¿Y usted de Mozart qué entiende? Entrevista a Adriana de los Santos



 

 

El domingo 4 de octubre comienza en el Teatro Hasta Trilce, el ciclo de Música Contemporánea “Música de hoy y mañana” con obras de jóvenes compositores argentinos y un homenaje al compositor Jorge Labrouve (1948-2008). La destacada pianista Adriana de los Santos se encarga de la dirección musical del ciclo y además se estará presentando como solista en la primera fecha. Desde MCBA conversamos con ella sobre este proyecto pero también sobre su carrera y sus ideas acerca de la música contemporánea.


 

¿En qué momento te volcaste decididamente a la Música Contemporánea, qué fue lo que te atrapó?

Hubo transiciones, yo vengo de la música clásica. Hice dos carreras universitarias como pianista; una aquí, y la otra, en el exterior. En Montreal empecé a ver cosas fuera de la facultad. Vi una retrospectiva del  movimiento Fluxus, cosas de Anna Banana y de poesía musical y empecé a transitar música de grandes compositores contemporáneos clásicos como Stockhausen. Una vez terminada la carrera volví a la Argentina y empecé a tocar música argentina contemporánea. En esa época había muchos subsidios del gobierno y había enormes cantidades de agrupaciones y compositores que convocaban gente para tocar; por supuesto no éramos muchos los que queríamos y se trabajaba muchísimo. Luego hice una crisis y dije: “Basta, no quiero más esto”, no porque no me gustara, la verdad es que fue un gran aprendizaje, tocábamos todo el tiempo y siempre eran obras nuevas, recién compuestas, había que leer, había que estudiar. Fue un tiempo muy rico pero en un determinado momento tenía ganas de tocar lo que yo quisiera. Eso me generó una crisis que hizo que durante un año no hiciera absolutamente nada. Luego lentamente comencé a organizar mis programas de concierto. Más tarde me fui a vivir a Francia y cuando volví ya estaba organizando “Experimenta” que para mi fue finalmente cómo volver a mi casa, me abrió un mundo increíble. Empecé a hacer música experimental, escrita, improvisaciones. Y aquí estamos, ahora hago de todo.

 

En una entrevista que diste hace unos 10 años decías que existía mucho elitismo en la música contemporánea y también mucho prejuicio del público. ¿Ha cambiado en algo esto?

Sí, yo creo que cambiaron muchas cosas. Por ejemplo, algo muy notable es la incorporación de muchos músicos que ya lo toman de manera natural, aunque sea como un trabajo y no sean sus repertorios, cosa que antes no existía. Cuando yo volví a la Argentina a principio de los 80, eramos tres pianistas que nos dedicábamos a esto. Por otra lado, la incorporación de la mujer -sobre todo en la composición- me parece que es muy importante; yo recuerdo que 20 años atrás eran 3 o 4 compositoras y hoy hay muchas más. Otro gran cambio es que las cosas van tomando lugares diferentes, de alguna manera cada estilo encuentra su lugar. Yo hace mucho tiempo que me abrí de lo que sería el circuito contemporáneo un poco más tradicional, sin ofender a nadie. Lo cierto es que también existe otro circuito que se conforma en lugares un poco más marginales pero que con una fuerza muy pujante y muy importante en la Argentina, y que está llena de compositores y de instrumentistas realmente muy buenos, que me ha asombrado y sobre todo jóvenes. Eso me parece increíble.

 

¿Hay más público o sigue siendo un público muy específico de estudiantes y compositores?

Yo creo que una característica que se da en nuestro país es que hay un público muy “estanco”. Existe un público para la Música Contemporánea clásica, otro para la electroacústica, y así. Algunos lugares -como Hasta Trilce o por ejemplo la Biblioteca Nacional- están tratando de alguna manera de derribar esas paredes entre los géneros y los estilos, porque música es todo ¿no?. Música popular, música clásica, no sé qué es todo eso. La verdad es que a esta altura me confundo, me pregunto si tiene algún sentido esto de los compartimentos estancos; pero bueno, existen. Son barreras difíciles de transitar. Son pocos los espacios que se dan, como ustedes, como Hasta Trilce, la Biblioteca o también algunos lugares más underground, pero rescato sobre todo, los lugares oficiales que tratan de abrir. Me parece que les da un poquito de “miedito” pero lo intentan.

 

 

El domingo comienza “Música de hoy y Mañana”, ¿cómo llegás a la Dirección Musical de este ciclo?

Mónica Horvath, viuda de Jorge Labrouve, que es quien lo organiza, fue intermediaria de un viaje mío a Berlín con la KLM y la sugerencia de ellos fue que hiciéramos ese mismo concierto en Bs. As. a mi regreso. Así fue que nos contactamos con Hasta Trilce, lugar que conocía, y ellos nos propusieron hacer un pequeño ciclo.

El primer concierto es solamente mío y después habrá dos conciertos más con música de Jorge Labrouve; uno para diferentes instrumentos solistas- se trata de estrenos mundiales (flauta, piano, clarinete, oboe, guitarra  y percusión)- y otra fecha con un trío de guitarras y bailarinas.

 

¿Qué nos podés contar de la primera fecha en la que estarás interpretando obras escritas especialmente para vos de compositores argentinos menores de 40 años?

