Opera de Cámara - Doble programa



Una nueva producción especial de la Usina del Arte que da continuidad al ciclo de óperas de cámara en una sala de acústica privilegiada.
 

Luego del éxito de Mahagonny Songspiel, vuelve Marcelo Lombardero con un gran elenco para revisitar con maestría dos exquisitas obras poco transitadas.

 

 

Opera de Cámara - Doble programa

- Gran estreno -  

Dirección de Marcelo Lombardero

 

El pobre marinero (Le pauvre matelot) de Darius Milhaud y Jean Cocteau.

Diario de un desaparecido (Zápisník zmizelého) de Leoš Janácek.

Funciones: 

Sábados 30 de mayo, 6 y 13 de junio a las 18 hs.

Domingos 31 de mayo y 7 de junio a las 18 hs.

Sala de Cámara

 

Entrada general: $90.-
En venta por sistema tuentrada.com

o en las boleterías de La Usina del Arte y el Centro Cultural San Martín

www.usinadelarte.org

Caffarena 1, esquina Av. Pedro de Mendoza, La Boca

 

Gustavo López Manzitti (el marinero), Graciela Oddone (su mujer),Víctor Torres (su amigo), Hernán Iturralde (su suegro), Martín Soteloen dirección musical, son los artistas que forman parte del elenco de El pobre marinero.

El staff de Diario de un desaparecido está integrado por Pablo Pollitzer(Janíec), Florencia Machado (gitana), Ana Sampedro (soprano I), Rocío Fernández (soprano II), Sabrina Contestábile (contralto), Carlos Koffman (piano)

Dirección de Escena: Marcelo Lombardero-Escenografía: Noelia González Sbovoda-Vestuario: Luciana Gutman-Iluminación: Horacio Efron-Asistente de dirección. Michelle Krymer-Asistente de producción: Aurelia Parodi-Asistente musical de escena: Hernan Morales.

 

El que va y el que viene

Por Luciano Marra de la Fuente

Las dos obras de este programa, Diario de un desaparecido de Leos Janácek y El pobre marinero de Darius Milhaud, comparten, más allá de sus estéticas diferenciadas, un aire de época: fueron compuestas hacia el final de la Primera Guerra Mundial, un tiempo atravesado por la inseguridad, el desasosiego y el desconcierto, donde la sociedad burguesa se va derrumbando año a año y la conciencia de postguerra era aun más patente.

“Este absoluto desconcierto de los que no sabiendo por qué vivir ni por qué morir”, escribe el historiador argentino José Luis Romero en su libro El ciclo de la revolución contemporánea (1948), “desembocaban en una ardiente apelación al mundo interior”. El campesino Janick, protagonista de la obra de Janácek, se desprende de su historia para fortalecer ese mundo interior, en tanto que los personajes de la ópera de cámara de Milhaud son presos de la vorágine de la miseria, producto de una guerra que, más allá de los tratados de paz, aún continuaba y desembocaría en otra crisis mundial.

 

Diario de un desaparecido

La producción musical de Leos Janácek es bien particular: recién a sus sesenta y dos años fue cuando acaparó las miradas de editores, intérpretes y público al presentarse en 1916 en el Teatro Nacional de Praga su ópera Jenufa, doce años después del estreno en la ciudad de Brno. Hasta ese entonces su vida musical se proyectaba de manera regional como director de coros, profesor y crítico musical. También durante esa época realizaría, junto al filólogo y colega Frantisek Bartos, un estudio de campo sobre las regiones moravas recopilando dos importantes ediciones de canciones folclóricas.

Este contacto con la música y la prosodia de su idioma tendría un impacto importante para las obras musicales que Janácek escribirá de ahí en adelante, y sobre todo después de ese reestreno de Jenufa, donde la composición tomaría el lugar primordial de su actividad. Allí generó el grueso de su producción: cinco óperas que siguen enriqueciendo el repertorio —Las excursiones del Sr. Broucek (1920), Katia Kabanova (1921), La zorrita astuta(1924), El caso Makropulos (1926) y Desde la casa de los muertos (1930)— y otras magníficas obras como laMisa Glagolítica (1926), la Sinfonietta (1926) y el ciclo de canciones Diario de un desaparecido (1919).

Para esta obra Janácek toma una serie de poemas anónimos, en dialecto de la región de Valaquia, que fueron publicados en 1916 y que muestran el proceso por el cual un joven campesino, Janick, se exilia de su aldea en Moravia oriental sin dejar rastro, para seguir a la mujer que ama, la gitana Zefka. El compositor explora, a lo largo de veintidós números, ese conflicto que implica el desprendimiento del estatus establecido de Janick, rondando la culpabilidad, el anhelo de libertad y el descubrimiento de su propia sexualidad. Esa exploración la realiza rompiendo la forma tradicional del ciclo de lieder, característico en el Romanticismo alemán con Franz Schubert y Robert Schumann a la cabeza, al incorporar al tenor solista y piano, la presencia de una mezzosoprano o contralto que representa a la gitana, y un coro de tres voces femeninas fuera de escena.

