"La calle de los pianistas"



Entrevista a Mariano Nante, director, y a Sandra de la Fuente, guionista de "La Calle de los Pianistas". Documental sobre Karin Lechner y su hija Natasha Binder. 

 

 

El título se refiere a la Rue Bosquet de Bruselas, donde viven Karin Lechner y su hija Natasha Binder pegadas a la casa de  Martha Argerich (aunque deberíamos decir que es al revés, ya que Martha se mudó después). Sin embargo, y a pesar de que el atractivo sea ese, el documental es sobre la relación madre e hija  Lechner-Binder y, de alguna manera también, a la de su madre y abuela Lyl Tiempo, pilar de la “Dinastía Tiempo”.

 

 

Los felicitamos por el clima generado al presentar la película en la Clausura del BAFICI 2015 realizado en el Teatro Colón. Queríamos saber un poco el trasfondo más allá de las protagonistas que todos conocen o bien ya lo harán a través de la película. Sabemos que fue una idea original de Sandra, ¿cuándo surgió y cómo fue el contacto entre ustedes?

 

Sandra: No sé si original; pero sí, fue una idea mía. Hace muchos años le hice una entrevista a Lyl Tiempo y fue ahí que apareció el nombre de la Calle de los Pianistas. Me contó que vivía al lado de la casa de Martha Argerich y cómo habían sido las circunstancias en las que había sucedido (Martha compró la casa al lado de ella, luego de varios intentos de Lyl por convencer a su vecino de que la vendiera). A mí me interesó mucho porque ahí había una concentración de pianistas realmente inusual. No sólo había muchos, sino que eran de distinta especie: Un ecosistema para analizar. Para que fuera un musicólogo y estudiará fortunas de cada pianista, como algunos nacen estrellas y otros estrellados. La historia me encantaba y siempre tuve la idea de ir y entrevistar a todos para documentarlo y armar un libro.


El tiempo pasó y eso nunca sucedió. Pero sí he ido cultivando amistades y una de ellas es mi relación con Mariano Nante, que pertenece a un grupo de amigos, todos muy jóvenes y talentosos, “mis mancebos”, como los llamo yo. Y en una de las tantas noches de reunión en mi casa, él estaba debatiéndose y necesitando un tema para una película.

 

Mariano: Corrijo. Yo estaba contando la idea de otra película, que aún sigo teniendo el plan de hacer. Pero es una ficción histórica que necesita un montón de recursos para poder realizarla...


S: Y mientras pelaba papas para hacer un Charcoal, que es una comida típica de mi familia judía, le dije que tenía una idea pero que no iba a concretarse así que se la regalaba: La Calle de los Pianistas. Y así surgió.
 



 

¿Esto en qué año fue?

M: Abril de 2013. Y todo fue muy inmediato porque cuando Sandra me contó la historia quise hacer algo con eso, y esa misma semana comenzamos a trabajarlo. Todavía no sabíamos si iba a ser posible, si se iban a prestar los músicos, si íbamos a conseguir los medios... Pero en septiembre de ese año estábamos allá. Aunque fuimos con un ánimo más de exploración y de ver con qué nos encontrábamos.

S: Yo agrego: mi pavor a viajar y a estar en lugares que no conozco y con lenguas que no manejo. Así que para mí era terrorífico irme a Bélgica. Todo me era un imposible,  por eso no lo hacía. Y Mariano en ese sentido fue un elemento contrafóbico espectacular.

M: Retrospectivamente, estuvo bueno tener esa inconsciencia de decir nos mandamos. Aceleró muchos los tiempos.


Pero nos imaginamos que primero, mínimamente, se contactaron con los músicos...