En realidad la obra más antigua que toco es la de Carlé Costa, guitarrista y compositor que en este momento vive en Berlín. Es la única obra que escribió para otro instrumento que no sea la guitarra y que me dedicó en el año 1989.  Se llama “Visiones sobre las 9 rocas”. Luego habrá obras de una generación de compositores que están entre los 30 y los 40, algunos un poquito menos incluso, como Esteban Insinger, que es un compositor ya muy conocido. Él hace un diario musical en el que cada día, desde hace muchos años, escribe un pequeña pieza para piano, y yo hago una obra del 2010 que se llama “24 de julio de 2010”. También está Alex Elgier, un chico argentino-norteamericano que había compuesto para mi viaje a Berlín una obra que se llama “Untitled”. Esta pieza deja en varias secciones algunas cosas a elección del intérprete y es un poco performática porque termina con un poema que yo elegí de Mario Trejo, un gran poeta argentino. Luego tenemos a Manuel Briante con su “Noúmeno n° 1” que es una obra muy interesante con una artefacto que él creó para el piano para hacer “Clusters” que son muchos sonidos simultáneos, y con ondas sinusoidales también creadas por él y que van imbricando con el piano a manera de dúo. Luego una obra de la joven Silvina Zicolillo que se llama “Esta es mi voz”, muy original porque también tiene algo performático: hay una voz que aparece y que me va dando instrucciones y me va diciendo que es lo que tengo que hacer. Estas 2 últimas yo les encargué para un ciclo que se hizo en la Biblioteca Nacional a principios de año.

El programa está compuesto por obras realmente muy originales en el verdadero sentido de la palabra, que difícilmente se pueden escuchar incluso en otros ciclos de música contemporánea. Son muy creativas, están hechas a mi medida y me gustan mucho.

 

¿Conocías la obra de Jorge Labrouve?¿Qué nos podés contar acerca de las dos siguientes fechas del ciclo?

La única obra que conocía por un casette que llegó a mis manos hace muchísimos años, era la Imaginaria” que también la grabó Carlé Costa. Después apareció Mónica (Horvath), su viuda, con esta propuesta y empezamos a trabajar y ver las obras. Catalogar, organizar y a buscar a los intérpretes y escucharlos. Fue un mundo completamente desconocido para mí. Es raro que haya un compositor fallecido con tanta obra escrita y sin estrenar, es impresionante la producción que tiene.

En cuanto a los intérpretes, había gente que ya tenía sus obras por el propio Jorge o por Mónica, otros lo habían conocido personalmente. A la gente que faltaba la incorporé yo este año, como al flautista Sergio Catalán y la clarinetista Claudia Kutenplan. Los veo trabajar con mucho ahínco, muchas ganas.

 

¿Qué nos podés contar acerca de su estética o lenguaje?

Es muy ecléctico y cambiante, tiene algo que está bueno que es que no tiene un estilo. A veces uno puede escuchar algo y decir “esta obra es de fulano de tal…” o de un discípulo de él, porque hay como un sello ahí atrás y me parece que en el caso de Labrouve no es así. Por ejemplo, “Imaginaria” es una obra minimalista, el impromptu para piano que toco yo no tiene nada que ver con el minimalismo sino con la variación permanente, la obra para flauta es una mezcla de ambas cosas. Lo que sí es que son obras extraordinariamente difíciles y de mucho trabajo, por lo cual es muy valioso que todos estos intérpretes hayan decidido brindar su tiempo, conocimiento y disciplina para ponerse a estudiar, porque la verdad es que no son obras fáciles, no son obras que se puedan preparar en 15 o 20 días, son muy complicadas. No tanto de entender el lenguaje, sino que es música muy cambiante, medio “Stravinskiana” en el sentido estructural de cambiar siempre el metrónomo y las rítmicas. En el caso de la obra para piano nunca llegás a un lugar que decis :“Ahh….esto ya lo toqué”, es todo el tiempo diferente. La obra de clarinete es preciosa.

Lo que lo hace muy honorable para todos es que son obras que no han sido transitadas y el compositor lamentablemente no está, entonces es muy difícil tomar decisiones, porque ya sabemos que en todas las épocas la escritura ha sido algo aproximado al deseo del compositor, uno piensa “¿Esto cómo se lo imaginaria él? ¿Cómo lo querría? ¿Cómo sería? Uno no tiene la posibilidad de levantar el teléfono y decirle “¿Che, pero esto se puede tocar? También siento que hay cosas, que él como guitarrista las tendría de una manera en la cabeza y en el piano suenan de otra. Pero bueno la música es así, y me parece que ese es el gran desafío y está bueno.

Esta bueno que se toquen, que se escuchen y que la gente diga “me gusta, no me gusta o no me interesa” o que se les abra la cabeza en algún sentido. Eso es lo más importante.

 

¿Qué le dirías a aquellas personas que tienen cierta resistencia a la música contemporánea para que se acerquen a escuchar estos conciertos?

Yo creo que lo más interesante es ir con un espíritu abierto para entender qué significa ser un pianista hoy en la Argentina. Averiguar quienes son las personas y cuales son sus ocupaciones, preocupaciones, fantasías o la creatividad que puedan tener, tanto los compositores como los intérpretes, acerca del piano que es un instrumento tan “Romántico” y con un peso en la música tradicional muy fuerte. Desde ese punto de vista es muy interesante, van a escuchar timbres distintos, estéticas variadas, diferentes pianismos, aunque no sea Chopin. De alguna manera lo que siento es que no sé si hay gente a la que le gusta más la música clásica tradicional sino que hay cierto prejuicio de: “Yo esto no lo entiendo”. Yo creo que uno no entiende nada, a uno le gusta algo o no le gusta. Yo tenía un Maestro que cuando alguien le decía: “Yo de esto no entiendo nada”, él preguntaba: “¿Y ud. de Mozart que entiende?”. Me parece que en el arte, en términos generales, no hay para entender; hay para ver, para abrirse o para salir disparado, pero todo sirve para abrir la cabeza y el imaginario de la gente en un sentido positivo, negativo o neutro. Me parece que eso no es poca cosa, creo que es lo más importante.

 

 







 



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