinante ha sido como creador- debe haber sido, y esto es un mérito que le corresponde: el compositor de música académica con mayor trascendencia y alcance internacional nacido en nuestras tierras. Tuvimos ocasión de escuchar muchas de sus obras, en mejores y peores versiones, tanto aquellas más interesantes, como algunas que por su carácter experimental nunca tuvieron el favor del público. La costumbre de las efemérides en el mundo musical no es un hecho para nada nuevo, pero lo que vimos en relación a Ginastera, ha llegado a hacer sombra a los años de homenaje de varios grandes compositores universales. En este sentido, inclusive, se podría decir que todo empezó hacia fines del 2015, cuando Catrin Finch tocó una excelente versión del Concierto para Arpa con la Orquesta Nacional de Gales de la BBC. Esto siguió con la que debe haber sido la apuesta más alta de todo el año de homenaje: la Beatrix Cenci que se dio en el Colón en marzo. Esta árida y exigente obra, tuvo en la puesta de Alejandro Tantanian una posible, pero no poco controversial, visión escénica. Guillermo Scarabino la dirigió musicalmente.

 

Teatro Colón

La temporada de ópera del Colón siguió con un Don Giovanni en el que lo más importante fue el debut, en este rol emblemático, de Erwin Schrott, probablemente el más destacado Don Juan de su generación. La puesta y la dirección musical no fueron particularmente atractivas. Luego vino el Fidelio que dirigió el maestro chileno Francisco Rettig, el cual fue musicalmente muy pobre, salvo contadas excepciones como la labor de Carla Filipcic Holm. La puesta de Eugenio Zanetti careció totalmente de intención dramática teatral, y en una serie de escenografías tan personales como arbitrarias, desplegó movimientos y situaciones irreconciliables con el espíritu de la obra. Le siguió el Dido y Eneas de Sasha Waltz, una producción alemana en paquete que contó con la música de Purcell sólo como fondo de una propuesta de danza contemporánea. Lo extraordinario de la obra fue la calidad musical de la Akademie für Alte Musik Berlin, que brindó una lectura maravillosa de la partitura.

Con bastante preparación de los cuerpos estables, dado que no habían participado en el título anterior, llegó el estreno latinoamericano de Die Soldaten de Zimmermann. La puesta de Pablo Maritano fue muy fiel al espíritu crudo y violento de la obra, creando un dispositivo escénico monstruosamente preciso y multidimensional. Todo funcionó muy ajustadamente, con un buen grupo de cantantes, y la dirección de Baldur Brönnimann.

El título siguiente de la temporada lírica fue Tosca, donde el Teatro, en homenaje a Roberto Oswald, repuso la producción escénica que vimos anteriormente, varias veces. Esta puesta en sí ya parece haber perdido vigencia, y en la reposición de Aníbal Lápiz, fue correcta, pero algo destemplada. Dirigió Carlos Vieu, quien logró empezar a revertir un desánimo importante que la Orquesta Estable venía mostrando con los títulos de repertorio. La producción marcó la vuelta de Marcelo Álvarez al Colón, quien hizo un buen Cavaradossi.

Luego llegó el turno de Macbeth, que por esto de los aniversarios, estaba programado como evento del Año Shakespeare. Fue probablemente el mejor trabajo de la Estable, dirigida por el italiano Stefano Ranzani, quien con exigencia y algunos roces, logró una performance musical muy precisa y lúcida. Se distinguió Fabián Veloz en el rol protagónico, y la puesta de Marcelo Lombardero, polémica por supuesto, fue recibida con un abucheo notable en el estreno.

Esta temporada lírica con casi la mitad de títulos del Siglo XX, continuó con Volo di Notte e Il Prigioniero de Dallapiccola, que tuvieron puestas llamativas, pero algo caprichosas en referencias locales, en la propuesta de Micha? Znaniecki. Musicalmente las obras estuvieron muy bien preparadas por Christian Baldini.

 

Además, el Teatro Colón, a través de sus Abonos Azul y Verde, tuvo notables presencias internacionales. Por un lado una nueva edición del Festival de Música y Reflexión, atractivo pero disparejo, con maravillas musicales como los conciertos de Argerich con Barenboim dirigiendo, pero también otros mucho menos interesantes. Después de varias ediciones, pareciera que repetir el mismo formato empieza a generar cierta sensación de estancamiento. Dentro del Festival tuvimos el tan ansiado debut de Jonas Kaufmann, quien luego se lució en el recital solista del Abono Verde. La visita después de mucho tiempo de Renée Fleming también fue emotiva y de buen nivel. Volvió Lang Lang, para seguir convenciendo a quienes les gusta su estilo, y para seguir ofuscando a quienes no aceptan las libertades que se toma en el piano…

La Filarmónica de Buenos Aires, tuvo durante la mayor parte del año un nivel bastante irregular, justificado aparentemente por cierta displicencia en relación a cuestiones institucionales y/o contractuales. Sea cual fuere la razón, se escucha como una orquesta bastante desmotivada actualmente. Ya desde el comienzo de año con el Ciclo Tchaikovsky, que forzó en una semana todas las sinfonías del compositor ruso, esto, que parecía interesante en los papeles, mostró varios de los conciertos con poca preparación. Se hizo evidente una inercia difícil de romper para alcanzar una productividad y una agilidad en la elaboración materiales, que no parecen ser patrimonio de la O.F.B.A.