El resultado es una ópera de bolsillo o una cantata escénica, que traduce musicalmente la riqueza de imágenes del poema, que hace referencia al trabajo con la tierra, la naturaleza, la mirada a un mundo desconocido a través de lo gitano y los diferentes estados anímicos. Para eso se vale de una amplia gama de matices rítmicos y dinámicos, haciendo uso a veces de marcados cromatismos, aunque también de giros melódicos modales, creando una atmósfera entre onírica y cruda. La escena central de la seducción de la gitana, con ese coro femenino a la distancia, es de una tensión dramática muy similar a las que se generan en las óperas de Janácek. El clímax de esta escena (y quizá de toda la obra) se da no en una pieza vocal, sino en una para piano solo, la N° 13, donde el joven campesino pierde su virginidad. Luego de esto, la partida de Janick será inminente (y aún más al saber que la gitana quedó embarazada): el progreso de los siguientes números desembocará en el tono heroico y épico que adquiere la despedida final, un impacto musical intenso y difícil de olvidar.

 

El pobre marinero

Durante la Primera Guerra Mundial, Darius Milhaud por razones médicas no pudo unirse a las fuerzas armadas, por lo que en principio ayudó a los refugiados belgas y a comienzos de 1917 se trasladó a Brasil como secretario de su amigo, el escritor Paul Claudel, que había sido designado cónsul. En ese país Milhaud descubriría ritmos y sonidos muy lejanos a los de su tierra natal, una influencia que se transmitiría en sus nuevas composiciones. Al regresar, en la década de 1920, viviría la efervescencia de la post-guerra en París, codeándose con diferentes artistas, poetas y músicos, desde Picasso a Satie, y realizando viajes a Estados Unidos y Viena, en los que descubriría el jazz y la música atonal de la Segunda Escuela de Viena, respectivamente.

Es en esa década también cuando el género operístico se convierte en uno de sus mayores intereses, llegando a escribir en el período de cinco años siete óperas en diferentes formatos, desde las pequeñas “opéras-minutes” —L’enlèvement d’Europe (1927), L’abandon d’Ariane (1928) y La délivrance de Thésée (1928)— a óperas a gran escala, herederas de la grand-opéra —Christophe Colomb (1930) y  Maximilien (1932)—, pasando por las óperas de cámara Les malheurs d’Orphée (1926) y Le pauvre matelot (El pobre marinero, 1927).

Para esta última, el compositor utilizaría un libreto original de su amigo, el escritor Jean Cocteau, con quien ya había colaborado en los ballets Le Boeuf sur le toit (1919) y Le train bleu (1924), los Trois Poèmes de Cocteau, Op. 90 (1920) y otras obras. Cocteau también fue el intelectual que unió al grupo de jóvenes compositores al que perteneció Milhaud durante 1916 y 1923, “Les six”, integrado también por Georges Auric, Louis Durey, Arthur Honegger, Francis Poulenc y Germaine Tailleferre.

Inspirada en un hecho policial aparecido en los matutinos, aunque también en una fuente literaria de tradición popular francesa del siglo XVII (Complainte du funeste retour), la obra de Cocteau muestra, tras quince años de exilio, el regreso de un marinero a su pueblo donde ninguno lo reconoce, incluso su esposa y su suegro. Haciéndose pasar por un amigo rico suyo, la esposa lo asesina para robarle sus riquezas y poder salvar a su marido pobre que prontamente volverá. La ópera está estructurada en tres breves actos de una concisión teatral efectiva y que forman un arco progresivo impactante.

El texto dista de ser un libreto de ópera tradicional: es un permanente diálogo de frases simples y que Milhaud traduce musicalmente como canto alternado y sucesivo, ya que la mayoría de las escenas son de dos o tres personajes, salvo la entrada del Marinero en el primer acto, que es un arioso de potencia dramática. También sólo hay un pasaje donde los personajes cantan ensamblados, a la manera de dúo, en la escena que le sigue a ese arioso, la de reconocimiento del Marinero por su Amigo.

El pequeño ensamble de doce instrumentos que acompaña es un personaje más para generar la tensión de cada escena, haciendo uso de pequeños motivos repetidos e imponiendo un ritmo escénico de permanente suspenso. En el tercer acto, por ejemplo, luego del asesinato por la Mujer, Milhaud superpone cuatro canciones de marineros populares sobre un pedal sombrío (un motivo musical y rítmico repetido) generando una marcha fúnebre velada, una manera muy desesperanzada para finalizar este drama en el que son protagonistas la indiferencia por el otro, la obstinación con un pasado que ya no existe y el desasosiego de una época.

 

MARCELO LOMBARDERO

Director de escena

Vinculado a la ópera desde su infancia, primero como integrante del Coro de Niños y del Coro Estable del Teatro Colón de Buenos Aires y, más tarde, como reconocido barítono en teatros de América y Europa. Tras retirarse como cantante en 2005 para asumir la dirección artística del Colón –donde también creó y dirigió la Ópera de Cámara–, comenzó su carrera como director de escena, en el Centro de Experimentación de ese teatro, destacando especialmente en el repertorio del siglo XX. Ha colaborado también con otros importantes teatros de su país, como el Argentino de La Plata, donde fue director artístico.

Ha montado espectáculos en diversas salas de Chile, México, República Checa, Polonia, Colombia, Venezuela, Brasil, Uruguay  Letonia y EE.UU. Sus montajes han obtenido premios de la Crítica Musical Argentina, Asociación de Críticos de Espectáculos de Argentina, Clarín, Konex, Círculo de Críticos de Arte de Chile y APES, entre otros. Recientemente su Lady Macbeth de Mtsensk presentada en Pozna fue elegida mejor montaje lírico de la temporada 2011-2012 de Polonia y su producción de Carmen fue premiada con el Lunas del Auditorio de México.

 

 

 

 



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