175 aniversario del Hospital Británico junto a Vivaldi en el Teatro Colón.



El Teatro Colón se vistió de gala la noche del 9 de diciembre con motivo de la celebración del 175 aniversario del Hospital Británico de Buenos Aires, junto a la presencia de renombrados artistas en escena y personalidades de distintos ámbitos institucionales en el público que contribuyeron con su entrada para la creación de un fondo a beneficio de la Escuela de Enfermería del Hospital; la primera escuela de enfermería del país desde hace 130 años y que, año con año, forma de manera gratuita a cientos de nuevos profesionales.

 

Por Carlos Romero.

 

En esta ocasión, y con un programa que comprendía exclusivamente obras del compositor barroco Antonio Vivaldi (1678 – 1741), el conjunto de músicos invitados estuvo conformado por la célebre Camerata Bariloche bajo la conducción del italiano Francesco Fanna como director invitado, la reconocida violinista inglesa Priya Mitchell, el destacado Grupo de Canto Coral y los prestigiosos cantantes solistas Graciela Oddone (soprano), Susana Moncayo Von Hasse (contralto) e Ian Honeyman (tenor); a los que se les suman las voces de la soprano Alejandra Murri Ganchev y el bajo Tamino Andrenacci.

Luego de los correspondientes saludos de bienvenida y agradecimiento por parte de las autoridades del Hospital Británico, se dio inicio a la primera parte del evento con la participación de la Camerata Bariloche y la violinista Priya Mitchell como solista en el integral de los cuatro Conciertos para violín y orquesta que conforman las famosas “Cuatro Estaciones” de Antonio Vivaldi. Estos conciertos compuestos alrededor del año 1721, fueron publicados en 1725 junto con otros ocho conciertos para violín, bajo el título de “Il cimento dell'armonia e dell'inventione” («Concurso entre Armonía e Invención»), Op. 8. Cada concierto está relacionado con textos de poemas descriptivos de la naturaleza durante las estaciones del año, que fueron probablemente escritos por el mismo Vivaldi para crear una representación sonora en cada uno de los movimientos del concierto correspondiente.

Desde el primer concierto, La Primavera, fue muy admirable la conexión musical entre Mitchell y los integrantes de la Camerata. Es importante en la música barroca un buen grado de entendimiento mutuo para poder obtener un sonido claro entre las líneas que ocurren simultáneamente, sobre todo siendo música que no fue pensada originalmente para grandes teatros; es música camarística más íntima, y eso se pudo percibir en esta ocasión, desde los momentos solistas de la violinista hasta su interacción con el conjunto de músicos. Un sonido rico en brillo y solemnidad llenó el teatro durante El Verano, donde cabe resaltar los pasajes virtuosos característicos de la solista, que, si bien sufrieron algunos deslices debido a las altas velocidades de los tempi elegidos, fueron llevados a cabo con  gran carácter y pasión, cualidades que destacaron en el famoso tercer movimiento Presto. Más allá de que un poco de dicho carácter se haya filtrado en el inicio de El Otoño donde no era requerido, sin lugar a dudas la técnica instrumental de Mitchell es digna de grandes elogios y fue muy interesante notar también sus decisiones interpretativas en cuanto a dinámicas en algunas secciones, ya que fueron originales y le agregaron mucho interés a cada uno de los cuatro conciertos, como sucedió también al final en El Invierno, con la utilización de técnicas extendidas para las cuerdas como el toque sul ponticello para generar un sonido más vidrioso que remita al caminar sobre hielo descripto en los poemas.

La segunda parte de la noche constó de la participación del reconocido director y especialista en música de Vivaldi, Francesco Fanna, al frente de la Camerata Bariloche, el Grupo de Canto Coral y los solistas anteriormente mencionados para la interpretación de otra gran obra del compositor: Dixit Dominus, RV. 595, para 5 solistas vocales, coro y orquesta, con texto del Salmo 110. A lo largo de sus once números y a pesar de las constantes interrupciones por aplausos del público entre ellos, como sucedió con los conciertos de Las Cuatro Estaciones, la orquesta alcanzó una magnífica sonoridad y presencia para abordar los textos religiosos y acompañar a los cantantes solistas en sus interpretaciones, donde cabe destacar las excepcionales voces de la soprano Graciela Oddone y el tenor inglés Ian Honeyman, quienes transmitieron una sonoridad acorde al carácter íntimo dentro del contexto de la música religiosa barroca. Ovacionados por el público, esta última parte de la noche culminó con un interesante encore de un arreglo del mismo Vivaldi sobre el primer movimiento de La Primavera para una de sus óperas Dorilla in Tempe, agregándole coro con texto y deleitando nuevamente a la audiencia con su universal sonoridad representativa de la belleza de la naturaleza.

 

 



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