El amor de un padre: Beethoven



Parece que sobra a estas alturas elogiar su capacidad musical, su trabajo constante y la alta calidad de sus obras. De todos es sabido el impacto que dejó no sólo en aquellos tiempos, sino posteriormente y aún en la actualidad a numerosos músicos y público general. Si no, no habríamos llamado al 2020, el año Beethoven. Y es que 250 años del nacimiento de semejante artista no pueden ignorarse. 

Una investigación en profundidad de este personaje, sin embargo, logra penetrar y acercarnos al músico en su dimensión más humana e imperfecta. Se antoja de lo más enriquecedor, hoy en día, reflexionar sobre quién era la persona detrás de este nombre tan admirado e incluso aún mitificado. ¿O es que nosotros nos definimos sólo por nuestra profesión? ¿por nuestra obra o nuestro proyecto? 

Por Abigail Jareño Gómez. 

 

En efecto. Beethoven tampoco. 

En el recorrido por la vida y psicología del famoso compositor, descubrimos al Beethoven amigo, hermano, padre, enfermo, entre otras facetas, y entonces se convierte en toda una aventura. Y en este viaje se revelan también nuestras propias características, puesto que todos compartimos una parte de quiénes somos, a la vez que nos configuramos únicos. 

Las fuentes indican que Beethoven, que no contrajo matrimonio a lo largo de su vida, tampoco tuvo descendencia. Las circunstancias, no obstante, de aquellos años, causaron que su hermano Carl falleciera de tuberculosis y el hijo de éste, Karl, que contaba entonces con tan solo 9 años, se convirtiera en lo más parecido a un hijo para nuestro protagonista. 

Las cartas que se intercambiaron tío y sobrino, así como algún contenido de los cuadernos de conversación que empleaba para seguir interactuando con los demás cuando apenas podía oír, y otros documentos, nos ponen en contacto con ese Beethoven entregado a la tarea de la paternidad. Pues bien, si hubiese que resumir en una sola palabra esta relación, esa sería intensidad

Beethoven se sintió profundamente responsable de la vida y crecimiento de este niño. Pondría todo su empeño en ofrecerle una educación de calidad, y esto lo sabemos gracias a los títulos que anotaba en su cuaderno para comprar a Karl, y los numerosos libros, que, de hecho, se encontraban en sus estanterías, tras su fallecimiento. También intercambiaba una frecuente correspondencia con los directores del centro educativo donde se encontrara en aquél momento Karl o los cotutores que éste tuvo a lo largo de los años. Además, se esforzaría por procurarle un lugar adecuado para vivir, empezando por instituciones educativas mientras que iba preparando un hogar digno para compartirlo con su sobrino. Así se lo contaba a su amiga, la condesa Erdödy, en 1816: 

 

Pero hasta ahora no he podido hacer un mejor arreglo para él que colocarlo en un internado, lo que significa que está separado de mí; ¿Y qué es un internado comparado con el cuidado comprensivo inmediato de un padre para su hijo? Porque ahora me considero su padre; y sigo preguntándome cómo puedo tener este tesoro, que es muy valioso para mí, más cercano a mí, para poder influenciarlo más directamente y para su mayor beneficio... (Anderson, 1961, pp.577- 578).

 

Pero ¿por qué esta percepción por parte de Beethoven de tan alta responsabilidad frente a su sobrino Karl? Aquí algunas explicaciones. Por una parte, los estilos educativos exigentes que observó de su padre y de su abuelo. Pero no sólo eso; debido a la temprana muerte de su madre, el joven Ludwig, que tuvo que regresar de Viena, se vio obligado a permanecer en su ciudad natal, Bonn durante años, convertido en cabeza de familia, a cargo de su padre y sus hermanos. Y para añadir algún ingrediente más, hay que recordar que Beethoven absorbió un importante conjunto de valores de tipo moral desde su adolescencia de la mano de algunos profesores, así como de los encuentros en la universidad o en las reuniones con familias amigas bien posicionadas. Ideas que continuaría reforzando a lo largo de los años gracias a las relaciones que experimentó también en Viena. Todo ello contribuyó a esa seriedad con la que se tomó la crianza de Karl. 

Pero Beethoven no solamente desarrolló esta relación paterno filial como mera tarea de responsabilidad. Aquí, sus propias necesidades de amor y valoración, consecuencia de sus sentimientos de  vulnerabilidad, que por aquellos tiempos eran más visibles, fueron protagonistas de su estilo parental. El compositor, cuya sordera seguía avanzando imparable, vivía en constante preocupación por el bienestar físico, intelectual y moral de Karl. Procuraba mostrarse siempre como un padre cuidador o incluso salvador hacia su sobrino. Como decían testimonios muy cercanos, Beethoven experimentaba un amor ciego por quien ahora se había convertido en su hijo. ¡Y qué menos que esperar este reconocimiento por parte del jovencito! Sin embargo, como suele suceder, cuando un padre se muestra demasiado pendiente, el hijo siente la necesidad de alejarse y encontrar su espacio, así que en ocasiones lo rechaza, provocando, como no, el enfado y frustración del padre. Bien, pues en este baile te quiero-no te quiero se movían tío y sobrino. 

Lo que, sin duda, confirman la gran cantidad de documentos que tenemos a nuestra disposición sobre este genio es que Beethoven fue el padre que mejor supo ser. Y como sabemos en psicología, no hay nada que hagamos o dejemos de hacer que no influya y deje cierto impacto en los demás. Indiscutiblemente Beethoven tuvo que dejar una huella en Karl, y qué mejor prueba y detalle de ello, que éste bautizara a su único hijo varón con el nombre de Ludwig. 

 

 


Acerca de la autora

Abigail Jareño Gómez, es psicóloga psicoterapeuta, investigadora y profesora de psicología en la universidad CEU San Pablo de Madrid.

Sus publicaciones más recientes son Qualitative methodology: psychobiography (2019), el capítulo Análisis psicopatológico del personaje histórico Juana I de Castilla (2016), el prólogo del libro titulado PsicoCEU: investigación, estudiantes y clínica, así como el capítulo contenido en el mismo libro Esquizofrenia: una mirada a través de la pintura (2019).

Su interés actual se centra en la psicología de la personalidad, la investigación cualitativa y los métodos idiográficos. Como amante de la música,
lleva dedicados más de 3 años al estudio de la personalidad del músico y compositor Ludwig van Beethoven.

 

Puedes contactar con Abigail Jareño Gómez en el correo abigail.jarenogomez@ceu.es

 

 

 

 




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