La delgada línea entre Manzi y Spinetta



Julián Hermida presenta “Rock de Batuta” en el Torquato Tasso.

El músico, compositor y director presenta, por última vez en el año, su espectáculo sobre canciones de Rock Argentino para orquesta. En el mismo contexto está terminando las grabaciones de su disco homenaje a Almendra, la primera banda liderada por el ya legendario Luis Alberto Spinetta. Estas fueron las excusas perfectas para entablar con Hermida una exquisita e intensa charla sobre la evolución del Tango en tiempos de clásicos no reconocidos.  

 

Por Natalia Cardillo.

 

¿Qué estás escuchando? De Tango, por ejemplo.

No estoy escuchando tango hace un montón. Estoy en un momento de conflicto con eso. Del año 2000 al año 2010, hablando de este nuevo ciclo por así decirlo, ya a fines de los noventa comenzó a escucharse una cosa muy linda. Pero ahora todos están como viviendo aún en el 2008. Esta cuestión de “estamos en el renacer del Tango”... ¡Ya pasó más de 10 años! Y en esta década última no pasó nada más. Hay más artistas que público. En las milongas, los que están todos hacen algo ahí adentro; son parte activa de la industria comercial del Tango. O sea, poca gente de afuera, de público. No hay propuestas nuevas. Lo que se toca ya está escrito y se toca como está. Y yo prefiero que se invente mal, antes que se copie bien. Así que no escucho tango. Cada tanto pongo algo. El otro día puse una vez más al Polaco Goyeneche y dije “¡Claro!”. Me encanta el tango pero me pasa esto. Y además hay una necesidad auditiva mía que pasa hoy por otro lado. Pero ya te digo, siento que lo que suena es todo franquicia, bien tocado, mal tocado, es franquicia. 

¿Hay salida para eso?

La salida es la creatividad, pero no la está habiendo.  Preparación sobra. Es mucho más fácil estudiar hoy que hace cincuenta años. Hay libros y libros de partituras. Se ha academizado y explicado en forma pedagógica hasta lo que no se explicaba. Hay cursos hasta de cómo acompañar cantores. 

¿Puede que igualmente haya alguna deficiencia en la forma de enseñar que no despierte, prepare o abra las cabezas para hacer algo que no esté dentro de lo existente? Más allá que eso deba nacer en uno…

Componer se compone mucho. Hay instrumentaciones nuevas, letristas hay muchos. Pero entre lo que se compone no hay cosas nuevas. Porque en realidad lo que se termina haciendo es dar una vuelta de tuerca más a lo que ya está, pero termina todo en el mismo pasillo. No es abrir un pasillo nuevo, es adentrarse un poco más en el mismo pasillo. La evolución llegó desde una “academización” tan grande que alejó de lo popular al género. Lo nuevo pagó muy bien y lo pagó Piazzolla. La evolución tampoco pasa por hacer todo más difícil en el estilo. Spinetta, Charly (García) no hicieron el Rock más difícil de lo que era; encontraron un carisma musical, un swing dentro de los parámetros musicales ya conocidos. 

Bueno, estos artistas marcaron por sí solos una gran diferencia. 

Sí, claro. No creo que la responsabilidad termine siendo de los maestros. Hay músicos o profesores que sí ya están condicionados por ciertas formas y estructuras. Es como que aparecen camadas nuevas también de eso. Por ejemplo la soberbia de decir “esto es Tango, esto no lo es”… Eso es tremendo, inquisidor. Es muy grave para el arte que aparezca cualquiera a decir qué está bien y qué está mal. Quizá eso sea otro motivo de por qué no se está llegando a la gente, por la soberbia. Y otro problema es que esa soberbia incluye cuestiones como que no se está tocando para los demás. Hay que tocar para el público, sin llegar al extremo, porque sería la otra punta del mismo problema. Y hoy hay menos público de tango que hace diez años. Tampoco el tango está ya en los lugares de Tango. En el año 1999, cuando se suponía que había muerto, aún había lugares que te pagaban para tocar. En el 2009 ya se había desarticulado eso. El ambiente del Tango se había vuelto un gran under y se mezcló todo. Hoy la industria de este género es under de punta a punta. Y para mi visión, la diferencia en lo under o no under no es que te paguen por tocar. Por ejemplo, la industria discográfica ya no banca a músicos de Tango, no afloran músicos de Tango conocidos. Aquellos discos siempre han sido producidos por alguien, pero hoy ante el inminente fin de la industria discográfica, cosas como estas, las termina pagando y produciendo siempre el músico. Quizá también alguien que haga las veces de productor, ok…

Pero no deja de ser una producción independiente.

