Laura Figueiras y Carla Rímola: "Las posibilidades de una Matria"



Entrevista a Laura Figueiras y Carla Rímola, dos coreógrafas emergentes, muy amalgamadas en el arte y en la vida. Ambas acaban de estrenar POLVAREDAL -obra seleccionada para participar del FIBA- donde replantean el lugar histórico de la mujer dentro de las convenciones arquetípicas del Folklore.

 


Por María Luz Lassalle

 

¿Cómo comenzaron a gestar POLVAREDAL? 

Carla Rímola: A esta idea comenzamos a desarrollarla ahora, pero en realidad sentimos muchas veces que de un trabajo que hacemos se desprenden otras ideas.

Laura Figueiras: Nuestro trabajo final de graduación de la U.N.A. fue Acto Blanco y cuando hicimos el escrito pudimos revisitarlo con una distancia en tiempo y en ideas.

CR: La reflexión acerca de cómo es nuestra identidad, donde Argentina siempre está con los ojos en Europa, nos llevó a preguntarnos sobre ese aspecto. Nos dimos cuenta de que nos interesaba la historia.

LF: La historia en general y la historia de la danza en particular. Entonces, ya en el Laberinto de la Historia (obra presentada en la BIENAL) hay un atisbo de empezar a pensarnos como danza argentina, cuál es nuestra historia de la danza, y también nos dimos cuenta de que en Acto Blanco habíamos sido muy eurocéntricas; hablábamos del ballet, de la figura de la mujer en Europa, de todo un trazado conceptual estético que tiene que ver con un ideario europeo. Entendimos que nuestra formación es muy eurocéntrica y pensábamos cómo sería empezar a pensarnos desde acá, con nuestros cuerpos, con nuestras tradiciones, con nuestra propia historia; cómo son esas tensiones que nos constituyen en la identidad.

CR: Algo que nos sucedió cuando estrenamos El laberinto de la historia; a una de las escenas le decíamos la escena CAPORÁ, que es un ballet que fue escrito por Ricardo Güiraldes y fue pensado conjuntamente con el mismísimo Nijinski. Acá se estaba tratando de forjar una identidad nacional mediante símbolos. Güiraldes y Nijinski empatizaron en este espíritu nacionalista y entonces decidieron hacer un ballet juntos; Güiraldes lo escribió pero Nijinski tuvo un brote psicótico y ese ballet quedó inconcluso, no tuvo su coreografía. Nosotras pensamos cómo hubiese sido esa coreografía construida desde esa mirada de los ballet rusos. Llegamos a un juego con todo esto. La leyenda que escribe Güiraldes para ser coreografiada es una leyenda guaraní, y nos vino como anillo al dedo, porque mucha gente de la crítica y algunos espectadores comentaron: “¡Qué tensión hablar guaraní en el teatro Colón!”.  Nos hacían esa observación y ahí nosotras dijimos: “¡Acá hay algo interesante!”.

LF: De esto hay que hablar más profundamente ¿Por qué se registra una tensión en esto? ¿Con qué tiene que ver? De ahí surgió la idea de POLVADERAL, un poco de esas tensiones y qué es lo que constituye a nuestra identidad nacional que está llena de símbolos donde el arte interviene para construirlos. Nos interesaba en POLVAREDAL trabajar esa estetización de los símbolos, de nuestros próceres y cómo el poder decide que sea ese ideario de personajes; qué es lo que se recuerda y qué es lo que queda afuera, aquello que se constituye como el ideario y aquello que se invisibiliza. Ésa fue nuestra primera idea de POLVAREDAL.

CR: Agitar el polvo de la historia y empezar a revisar un poco todas estas cuestiones. Por supuesto aquí aparece el elemento folklore porque generalmente la identidad nacional recae muchísimo sobre él. También es donde aparecen estos juegos de poder. El nombre tiene que ver con esto, que polvareda es algo muy usado en el folklore, los buenos bailarines los virtuosos levantan polvareda cuando bailan y de ahí el nombre de la obra.

 

¿Desde cuándo trabajan juntas y cómo es la relación entre ustedes durante el particular momento de creación?