 

S: La primera vez, en 2004, contacté a Lyl porque estaba muy entusiasmada con la idea de hacer el libro y en ese momento me respondió con cierta reticencia. O a mí me pareció. Y ya eso me sirvió para decir, no lo hago. En esta segunda etapa fue un poco más fácil porque nuestro punto de contacto con la familia Tiempo ya estaba muy aceitado. Ya había hecho varias entrevistas con Karin, con Natasha, con Sergio. Lyl me llama cada vez que viene a Buenos Aires; pero además la entrada a la casa de Martha nos venía facilitada por el lado de Alan Kwiek, una figura central en nuestras vidas actuales y quizá sea el personaje central de mi libro, cuando lo haga.

M: Yo no conocía a nadie. Toda la gestión venía por ella.

S: Era fundamental lograr entrar a la casa de Martha. Sino era la casa de los Tiempo, no La Calle de los Pianistas. Y hasta ese momento no se tenía una idea de que la película se centraría en la relación madre e hija (Lechner-Binder).

M: Había una imagen visual y de sonido de la calle donde viven muchos pianistas que están tocando todo el tiempo: un montón de pianos arriba y abajo que no paran de sonar. Y a medida que los fui conociendo es que decidí no realizar entrevistas en la película. Al principio pensaba que era un recurso bastante obvio que iba a utilizar, pero yo no los conocía y sentía que no podía llegar y ponerme a hacerles preguntas. Además, no sabía aún cuál sería el foco de la película y quería esperar un poco. Y mientras esperaba, filmaba. Los iba conociendo y viendo cuál era la reacción de ellos con la cámara.


¿Cuánto tiempo estuviste ahí dentro filmando?

M: Un mes y medio la primera vez y otro tanto la segunda. Además filmé acá también.


¿Entonces en ese primer viaje surgió la idea de cómo iba a ser la película?

M: Un poco ahí, pero más que nada fue cuando tuvimos todo el material junto. Cuando volví a Buenos Aires y empezamos a editar vimos que tenía sentido tratarlo como una ficción, que no da muchas explicaciones de contexto, que no tiene una voz en off rectora, que no tiene entrevistas. Y por supuesto ganaba otra cosa la película, mucho más jugada.


El lado mágico e íntimo de una familia de pianistas...

M: Una intimidad que al principio no sabía que íbamos a obtener. Sandra quizás intuía algo más, pero yo no los conocía y llegaba con una cámara que siempre es intrusa. Pero las cosas que obtuvimos apenas llegados eran tan increíbles que dijimos: “Bueno, va por acá”. Y por sobre todo, por esa madre y esa hija que se muestran tal cual son. Si estaba prendida o no la cámara les daba lo mismo.


¿En qué consiste un libreto en una película que es esencialmente documental?¿Cuánto hay de espontáneo y cuánto de guionado?

S: Obviamente el guión no existe porque es un documental y tenés que estar abierto a lo imprevisible. Pero sí es cierto que muchas de las cosas que escribimos, se dieron. Yo sabía que esas cosas iban a suceder, me las imaginaba.

M: De hecho ninguno de ellos leyó ese guión, fue una herramienta de trabajo más para nosotros. Una guía. Hay mucho de pensar las estructuras y conceptos. Muchas inquietudes compartidas sobre la vida de los pianistas dado que ambos tocamos el piano. Uno piensa que esta gente nace así, pero no.


Se vieron condicionados por la película "Bloody Daughter"de Stéphanie Argerich, hija de Martha que también trata sobre la relación madre/hija o bien por “Concierto para cuatro pianos” documental de Film&Arts sobre la familia Tiempo?

M: El de Film&Arts es un documental más clásico, filmada para tele y yo sabía que no era una película así, que eran dos obras muy distintas. Y la de Stéphanie, sabía que mi película no era sobre Martha, así que no la tenía tan presente. Lo que pasó es que me di cuenta de que iba a ser una película sobre Karin y Natasha, sobre una madre y una hija, muy iniciado todo el proceso. Ya habiendo viajado una vez, ya habiendo editado. Habíamos estado un año y medio trabajando en la película…

S: En el primer viaje encontramos los diarios íntimos. Creo que fue cuando volvimos del primer viaje que me dijiste que la película iba a ir por el lado de Natasha. Fue todo muy espontáneo, Karin encontró los diarios y todo se fue dando.