Fue en ese sentido bastante especial el concierto No. 2 del abono, que dirigido por el maestro chino Zhan Guoyong, mostró un nivel instrumental substancialmente más alto que el que un mes atrás se había escuchado en los Tchaikovsky. Entre varios solistas internacionales buenos, cabe destacar el debut del excelente Ray Chen haciendo una versión notable del Concierto para violín de Sibelius, y la vuelta de Joshua Bell para el No. 3 de Saint-Saëns.

 

Mozarteum Argentino & Nuova Harmonia

En lo que respecta a conciertos, el año tuvo varios hitos. El Mozarteum Argentino contó con excelentes recitales de Joyce Di Donato y Nelson Goerner. Maxim Vengerov tuvo dos presentaciones en dúo sencillamente deslumbrantes. Tuvimos por primera vez en nuestro país al director italiano Antonio Pappano, junto a la Orchestra dell'Accademia Nazionale di Santa Cecilia, en dos excelentes conciertos. También en el rubro orquestal fue notable la presentación de la Tonhalle-Orchester Zürich dirigida por el ascendente Lionel Bringuier, y el debut en violín de Lisa Batiashvili. Kent Nagano también volvió a visitarnos, en este caso con la Filarmónica Estatal de Hamburgo, y luego, la presentación del Rundfunkchor Berlin, cerrando la temporada, también fue destacable.

 

Nuova Harmonia, que cumplió treinta años de existencia, tuvo algunas interesantes presentaciones, como la de la Orquesta Sinfónica de Bamberg, el muy buen concierto de la Kremerata Báltica conducida por Gidon Kremer, y la presentación del Ballet Nacional del Sodre para cerrar.

 

Buenos Aires Lírica & Juventus Lyrica

La tendencia actual, por momentos asfixiante, de cambiar el emplazamiento y la época de las óperas a condiciones indefinidas y ambiguas, en general abundantes en contradicciones, no es patrimonio único de los teatros estatales. Buenos Aires Lírica, tanto para Faust, para I Capuleti e I Montecchi como para Manon Lescaut, adoptó este camino, y en los tres casos, eso llevó a planteos escénicos bastante débiles. Fue probablemente con Ernani, que por el contrario tuvo una puesta convencional, con que hubo una combinación más feliz de todos los factores: cantantes con buenas voces verdianas, una orquesta que respondió de manera más inspirada que en general, y un buen trabajo de preparación de Juan Casasbellas.

Juventus Lyrica tuvo una versión básica de La viuda alegre para la apertura de temporada, y luego una asombrosa y osada puesta de María Jaunarena para el Orfeo ed Euridice de Gluck, que con buenas voces, y una propuesta escénica bastante elaborada, pero insólita, desplazó demasiado la atención de lo musical, y del autor mismo. Madama Butterly todavía no se había estrenado para el cierre de esta edición.

 

Sinfónica Nacional

La actividad de la Sinfónica Nacional en el Centro Cultural Kirchner, tardó en empezar. Como se sabe, este año el CCK recién inició las actividades de artes escénicas en junio. Se entiende que la nueva administración se tomó un tiempo para reorganizar el funcionamiento, pero igual la situación es extraña. Si antes parecía sobrar gente, ahora claramente parece faltar, el dispositivo de difusión, con otra impronta, sigue pareciendo inefectivo. Entre lo más relevante de este medio año, correspondería destacar la Sinfonía No.1 de Mahler dirigida por Gunter Neuhold, o la interesante visita de Kryzsztof Penderecki para dirigir a la O.S.N. con algunas de sus obras. Fue extraña, pero atractiva, la visita de la Orquesta Sinfónica de Qingdao (China) al CCK, que sin ser una agrupación particularmente importante, mostró un nivel y una doctrina instrumental notable, tanto haciendo música sinfónica china, como en especial en un Carmina Burana bastante logrado. También dirigió Zhang Guoyong, su titular, el mismo que nos había sorprendido antes en el concierto No.2 de la O.F.B.A.



 

© Pablo A. Lucioni

 


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