Festival Barenboim, algunas conclusiones finales



Con este artículo me despido del Festival Barenboim. Cubre una sesión de música de cámara con Argerich, Barenboim y miembros de la WEDO, y un concierto sinfónico con Anne-Sophie Mutter (violín). 

Por Pablo Bardin.

 

CONCIERTO DE CÁMARA

    La programación de este concierto, que tuvo lugar el 6 de agosto, era poco clara cuando se vendieron las entradas; al recibir lo programado después de la venta, pensé que se habían aclarado las cosas, pero no: Martha Argerich fue fiel a su amor por Schumann y desterró lo más interesante, el Quinteto para piano y cuerdas de Shostakovich, suplantándolo por supuesto por el de Schumann. Me enojó el cambio, que hizo del programa una velada schumanniana, con tres obras suyas, y sólo una de otro autor. Como el segundo programa aclaraba que Argerich tocaría Shostakovich, me alegré de poder escucharla en una obra valiosa en la que antes no tuve oportunidad de apreciar su enfoque. El cambio fue tan repentino que fue anunciado por uno de los miembros de la WEDO. También cambió el ordenamiento de las obras. Así las cosas,  se empezó con la Obertura sobre temas hebreos de Prokofiev, basada sobre dos temas, uno rápido, muy klezmer, el otro reflexivo. Obra menor pero simpática, fue ejecutada por Jussef Eisa (clarinete), Michael Barenboim y Mohamed-Ali Anis Hiber (violines), Miriam Manasherov (viola), Astrig Siranosian (violoncelo) y Argerich. O sea que es un sexteto aunque dominado por el clarinete; data de 1919, un período viajero del compositor, que pasó por París y Japón antes de residir por un tiempo en Estados Unidos; escribió ese año una de sus mejores obras, la ópera “El amor por tres naranjas”. Buen trabajo de conjunto y solos hábilmente tocados por Jussef Aisa.

    Los mismos intérpretes de cuerdas estuvieron en el Quinteto de Schumann y me pregunto cuánto tiempo de ensayo tuvieron y si colaboraron en otras interpretaciones; presumiblemente sí habían estudiado el Quinteto de Shostakovich. Por supuesto que ella lo tiene en repertorio desde hace décadas, lo ha tocado aquí y lo grabó. La realidad es que ella atacó su parte con un sonido tan contundente que ni el Juilliard o el Emerson hubieran podido evitar ser tapados; extraordinaria, pasmosa seguridad y garra, pero los miembros de la WEDO aunque pusieron todo su esfuerzo quedaron muy relegados. Ella perdió su autocontrol en esta obra. El que intentó igualarla con cierto grado de éxito fue Hiber, muy intenso; los otros trataron de poner más volumen pero esto los llevó a cierta aspereza ingrata. Los tempi fueron rápidos; conozco grandes grabaciones de mucho mayor equilibrio (Serkin con Cuarteto Budapest, Rubinstein con el Guarneri).

    La Sonata Nº 1 en la menor, op. 105, para violín y piano, en tres movimientos, dura unos 17 minutos y es de las mejores obras tardías de Schumann. Escribió tres sonatas para esta combinación; la Nº2, como la Nº1, es de 1851; la Nº3, de 1853, una etapa declinante.  Las dos primeras son obras de gran intensidad; la psicología dual del compositor (que lo llevará a la locura) está muy presente. Dice atinadamente Odile Martin en las notas para la grabación de Wallez y Rigutto (que tengo): “son sonatas humanas, plenas de una agitación obsesiva”. “El tema torturado del primer movimiento revela una pulsión interna incontenible”; “Mit leidenschaftlichem Ausdruck”: “Con apasionada expresión”. En el Allegretto siguiente Florestan y Eusebius vuelven a enfrentarse pero de modo más apaciguado. Y en el “Vivace” final el violín persigue al piano que está siempre un paso adelante. “Una obra de una tensión casi insoportable por momentos, donde la melodía se vuelve mensaje, quizá testamento”.  Argerich la grabó con Kremer y es obvio que ella tiene afinidad con ese temperamento desatado. Hace mucho que conozco la obra, ya que Louis Kaufman y Alfredo Rossi la dieron en el Colón en 1952, y creo que fue una buena idea programarla: se toca poco y revela fielmente el carácter del compositor. Naturalmente Argerich es una intérprete ideal para esta música, lo sorprendente fue que Michael Barenboim demostró haber estudiado a fondo la partitura y puso todo su empeño en ser un convincente “socio” en la ardua tarea; lo consiguió y es todo un mérito, ya que forzó a su temperamento, que no es volcánico por naturaleza.