M: Un poco a partir de eso; otro, por la espontaneidad. y luego montando se veía claro que la historia iba por ahí. Y te diría que fue hace muy poquito que caí que la película de Stéphanie iba también por ahí. Pero lo de ella es un objeto tan particular, tan personal, es su propia relación.
 

Claro, el enfoque es distinto

S: Yo tenía en cuenta el tema de Martha Argerich como una persona que fue filmada muchas veces, y también como una sensación un poco injusta de mi parte, de decir “otra vez Martha”. Pero como no era sobre ella, porque para mí era una presencia totalmente fantasmática.


M: Ese fue uno de los conceptos: “Qué tal si Martha casi no aparece, si aparece al final”. Terminó sucediendo orgánicamente en las cosas que filmamos, que pasaban. Nosotros escribimos una escena que mientras alguien tocaba escucha a Martha detrás de la pared, y pasó mientras grababamos a Mischa Maisky y a Sergio Tiempo tocar.

S: No podíamos creer tener tanta suerte. Era como si alguien estuviera leyendo nuestro guión. Increíble.

M: Es un proceso de pesca. Para que pase ese momentito son horas y horas de filmar y que no pase nada.

 



 

Aunque parte del atractivo de la película es que La Calle de los Pianistas es justamente donde vive Martha y, en parte, ella misma…

S: Si bien lo que sucede ahí no lo gestó Martha Argerich, fue Lyl Tiempo la que lo ideó. Porque estoy segura que lo ideó como plan de vida. Por amor y cariño a Martha, su amiga de toda la vida, pero también porque eso gesta otra cosa para sus hijos, para su familia. Y esas dos figuras contrapuestas eran muy interesantes. Lyl, con una presencia muy fuerte y cotidiana y de minuto a minuto prácticamente;  Martha, como una figura que yo la llamo el Botafumeiro de Santiago de Compostela, que la gente va ahí y quiere recibir algo de ese algo, pero no está. Algo muy evanescente en algún sentido. Una presencia en ausencia. 

 

Se muestra el rol de Lyl Tiempo como maestra de su nieta menor, Mila (la pequeña hija de Sergio Tiempo). Es prácticamente el verdadero pilar de esta historia por más que la película no se centre en ella…

S: En mucha gente provoca alegría ver como un chico puede acercarse al piano y disfrutar así de la música, y en otros genera frustración, mucha angustia. De jugarse para que tu nieto sea músico y no cualquier músico, pianista: “¡De casa salís pianista!”. Mariano logra  agarrar los pequeños gestos de Karin, de Natasha, de Lyl y cada uno podrá interpretar lo que quiera.

 

Hay un poco de imponerle el destino

M: La película muestra pero no juzga. Hay una gran discusión sobre el tema, si está bien o no sentar al niño tan chico a tocar. A mí me obligaron a tocar el piano de chico y ahora hago una película sobre pianistas…

S: La discusión creo que pasa, no por si uno sienta al niño a tocar el piano, sino por si le fija el destino. En tu caso no te decían serás pianista o no serás nada. Lyl no lo dice, pero de algún modo no te deja salida. Yo le dije: “No hay libre albedrío, no hay manera de que Natasha pueda elegir mañana no ser pianista”. Y ella me respondió: “No. Claro que no”.  

Cómo se hace para después de haber tocado conciertos a los 11 años y de hacer giras y demás que a los 18 diga: “Ah no, yo voy a estudiar odontología” o lo que fuera. Todo parece un desperdicio. Semejante inversión y semejante talento. Tendría que ser un ataque de rebeldía total, casi como hacharse las manos.