LF: Con Carla nos conocimos en la carrera y en el 2011 empezamos con el trabajo de tesis de Acto Blanco que se estrenó en el 2013. A partir de ahí fuimos generando proyectos todos los años. ¿Y nuestra relación al trabajar juntas? Siempre decimos que contamos con una vibración muy particular porque estamos en la misma sintonía energética, nos gustan mucho las mismas cosas, influye que tenemos una formación idéntica, hablamos un lenguaje común, tenemos una manera muy similar de construir la escena, de abordar los materiales.

CR: Estamos de acuerdo en lo que queremos decir, en los temas que elegimos. A las dos nos gusta muchísimo la música, tenemos una formación musical un poco sin querer, por nuestros familiares cercanos. Es un rasgo que tenemos en común y que aparece mucho en nuestro trabajo por el lugar que le damos a la música y al tipo de música en general.

LF: Durante la creación, lo que más disfrutamos son los momentos iniciales del proceso, abrimos libros, buscamos un texto para trabajar o una imagen, charlamos de una idea; son momentos en general compartidos desde un lugar de mucho relajo. Nos juntamos a desayunar o a almorzar, tenemos un momento íntimo entre las dos porque después son espacios más abiertos. Muchas veces es lo que motoriza verdaderamente el proceso donde nosotras nos ponemos de acuerdo y entablamos una buena conexión para llevar adelante la escena.

CR: Algo que nos gusta muchísimo es trabajar con imágenes y es algo que nos devuelven cuando ven nuestras obras. Miramos muchas pinturas, nos interesa la construcción de una imagen, entonces muchas veces nos empapamos y después es increíble cómo deviene en el proceso creativo, las bailarinas mismas lo proponen sin querer queriendo, aparece en el inconsciente de la obra y se manifiesta.

LF: ¡Exactamente!

 

La obra tiene una fuerte impronta femenina. Más allá de que las bailarinas sean todas mujeres, tanto ACTO BLANCO como POLVAREDAL destacan, de una u otra manera, el rol de la mujer ¿Cómo desarrollan esta idea al momento de componer? ¿Cómo fue trabajar con esta temática en un momento histórico social tan comprometido con la idea de género?

CR: Somos mujeres creadoras y desde un primer momento es un tema que nos interpeló; cual es el rol que tiene la mujer. Cuando creamos Acto Blanco no estaba tan en boga.

LF: No estaba tan visible la cuestión de género como ahora, pero sí nos interesó siempre pensar el rol de la figura femenina en la escena. En el caso de POLVAREDAL, que de alguna manera es la continuación de las ideas del Laberinto de la historia, y también es continuación de Acto Blanco en este sentido, visibiliza lo que la historia del poder oculta. Muchas veces las mujeres argentinas que han luchado por la liberación, que han tenido roles importantes dentro de la constitución del país, lugares de relevancia han sido invisibilizadas. Entonces también fue una premisa de la que partimos en POLVAREDAL, visibilizar aquello que la historia del poder invisibiliza. Así como Acto Blanco tuvo que ver con subvertir esa idea de la mujer frágil, estas ideas de Giselle, La Silfide en donde la mujer tiene un lugar de fragilidad, de enfermedad, un lugar donde es absolutamente inmaterial, no tiene carne, no tiene cuerpo, para nosotras, en Acto Blanco, era interesante que se planteen mujeres de carne y hueso, mujeres potentes, mujeres animales, mujeres fuertes; y en en el caso de POLVAREDAL se trata de investigar o trazar una línea de reflexión respecto al rol de la mujer dentro del folklore, por lo menos del criollo, sin tomar en cuenta los elementos indigenistas en donde sí quizás la mujer tiene otro rol. Hay una cuestión heteronormativa, patriarcal, en donde la mujer ocupa determinados roles y lugares fijos o estáticos. Y la idea en POLVAREDAL es indagar en esos roles, ironizarlos, hacerse preguntas, re-visitarlos, ver qué pasa con este lugar más mágico de la mujer, esta idea de la mujer bruja, la mujer hechicera.