 Exactamente. Eso habla de que la industria del Tango no está funcionando.

¿Subsiste quizá por el turista?

Sí… Por el turista; algo del público más conservador que te va a escuchar. La gente prende la radio para escuchar a Troilo. Pero bueno, Troilo hoy no está. Y los que están tocando esta noche en algún lado no son difundidos, o tienen un espacio muy cortito para el momento de los “simpáticos nuevos”. Pero los que tocamos somos tipos a veces de cuarenta, cincuenta o setenta años. No comenzamos ayer. Pero se cae en lo de siempre: Troilo, Pugliese, etc. Chico Novarro, para los medios, en el Tango se lo considera nuevo, y Chico viene haciendo esto hace décadas. Todo está así en el Tango. 

Entonces… ¿Qué escuchás? (Risas)

Escucho… todo lo demás. Escucho muchísimo Jazz, Clásico, Folklore y Rock. En el auto escucho la radio de Bobby Flores. Es un tipo que sabe mucho de música y siempre descubro cosas. Voy con la aplicación que me dice que tema es, si no lo conozco, entonces llego a casa, lo busco, lo estudio. Y lo mismo me sucede con Radio Nacional Clásica. Llego, busco el concierto, lo estudio, me fijo detalles de las partituras. Un obsesivo, sí (risas).

¿Y tus estudios dónde focalizaron?

Mi papá tocaba Tango en forma amateur, tocaba de oreja. En mi familia todos eran guitarristas, pero aficionados. Acompañaba cantores con mi papá cuando yo tenía doce años. Soy de Bernal y allí íbamos a peñas, fiestas de los barrios y eso lo hice durante muchos años. Luego en épocas ya del secundario con mis amigos tocaba Hardcore, Trash. Y recién me pagué mis clases de música cuando tenía veinte años. Vengo de una familia muy humilde y no se pudo antes. Pero ya tocaba hacía ocho años. Siempre aprendía de mi papá y otros, mientras tocaba. Y comencé a tocar profesionalmente alrededor de los veinticinco. Estuve un año trabajando para la orquesta de Nelly Omar. Y toqué allí con todos los que habían tocado con Edmundo Rivero, y algunos otros grandes. Naturalmente empecé a escuchar más música. Necesitaba una tímbrica más amplia. Descubrí a Quique Greco y eso me cambió la visión de lo musical. Y comencé a escribir música, a estudiar armonía. Estudié también en SADAIC. 

¿Con quiénes tocaste, siendo figuras principales? Osvaldo Piro por ejemplo.

Osvaldo Piro, grabé con Leopoldo Federico, acompañé a muchos cantores, Nelly Vazquez, Oscar Ferrari, Virginia Luque. En los noventa ya había acompañado a muchos. Con Alberto Podestá comencé a tocar a mis veintidos años.  

Contanos de estos proyectos actuales. ¿”Rock de Batuta” está ligado a este homenaje a Almendra, por ejemplo? 

Sí, es parte de lo mismo. Lo de Almendra es como el proyecto que armé el año pasado sobre Serú Giran, llamado “Los 40 de Serú”. Por otro lado, venía haciendo un ciclo que se llamaba “Tango de Batuta”, junto a Pablo Motta y Daniel Ruggiero. Los tres dirigíamos y decidimos armar esto. Siempre interpretábamos en organismos institucionales, estatales, nunca en el ámbito privado. Tocamos entonces nuestro ciclo en estos espacios. Fueron dos años. Como todo proyecto tanguero instrumental, se empieza a cerrar, encontrás el techo pronto. Ya sabes quién va a venir, quién no va a venir…

Un poco lo que hablábamos hace un rato.

Tal cual. Sabés todo de cómo viene el tema. El público para el cual tocás ya está definido… Cuesta un montón correrse de todo eso. Entonces me apasioné con lo de Serú, lo hice, esperando poder desarrollarlo mucho más. Parte de eso, del desarrollo de tu música, dónde la vas a tocar, para quien, no tiene que ver sólo con tu proyecto artístico, con lo lindo o lo feo de eso, si no con los contactos por ejemplo. A veces pensamos que con tocar va a alcanzar, pero como sos tu propio productor comenzás a ocuparte de cosas como productor no como músico. No deberíamos, pero lo hacemos. Entonces con ese disco tocamos en la Usina del Arte y no podía subir una orquesta grande a un escenario luego de eso por mi cuenta y producirlo, etc… entonces no se hizo más. Lo de “Tango de Batuta” había llegado a su fin, no tenía más ganas de hacerlo. Entonces me dije “hagamos otra cosa”. Vamos entonces con “Rock de Batuta” con orquesta, cantantes, con otras canciones y sigo haciendo el ciclo pero con otro nombre. Ahí fue cuando surgió hacer lo del disco de Almendra, y me dije “pero con el de Serú, ¿qué hiciste?”… Bueno no importa, no digo lo que me respondí porque no queda bien (risas) pero sí me dije “ok, vamos por el segundo, otro disco, no importa”. Lo voy a escribir, lo voy a grabar… Y ahora estoy en mitad de esta grabación.