    El concierto finalizó con la presencia de Daniel Barenboim en dúo de pianos con Argerich en el “Andante con variaciones” en Si bemol, op. 46, claro que de Schumann,  en la versión añadiendo dos violoncelos (Siranossian y Adi Tal) y corno (Ben Goldscheider). La versión sin añadidos se escuchó aquí con notables intérpretes: Alfons y Aloys Konstarsky (Agosto 1963) o Marcelle/Birguer (Septiembre 1967)  y ciertamente la prefiero; los violoncelos y el corno tienen bien poco que hacer y meramente acompañan (a veces) salvo un breve solo de corno en una de las variaciones. Por otra parte, la obra es interesante: con habilidad, la extensa partitura (17 minutos) nos da variaciones muy inteligentes y contrastantes, con momentos de virtuosismo y otros de ensoñada melodía muy atrayentes. Si bien es verdad que la versión con instrumentos añadidos es la original, en realidad no se justifican. La partitura es de 1843 y continúa la serie de música de cámara del año anterior; Schumann era muy de  componer “por rachas”: sólo piano, o sólo cámara, o Lieder, o música sinfónica, u oratorios. Creo recordar que los pianistas han tocado la obra antes aquí; tuvieron perfecta coordinación y muy pareja calidad técnica, de modo que fue un buen final.

    Una ultima reflexión: nunca se publica la nómina de los integrantes de la WEDO por presentas razones de seguridad; pero esto no abarca a los solistas de este concierto; ¿o sea que no vale la pena protegerlos? O todos o ninguno, creo yo.

 

    

 

    Hará dos décadas vino la violinista alemana Anne-Sophie Mutter (creo que mediante el Mozarteum) e impresionó muy fuertemente como una de las mejores. Es una pena que haya pasado tanto tiempo sin que regrese; fue por cierto una excelente idea de Barenboim traerla para su Festival. Pero además retornará más tarde en el año, esta vez en el Colón, en el ciclo Grandes Intérpretes Internacionales: el 1º de noviembre con The Mutter Virtuosi, en obras de Bach, Vivaldi y Mendelssohn.  Mutter estuvo casada con André Previn, un matrimonio con manifiesta diferencia de edad pero al parece muy feliz; a raíz de su fallecimiento Mutter le pidió a Barenboim agregar un movimiento del Concierto para violín de Previn “Anne-Sophie”: el extenso tercer movimiento, Andante (primera audición aquí). Además se agregó un papel al programa donde ella expresa no sólo su gran amor por él sino también que Previn escribió varios notables conciertos, entre ellos aquel dedicado a ella. Ignoro si Barenboim ya conocía la obra; en todo caso, pareció muy segura su dirección y la ejecución de la WEDO, que quizá debió aprenderlo rápidamente. Ella tiene 56 años y en el catálogo 2000 de CDs ya tiene una gran cantidad de grabaciones para Deutsche Gramophon;  mirándola se le dan esplendorosos 40, con un rostro de gran belleza y un cuerpo escultural, impecablemente vestida. Aclara en esa nota: el Concierto Anne-Sophie es el primero que Previn creó para violín, hubo un segundo; y el tema del tercer movimiento que se tocó es una variación de “Wenn ich ein Vöglein war” (“Si fuera un pajarito”), “mi canción infantil preferida”. Expresa que ejecutó este Concierto con Previn “en todo el mundo” y alaba su calidad de orquestador y “la astucia de tu conducción de las voces principales”. “A lo largo de cuatro décadas fuiste mi compañero musical y por 12 de esos años mi más preciosa alma gemela”. Yendo ahora a mi opinión sobre la base de una única vez que escuché este movimiento, me resultó fragmentario y farragoso, con violentos contrastes, en un lenguaje tonal disonante; hasta donde me alcanza, la ejecución de la violinista fue admirable en su claridad y tersura. 