CR: La mujer sabia, la que teje los hilos invisibles del mundo, la chamana. Para el trabajo leímos mucho a Gabriela Cabezón Cámera, autora de "Las aventuras de la china" que justamente hace una revisión del género gauchesco desde una mirada que tiene que ver con la mirada que estamos planteando respecto a la mujer.

 

Laura, POLVAREDAL te encontró en un momento muy particular de tu vida, fuiste mamá hace poco. ¿Sentís que influye tu maternidad en algún aspecto de la obra? ¿De qué manera?

LF: Bueno, sí, la maternidad es todo (risas). Te transforma en todo sentido, en todo nivel. Transforma el cuerpo, el espíritu, la vida cotidiana, es un torbellino de intensidad. La realidad es que nosotras empezamos este proyecto sabiendo que yo estaba embarazada, y fue una de las cosas que nos preguntamos: si estaba bien el hecho de encarar un proyecto que se iba a estrenar a muy poco tiempo de mi maternidad. Y decidimos que sí, que había que seguir adelante, que nuestra vida artística va a continuar más allá de la maternidad, que nuestra vida es lo que somos.  Es estar en el teatro. 

No sabía cómo iba a ser la llegada de Sebi, mi hijito, no sabía cómo me iba a transformar, si iba a poder continuar o no con el proceso. Pero Carli me dio la tranquilidad de que ella iba a estar al pie del cañón para llevar adelante el proyecto en caso de yo tuviera que frenar por algún tiempo, así que muy tranquila tuve a mi bebé y fueron muy hermosos los ensayos con la panza, muy místicos también, por lo que significa estar construyendo todas estas ideas en relación a la mujer creación; doble creación.

CR: Son muchos años de trabajo juntas, más de siete, y hay mucha confianza, mucho amor. Creo que ésa es la base de que este trabajo se pueda dar de manera fluida y que podamos siempre incorporar la vida al trabajo y festejar la vida. Nos gusta decir eso, nos encanta festejar.

 

Ya pasaron por la Bienal de Arte Joven, el Festival de Danza Contemporánea, FAUNA y el FIBA. Parecería que han encontrado la receta para una relación de trabajo sólida y eficaz ¿Cómo lo viven?

LF: Respecto a la manera de trabajar y encontrar una receta, nosotras sentimos que el proceso creativo de Acto Blanco sirvió para conocernos mucho en relación a cómo manejarnos en un ensayo, llevar adelante una idea, cómo relacionarnos con la gente, cómo dirigir un grupo, cómo sortear conflictos de toda índole. Nuestro comienzo nos consolidó fuertemente.

CR: Nos dio una receta, una manera de trabajar, porque Acto Blanco fue nuestro primer trabajo y es un poco el que te revela. También nos conocimos trabajando juntas y a partir de entonces, en los otros trabajos que hicimos, que fueron varios, logramos que Laufi o yo podamos estar solas en un ensayo y cuando viene la otra retome el material, porque ya sabemos por donde tenemos que ir. Más allá de que tome el mando una o la otra, vamos estar siempre de acuerdo.

 

¿Qué entienden por comunicar a través de la danza?

LF: Bueno, Isadora dijo, cita textual…

CR: "La danza es un arte muy elevado y desde la fosa que ha caído se levantará" (risas). Es todo lo que podemos hacer porque nuestro deseo pasa por ahí, por movernos por poner el cuerpo, y a la hora de la creación creemos que la danza condensa imágenes, signos, sentidos; que tiene un poder muy simbólico y poético. Nos interesa, la polisemia de la danza.

LF: Es lo más lindo, porque es cuando el espectador es invitado a pensar de otras maneras, distintas de lo racional. La potencia de la danza está en lo poético y en la imagen, que dispara muchos sentidos. Entonces, esa condensación de imágenes se traduce en distintos estímulos y sensaciones. A nosotras nos gusta mucho trabajar con eso de las sensaciones.

CR: Proponer al espectador una experiencia inmersa, como viajando por diferentes imágenes.

LF: El fin último, lo esperable (no sabemos si sucede o no) es generar alguna reflexión, alguna transformación, alguna pregunta respecto a cómo nos constituimos como sujetos en este mundo.

 


 

Ver reseña de la obra: 

http://musicaclasicaba.com.ar/blog/ver/1087/Polvaredal




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