En un tiempo donde está habiendo homenajes a Almendra por los cincuenta años de su primer disco.

Sí. El del año 1969. Estamos grabando el mismo disco, en el mismo orden, pero con arreglos para orquesta. Hay algo en internet de cuando se tocaron algunas cosas en vivo, pero ya estamos en breve con lo grabado. Ya grabó el “Cóndor” de Bersuit Vergarabat, grabaron Los Tipitos, Laura Miller y Lorena Astudillo. Falta grabar Daniela Herrero, Lula Bertoldi, Litto Nebbia, Esteban Riera, Cucuza Castiello y Andrés Calamaro. La orquesta son seis violines primeros, seis segundos, cuatro violas, tres cellos, piano, contrabajo y bandoneón. Es un disco que queremos sostener en vivo también, por eso lo de “Rock de Batuta”, donde está esto, está parte de “Los 40 de Serú”, otras cosas que escribí. La idea es llevar el Rock Nacional, nuestro, a ese formato de cuerdas, piano y bandoneón, con cantantes y subiendo a un escenario.  Son todos los temas de este disco de Almendra más un bonus track de una canción que no está en ese disco ni en ninguno del grupo, salvo en el unplugged que hizo Spinetta acompañado en ese tema por Rodolfo Garcia en acordeón a piano, que es “La miel en tu ventana”.

Hermosa inclusión. ¿Estando primeramente más relacionado con el Tango, cómo fuiste llegando al Rock?

No lo sé bien. Mirá, yo tengo una teoría; muy propia. Yo creo que la evolución del Tango un día llegó. Viste que hay religiones que están esperando el Mesías. Ese Mesías quizá ya llegó, vestido de otra forma de la esperada, caminaba en el agua, no sé, y nunca se dieron cuenta. O como el ejemplo que me contaron de un exiliado en los setenta que hablaba en contra del Peronismo y lo que estaba pasando en Argentina, y le dijeron “ustedes en la Argentina están esperando la revolución y la revolución les pasó por las narices y no la vieron, fue el Peronismo”. A veces las cosas llegan y uno no las ve porque las espera diferente. No las ve llegar. El Tango está esperando su renovación hace décadas, muchas. Y quizá ya llegó en los sesenta. Para mí el Tango es música de Buenos Aires. Y Charly García, Luis Alberto Spinetta, Los Gatos y más de lo que vino en ese momento es música de Buenos Aires. Fue la renovación tanguera que finalmente llegó. Mutó en eso. Si vos a la música de estos dos primeros compositores que acabo de nombrar le cambias la instrumentación, (porque también hay cuestiones tímbricas, estéticas teñidas del contexto que uno vive. Si vos a una Milonga le sacás bandoneón y le pones un pedal, una distorsión, ya no suena a Milonga. No así con El Choclo; si lo tocás con quena, seguirá sonando El Choclo) entonces, te decía, cuando sólo la tímbrica te hace asimilar un estilo de música eso sonará diferente. Cambiás la instrumentación y en este caso sonará a Rock. El Tango en los sesenta, setenta, ya no hablaba de lo que pasaba, hablaba de otras cosas. Entonces hubo otra necesidad artística. Y el Tango no recibió esta nueva oleada, porque el tango nunca recibió a nadie. No iba a recibir a Spinetta, pero Spinetta era tanguero. Estoy leyendo un libro que se llama “Tu tiempo es hoy” de Julián Delgado,  que habla del primer recital en vivo de Almendra en el Di Tella, y el primer tema que tocaron fue “Desde el alma”, un vals. Mirá cuán tangueros eran. 

De hecho, ellos decían que, sobre todo al principio, solían no encajar del todo en los ambientes del Rock.

¡Claro! Y a Charly le pasó lo mismo. Pero no les habrían dado bolilla en el Tango, por miles de prejuicios. Ahí comenzaba la real decadencia del género. Un género acunado por Homero Manzi, por Pichuco, por Cátulo Castillo, donde tenés obras como “La última curda” y la evolución no era “Azúcar, pimienta y sal”; esto fue una degeneración mas bien, no lo que hicieron ellos. Entonces la evolución del Tango fue el Rock naciente de los años sesenta, donde estos artistas “nuevos” no encontraron lugar en esas filas por todo un universo de motivos. Y ahí está mi necesidad de que el Tango avance, por eso parece que estoy haciendo otra cosa. Todos miran para atrás, nadie para adelante. Hasta los tangos nuevos, están escritos como si los hubiese escrito Cátulo, sin ser Cátulo,  justamente. Cátulo Castillo era un tipo jugado, picante, con ideas políticas, y hoy no sé mucho donde hay de eso. 

