Gala Lírica en la Ballena Azul



 

PH: Teatro Argentino de La Plata

 

Para el viernes pasado estaba anunciada una “Gala Lírica” con la Sinfónica Nacional y un grupo variado de cantantes argentinos en la sala principal del CCK. El conductor de este extenso, y en alguna medida osado proyecto, fue Carlos Vieu, en su primera actividad en el nuevo auditorio de nuestra ciudad. Vieu, actual Director Musical del Teatro Argentino de La Plata, seguramente tuvo mucho que ver con que el Coro del Argentino estuviera presente en la gala, marcando como él se ocupó de destacar al final, una interesante y promisoria tendencia a colaborar entre distintas entidades.

El concierto arrancó con la escena inicial de la tempestad del Otello verdiano, donde los tutti de orquesta, más las intervenciones a plena voz del coro, realmente fueron una tremenda sacudida para todo espectador desatento. Pero esto puso en evidencia una de las características de esta sala, que con un sonido pleno, trabajando en el fortísimo, la acústica no llega a ser incisiva, sí intensa, pero clara, y permite ser usada en todo el rango dinámico.

Vieu y el coro venían de hacer Otello en la buena producción platense de hace pocas semanas, pero la Orquesta Sinfónica Nacional no lo tenía tan visto. Fabián Veloz (el muy buen Iago de La Plata) tuvo las intervenciones que en toda la llegada de los barcos a los muelles le tocan al barítono. Lo que fue una sorpresa total es que haya sido Luis Lima quien desembarcó por la izquierda del escenario para cantar el tradicional “Esultate…” de Otello. Lima ya había abandonado su retiro en Alta Gracia para la emotiva Gala Centenario del Colón del 2008 en el Teatro Ópera, y ahí, dirigido por el mismo Vieu, había hecho también el “Dio! Mi potevi scagliar…” de esta ópera. Habiendo sido siempre un tenor lírico, su voz más engrosada y oscura de madurez, lo ha llevado a tomar riesgos como el Pagliacci de B.A.L. en 2011, y en todos estos casos es innegable que su voz actual, de timbre seco, dura en el agudo y de emisión poco estable, que se resiente muy rápidamente, no lo ubica en las mejores condiciones. Pero hay algo que es innegable: Lima es un cantante querido, siempre se llevó bien con el público y sus colegas, la gente lo aprecia y disfruta seguir viéndolo, aún cuando sus condiciones vocales tengan poco que ver con lo que lo llevó a los primeros escenarios mundiales, hace ya varias décadas.

La Gala fue bastante extensa, con un repertorio muy variado de ópera italiana, francesa, y algo de alemana. Fue una dura prueba para la O.S.N., que tuvo que preparar fragmentos de obras muy distintas en estilo, y que no forman parte de su especialidad musical directa. En toda la segunda parte, la labor de la orquesta fue más ajustada y certera. Esto de alguna manera hacía pensar en cómo habría sido el proceso de ensayos, ya que daba la impresión de estar más trabajado todo el final, porque a diferencia de eso, en varios momentos de la primer parte, hubo desencuentros entre los bronces, algunos episodios con las maderas, ciertas desarticulaciones de fraseo en las cuerdas…

Fuera de Lima, todos los demás cantantes que se presentaron vienen teniendo amplia actividad en nuestros escenarios, y algunos con distintos compromisos internacionales también. Fabián Veloz es en la actualidad uno de los cantantes más indiscutidos de nuestra lírica: barítono de voz caudalosa, de muy buen legato, gran manejo del aire, timbre parejo… en los últimos años ha tenido una evolución cualitativa en lo actoral y expresivo, y en todo lo que parece su especialidad: Verdi y la ópera italiana dramática, logra niveles altísimos. No fue la excepción esta vez. Aparte del Iago del que se habló, hizo un magistral “Cortigiani, vil razza dannata” de Rigoletto, que despertó una ovación.

También se destacó Mónica Ferracani, con la Leonora de Il Trovatore, y particularmente en el “Vissi d’arte” de Tosca. Alejandra Malvino mostró su vigencia y su calidad en formato recital con un excelente “Mon coeur s’ouvre a ta voix” del Samson et Dalila y con una muy intensa “Acerba voluttà” de Adriana Lecouvreur.

El infalible Hernán Iturralde cantó la única pieza en alemán de la noche, el “O du, mein holder Abendstern” de Tannhäuser, y luego la escena completa del Te Deum de Tosca junto al coro. Su voz es generosa, pero para algunas de estas partes dramáticas en un teatro grande a veces hace desear algo más de caudal; en un auditorio como la Ballena Azul suena maravillosamente intenso y potente.

 

Omar Carrión también dio una excelente performance, cantando el dúo de Don Carlo con Lima, y particularmente dándole vida al aria del factótum del Barbero de Sevilla, lo cual por supuesto le valió una gran ovación del público.

La generación de cantantes más jóvenes, representados por Florencia Machado, Marina Silva y Sebastián Russo, también tuvo buenas intervenciones. Se destacó probablemente Machado, haciendo el aria de las cartas de Werther, que había cantado hace poco para Buenos Aires Lírica.

La orquesta tocó además la obertura de La Forza del Destino, y los intermezzi de Manon Lescaut y Cavalleria Rusticana, este último con intervención del gran órgano de la sala, que resultaba en un desbalanceo exagerado por ser este un instrumento que en esa partitura es sólo de color.

Hacia el final Carlos Vieu, con clara facilidad para dar discursos institucionales, se ocupó de destacar lo positivo que ese auditorio representaba para la Sinfónica y su dignidad, felicitó la colaboración entre instituciones musicales (algo que realmente es sumamente beneficioso), y se ocupó también de hacer su pequeño homenaje personal a Lima hablando de cuando era adolescente y apelaba a cualquier método posible para entrar al Colón y escucharlo cantar. Lo emotivo de las palabras de Vieu corrieron el riesgo de jugarle en contra a Lima, que después de eso, y visiblemente emocionado, tuvo que cantar el “Nessun Dorma…” de Turandot, lo cual por otro lado puede que haya sido su mejor intervención de la noche.

La emotiva velada terminó con una entrega de plaquetas a Lima en especial, pero al resto de los participantes también, y una invitación a que acompañando a todos los solistas y el coro, el público también entonara el “Va pensiero…” del Nabucco verdiano.

 

© Pablo A. Lucioni  




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