Logra que lo acepten como su destino natural

M: Es obvio que lo disfrutan muchísimo todos. En la película se habla mucho de sacrificio, pero no es un sacrificio sufrido sino en el sentido de inversión personal de tiempo y esfuerzo necesario para lograr algo grande. Nada más y nada menos. Por eso era interesante ver cómo se incorpora esa noción de disciplina tan temprana. Pero, a su vez, me sorprendió que lograrán un equilibrio entre su estudio, su escuela y sus amigos. Por supuesto que es un equilibrio que hay que trabajarlo y estar ajustándolo.


¿Y la película no podría considerarse también una motivación más para que no deje ese destino que le han fijado?

M: No sé realmente.

S: Cuando la vea ella de más grande, verá en esas caras que pone qué significan para ella. Vuelvo a repetir: para muchos esas caras representan una angustia tremenda y para otros significa una actitud de que hará lo que quiera, como diciendo: “Ni pienses que estaré condicionada por tus ideas”. Cada uno interpretó como quiso y eso es un logro de la mirada del director, de la imagen.

M: Es simplemente mostrar. Entender que si uno quiere ser pianista tiene que aprender desde chiquito, no hay mucha alternativa. Pero siempre la idea fue mostrar y nunca insertar una visión.

S: Aprender música desde temprano es como leer y escribir. Eso debería estar siempre.

M: Lyl dice eso todo el tiempo: “La música no debe ser optativo con respecto a leer y escribir”. Mila no se da cuenta cuándo juega y cuándo toca.   

S: Pero la cosa es, ¿podrían ser otro tipo de instrumentistas?. No parece haber opción. Sergio Tiempo lo dijo: “Me parece que le gusta más el sonido del violín, pero efectivamente va a tocar el piano. No sé si va a ser pianista, pero va a tocar el piano”, hablando de Mila, su hija.

M: Es imposible no pensarlo, todo el mundo toca el piano en esa calle. Cae alguien y resulta que es un gran pianista. Se pierde totalmente la sensibilidad, a uno le parece normal. Hay algo de la canción infinita ahí. Comienza uno, y luego otro, o varias músicas a la vez. Es lo que muestra la película, no hay un momento de silencio.

S: Y se valora mucho el momento de silencio. Cuando no tocan no ponen música para acompañar como lo harían otras familias en las que la música no tiene tanta presencia.


Y luego de esta intervención en el cine Sandra, ¿te ves participando nuevamente en ese nuevo rol?

S: No siento que haya intervenido de ningún modo en la película porque la verdad en la edición se hace mucho. Diría que el 80% de la película es la edición. Pero me encanta la idea de plasmar en el cine cosas que uno observa y sobre todo de las que escribe porque también aparecen muchas ideas visuales. Así que no lo descarten.

Mariano, vos ya habías realizado un corto sobre música “Exposición”...

M: Es un corto que lo interpreta mi profesor de piano, Manuel Fraga, sobre un compositor medio huraño y su discípulo. Una historia de ficción. Siempre el piano me atrajo mucho, visualmente también. Hay una especie de una pequeña obsesión. Digamos que es una de las pocas cosas que sentía que conocía, que podía hablar con estos músicos gigantes con cierto conocimiento y cierta cercanía y amor por el instrumento. Teníamos ese lenguaje en común. No sé si podría haber hecho la misma película sobre violinistas.  

¿Hay proyectos ya para un futuro cercano?

M: Sigo trabajando con el mismo proyecto que tenía de antes. El que le comentaba dos años atrás a Sandra cuando me dijo de esta idea.  Un proyecto que ya tiene 10 años.

¿Tiene algo que ver con música también?

M: No. Aunque hay un piano en un momento. Pero también tengo algo planeado con música pero está tan verde que aún no puedo adelantar nada.

Y los planes con La Calle de Pianistas, ¿cómo siguen?

M: Tendremos el estreno comercial en Argentina en junio. Luego seguramente la presentemos a más festivales y también se estrenará en Bélgica.

 

 

Estreno 11 de junio solo en cines CABA, Gran Buenos Aires, La Plata.

 

 

Entrevista: Gabriela Levite y Maxi Luna.

 


 



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