También sucede que hoy todo es más light y a su vez a estos grandes hay que, inevitablemente, meterlos en su tiempo, su contexto.

Sí, también. En síntesis, creo que hay una evolución del Tango oficial que vino, por ejemplo, con Piazzolla y una no oficial que vino de la mano del Rock Nacional. Hoy, si alguien escucha el disco “los 40 de Serú” y hay temas de Serú Giran que no conoce, podría pensar que eso es Tango. El de Almendra también. Nada queda lejos. 

Bueno y ¿cómo sigue este “Rock de Batuta”? Este jueves 31 de octubre es el último del año.

Este jueves es el último del año, en el Tasso. Hace falta tocar para más gente.

Hacer un salto cuántico.

Exactamente, hacer un salto cuántico para poder tocar para más público. Por eso es que si encuentro ese lugar, habrá otros. Me dije a mí mismo, en esos modos, “es hasta acá”. Así que habrá que ver cómo sigue. Producir me detuvo bastante con el tema de la escritura del disco de Almendra y otras cosas. Pero es un lugar para investigar más. No hay arreglos así para temas clásicos. Para el mundo “Alfonsina y el mar” o “Canción para mi muerte” no deja de ser algo nuevo y nadie apunta ahí. Volvemos: el “Tango nuevo” es Eladia Blazquez, y en realidad ya es un clásico. Charly García también sigue siendo nuevo para mucha gente. Y no hay partituras de nada de esto en este sentido. Nosotros grabamos este año una versión para orquesta de “Cantata de puentes amarillos”, que dura el tiempo que dura toda la canción, y es hermosa. Creo que tenemos cuarenta años de música, que sólo la han tocado sus protagonistas y bandas de covers de eso. Hay que redescubrir nuestra música. Es nuevo, eso es lo lindo de hacer esto, pero lo malo es que al ser nuevo, no todos lo toman; hay que ver dónde lo tocás, cómo…

Que nazca un libro de todo esto, por favor. 

Sí, mi idea es compilarlo en un libro. Páez, Spinetta, García, en estos modos, con otros arreglos. Lo de Serú ya venía muy armado. Con Almendra que es más Sui Generis, guitarra, fogón, ahí hay que hacer un trabajo más complejo para estos arreglos. Pero para eso estamos los músicos. En vez de arreglar por enésima vez el tango Sur, se puede trabajar con cosas sobre esto que no están hechas. Está bueno para mezclar también colores de voces diferentes, y que en todas suene Tango. Lo que decían los rockeros cincuenta años atrás nos lleva a cuestiones ideológicas pero en cuanto a la música en sí, es otro Tango. 

¿Y mezclar otros géneros?

Tengo escrito a la mitad algunos “intentos” de música clásica, porque son composiciones referidas a la Historia. Tengo algo en pistas que se llama “Sinfonía del Libertador”, por ejemplo. La vida y obra de San Martín. 

Y ¿con qué imágenes trabajás para eso? ¿Qué extraés de la Historia para componer esto?

Es abstracto explicarlo. Eso es todo muy abstracto. La Sinfonía de San Martín la dividí en períodos. Son dos partes grandes. La tensión sería en el cruce de la Cordillera y de ahí vuelve.  En 2016, que se cumplían doscientos años de la Declaración de la Independencia, me encargaron arreglos para que tocara la orquesta del Congreso Nacional y la Banda Sinfónica de Tucumán. Y fue componer, no arreglar, como me pidieron en un primer momento. Eso terminó siendo la “Suite Independencia”, en cuatro movimientos, donde el primero de ellos tiene aires de Vidala, por ejemplo. Hay fusiones de estilos, como verás. El segundo movimiento tiene algo de campero y música italiana, por lo europeizante del momento de los segundos cincuenta años de historia. El tercero, el que llamé Período del Pueblo, que va por el lado del Vals. Y el cuarto movimiento, que se llama Mercosur, vuelve lo externo a tomarnos, por ende musicalmente termina casi igual al segundo movimiento, porque en definitiva en Argentina la historia es cíclica. 

 

Rock de Batuta

Jueves 31 de octubre – 21 hrs.

Torquato Tasso

Defensa 1575 San Telmo – Buenos Aires 

 




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