    Ella grabó el Concierto de Sibelius con Previn y la Staatskapelle Dresden en 1996; 23 años después la interpretó aquí con Barenboim y la WEDO  y no tengo dudas de que fue un momento máximo del Festival. Este Concierto tiene una cantidad descomunal de grabaciones y con razón: es una obra maestra. No sólo por la riqueza de ideas sino por su enorme originalidad. Es extremadamente difícil para el o la violinista, pero también necesita de una orquesta muy bien entrenada y un director que sepa aprovechar esos momentos sibelianos que llegan a la esencia misma de la vida tal como se la entiende en un país nórdico de duro clima. Y así escuchamos melodías de una nobleza trascendente, expresadas con una técnica asombrosa por la violinista (tan hábil en vertiginosos pasajes como en profundos cantos sobre la cuarta cuerda) en ideal entendimiento con el director y su orquesta; impactaron los momentos de trágica explosión. 

    Mutter nos ofreció fuera de programa un Bach de puro estilo en las múltiples dobles cuerdas del Adagio de la Sonata Nº 1 con un sonido pleno y bello y un exacto sentido de la forma. 

    No hay sinfonía más trillada que la Séptima de Beethoven y estoy saturado de escucharla; sin embargo, esta vez valió la pena. Barenboim y la WEDO ya la habían incluido en el programa todo Beethoven del 31 de Julio y del 1º de agosto (además repetido en Tecnópolis). Pero desde el primer compás hasta el último el ritmo y el fraseo estuvieron al rojo vivo, la WEDO respondiendo con admirable precisión y entereza a su demandante  director, al tope de su intensidad y adrenalina, aunque al servicio de un exhaustivo estudio del significado de la obra. Presencié este concierto el 7 de agosto; al día siguiente se repitió, cerrando el Festival. O sea que la Séptima se dio cinco veces. 

    Espero que el año próximo haya Festival Barenboim pese al dólar a …70? 80? 

 

 




Ver todo con la misma etiqueta

Ver todo el blog


La última Giselle antes del covid-19 en la Ópera de París
Reseñas

La última Giselle antes del covid-19 en la Ópera de París

En Febrero de este año, justo antes de esta pandemia mundial en la que prácticamente el globo entero quedó confinado a la reclusión en sus respectivos hogares, tuve el honor y la suerte de encontrarme en Francia, en el mismo momento en que en la Ópera de París se daría (sin que supiéramos aún) una última función de ballet, en esta oportunidad se deleitó al público asistente con la magnífica obra Giselle. Al día siguiente de la función me recibió en su camerino Ludmila Pagliero, la Étoile elegida para dar vida al rol principal.

Star Wars, una nueva esperanza, en concierto
Reseñas

Star Wars, una nueva esperanza, en concierto

El Teatro Colón ha ofrecido en muchas otras oportunidades la posibilidad de unir lo que se ve en la pantalla cinematográfica con música en vivo. En general han sido bien elegidas y fueron un aporte interesante. Al azar: “Koyaaniskatsi”, cuyas vertiginosas imágenes fueron acompañadas por la música de Philip Glass dirigiendo el autor un grupo instrumental; las tres películas mudas de Luis Buñuel con la música de Martín Matalón; más lejos en el tiempo, el mismo compositor argentino realizó una musicalización de la obra maestra muda de Fritz Lang, “Metrópolis”; y creo recordar otra obra de Lang, “Los Nibelungos”, vista en el Colón aunque con música de otro compositor.

Excelente Norma en la mejor tradición belcantista del San Carlo
Reseñas

Excelente Norma en la mejor tradición belcantista del San Carlo

La puesta en escena fue recibida con entusiasmo por la crítica y el público habitual del “Massimo” napolitano. Se trata de un magnífico montaje según la gran tradición clásica del mejor teatro lírico italiano. La dirección de escena de Lorenzo Amato respeta puntillosamente las indicaciones de la partitura, mas desde un enfoque moderno.

NUESTRO PROYECTO

La principal función de MusicaClasicaBA es fomentar la interacción entre músicos, agentes del sector público y privado y el público en general, permitiendo afianzar los lazos culturales y artísticos de nuestra región.

Galería